Es adaptativo sentir miedo hacia objetos puntiagudos o cortantes, al fin y al cabo a pocas personas les gusta sentir dolor o ser heridas con un filo. Sin embargo, en ocasiones este temor se torna excesivo, convirtiéndose en un problema para aquél que deba entrar en contacto por obligación con objetos como agujas por razones médicas.

La aicmofobia consiste en el miedo a estos objetos y a la lesión que pueden causar. Está estrechamente relacionada con el miedo al daño y a la sangre, solapándose muchas veces. La buena noticia es que es un trastorno de ansiedad que, si se sigue bien, responde muy bien al tratamiento.

Qué es la aicmofobia

Como en todas las fobias, es importante separar el miedo adaptativo de la fobia. Tal vez uno tenga miedo o esté nervioso antes de una analítica o antes de que le introduzcan una vía intravenosa. Esto es muy diferente del miedo irracional y el rechazo impenetrable que siente el paciente con aicmofobia.

La persona con aicmofobia puede marearse al simple contacto visual con objetos punzantes o cortantes como agujas, cuchillos, tijeras, sierras, etcétera. Naturalmente, acercarse o tomar contacto con estos objetos es impensable. La mayoría de ocasiones la fobia queda circunscrita al temor a ser pinchado con una aguja, por ejemplo, en una analítica. En otras ocasiones la fobia se va generalizando hasta temer situaciones como recibir otras intervenciones médicas invasoras, ver o hablar de intervenciones quirúrgicas, hospitales, ambientes médicos y dentales, instrumental médico u olores de medicinas.

Lo que las personas con aicmofobia temen que ocurra si entran en contacto con agujas o objetos cortantes no se limita a sentir daño, muchos van más allá y creen que se desmayarán, perderán el control y sufrirán un ataque de pánico, piensan que la aguja puede partirse y quede dentro o que puedan sentir todo tipo de sensaciones físicas desagradables.

En este tipo de fobias relacionadas con sangre, daño o inyecciones, los pacientes tienden a mostrar un patrón fisiológico único cuando entran en contacto con estímulos fóbicos. En la aicmofobia, cuando se percibe el estímulo temido ocurre un incremento inicial de la presión sanguínea y de la tasa cardíaca, seguido por un rápido descenso de estos parámetros que, eventualmente, conduce al desmayo del paciente si este permanece en la situación. A esto se le llama patrón difásico y es único a esta clase de fobias.

Causas del miedo a objetos punzantes

Naturalmente, la causa de las fobias es siempre muy variable. Cada persona tiene una historia vital que explica su propio miedo, pero es posible distinguir diferentes factores que suelen aparecer conjuntamente con la aicmofobia.

En ocasiones, se desarrolla tras un acontecimiento traumático. Por ejemplo, después de tener una mala experiencia con agujas o sufrir un corte muy doloroso. La observación de otras personas sufriendo daños con objetos cortantes en situaciones reales o ficticias, una crisis de pánico inesperada en una situación relacionada con agujas o la simple transmisión de información por parte de otra persona. Muchas personas con fobia, sin embargo, son incapaces de recordar la razón concreta por la aparición de su trastorno.

Las personas más neuróticas o con tendencia a sentir miedo en situaciones nuevas o desconocidas son factores que predisponen a desarrollar una fobia. Tener unos padres sobreprotectores, la pérdida de los padres, la separación, el maltrato físico y los abusos sexuales tienden a predecir también otros trastornos de ansiedad.

Puede haber también susceptibilidades genéticas a sufrir aicmofobia. Las personas con estos trastornos muestran una tendencia singular para el desmayo en presencia del estímulo fóbico que otras personas no tienen.

Consecuencias y efectos

Las fobias específicas, incluyendo la aicmofobia, son el grupo de trastornos de la ansiedad con un impacto menos severo sobre el funcionamiento. Por definición, una fobia es objeto de atención clínica si interfiere con el funcionamiento normal. En la aicmofobia, por lo específico de las situaciones temidas, sólo habrá interferencia si el paciente debe someterse de forma periódica a analíticas de sangre. Es por esto que la mayoría de personas con aicmofobia acude por fobias múltiples, no por una fobia en estado puro.

En los casos más severos, es imposible realizar una extracción de sangre o un tratamiento intravenoso, amenazando la salud del paciente. Incluso la mera presencia de personal sanitario o el olor de una consulta médica puede ser un estímulo aversivo a evitar, de forma que el individuo termina por no ir nunca al médico por temor a recibir un pinchazo.

Tratamiento de la aicmofobia

El tratamiento mejor establecido para la aicmofobia es la exposición en vivo con tensión aplicada. Se trata de una combinación de dos técnicas que es específica para las fobias en las que existe un patrón difásico de respuesta.

Exposición en vivo

La reina de las técnicas para eliminar fobias, sigue siendo el tratamiento mejor establecido para terminar con la aicmofobia. Consiste en el acercamiento gradual a los estímulos que producen reacciones fóbicas. Un primer estímulo a superar podría ser ver la imagen de una aguja hasta que apenas genere ansiedad. A medida que se superen estímulos, el paciente avanzará a situaciones más ansiógenas hasta llegar al objetivo de la terapia, que podría ser someterse a una extracción de sangre.

A veces una exposición en vivo puede ser demasiado intensa y es mejor comenzar por una exposición en imaginación, es decir, que el paciente se imagine los estímulos guiado por el terapeuta y se acostumbre a ellos primero.

Tensión aplicada

Esta técnica acompañará a la exposición. Servirá al paciente con aicmofobia como muleta para sortear un obstáculo muy importante: el patrón difásico de respuesta. Como hemos dicho antes, las fobias a sangre y daños se acompañan de una bajada de tensión que puede terminar en desmayo. Para evitar esto durante la exposición, el paciente debe tensar los músculos al mismo tiempo que se expone a agujas o cuchillos. Así se rompe progresivamente la asociación entre agujas y desmayo.

Por fortuna, la aicmofobia es un trastorno con una alta tasa de respuesta al tratamiento. La gran mayoría de pacientes que consultan por ser incapaces de enfrentarse a una aguja terminan superando sus miedos en muy pocas sesiones.