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Todos hemos visto u oído en alguna ocasión hablar de un caso de anorexia. 

Casi siempre la imagen que acude a la mente a la hora de hablar de este trastorno es la de una adolescente en plena pubertad o la de una mujer recientemente entrada en la edad adulta, con un miedo y/o rechazo obsesivo a aumentar o mantener su peso actual y una imagen distorsionada de su cuerpo que provocan una idea sobrevalorada de la necesidad de adelgazar.

Sin embargo, aunque el sexo femenino es el más habitual en la práctica clínica, no se debería olvidar la existencia de un sector relevante de varones que padecen este trastorno. Estamos hablando pues de la existencia de anorexia masculina.

Enfrentando el concepto anorexia: ¿de qué estamos hablando?

Para entender este trastorno es necesario visualizar de qué se está hablando. La anorexia es uno de los trastornos alimenticios más comunes, con una prevalencia que ha aumentado de alrededor de un 0.5% a un 5% de la población mundial en pocos años, porcentaje que sigue subiendo con los años. De este porcentaje el 90% de los casos son mujeres (generalmente de alrededor de entre 14-18 años de edad), y un 10% de ellos son varones. Se trata del trastorno mental con mayor riesgo de muerte en la adolescencia, siendo uno de los pocos trastornos psiquiátricos capaces de producir el deceso del afectado por sí mismo.

Los síntomas que hacen sospechar y poder diagnosticar este trastorno son el rechazo a mantener un peso corporal mínimo, miedo a ganar peso, una percepción distorsionada de la propia imagen corporal que induce a la pérdida de peso a través de diferentes estrategias, sea mediante el cese de la ingesta, siendo este tipo de anorexia de tipo restrictiva, o bien mediante estrategias de compensación (vómitos o ejercicio) en el caso de la anorexia tipo purgativo/compulsivo. Estos fenómenos le/la han inducido a perder al menos el 15% de su peso corporal, no habiendo asimismo por su parte sensación de enfermedad. Además en el caso de las féminas también se da la presencia de amenorrea o falta de menstruación.

Epidemiología de la anorexia masculina

Tal y como se ha mencionado, un 10% de los casos de anorexia suceden en varones. Dentro de la población masculina que padece anorexia, según los estudios llevados a cabo, parece haber algunos grupos de riesgo.

Población homosexual

Los estudios reflejan que la población gay (así como también, aunque en menor medida, la bisexual) presenta un mayor riesgo de padecer anorexia, habiendo una alta proporción de casos en este sector de la población. Una hipótesis al respecto del porqué de esta mayor prevalencia propone que es debido a la existencia de una gran tensión emocional en la etapa de formación de la propia identidad a la hora de asumir la propia orientación sexual. Esta elevada tensión y miedo al rechazo facilita la vulnerabilidad a sufrir trastornos alimentarios al intentar reducirlas mediante la fijación en la propia imagen.

Rechazo social

Otro grupo con un elevado número de casos es la proveniente del acoso escolar y el rechazo social. Tienen un mayor riesgo de desarrollo de anorexia masculina aquellos individuos con una historia de rechazo social debido al sobrepeso. Como en el caso anterior, se provoca una gran tensión durante la formación de la identidad que provoca vulnerabilidad y una fijación con la propia figura corporal y el ideal de belleza masculina.

Deportistas de élite/modelos

Un último grupo de alto riesgo es el de los deportistas infantiles, los cuales ante el establecimiento de unas expectativas de rendimiento demasiado altas por parte de los adultos tienden a tener menor tolerancia al fracaso, intentando subsanarlo con una ingesta menor y realización de un mayor nivel de ejercicio físico.

Características distintivas de la anorexia masculina

La anorexia masculina, si bien comparte la mayor parte de sus características con su contraparte femenina, presenta una serie de peculiaridades que empiezan a explorarse.

Percepción social de enfermedad

Una de las diferencias se deriva de la falta de percepción social de esta enfermedad en varones. Dado la alta prevalencia de trastornos alimentarios en el sexo femenino, se tiene la imagen a nivel social de que estos trastornos no ocurren en hombres, de que no existe una anorexia masculina. Si bien en el caso de las féminas la anorexia se ha establecido como un problema de alta prioridad e importancia, en el caso de los hombres este trastorno se ha visto frecuente minusvalorado, recibiendo poca atención y no siendo poco investigado.

Autopercepción

Asimismo, el rol de género atribuido tradicionalmente al varón implica que este deba de actuar como protector, habiendo de mostrar fortaleza y ocultar las debilidades. Esto provoca que por norma general el individuo no busque ayuda de forma activa para tratar estos problemas, ni tampoco a la hora de expresar sus emociones. 

Suele haber una sensación de debilidad y de juicio social que induce a mantener en secreto los comportamientos aun cuando adquieren conciencia de enfermedad. Asimismo muchos de los comportamientos adquiridos, tales como la realización excesiva de ejercicio físico, son vistos tanto por los que padecen la enfermedad como algo sin lo que no podrían vivir, de modo que aparece una elevada resistencia a acudir a ayuda profesional. Se tiende también a minusvalorar los efectos y gravedad de los síntomas del trastorno y sus efectos.

Patrón conductual

En el caso de los hombres también cambia el patrón conductual típico. Al igual que ocurre con las mujeres, la sociedad y el canon de belleza imperante en la sociedad actual hace que exista una presión constante respecto a la imagen corporal. En el caso de las féminas este canon las induce a estar delgadas. En el caso de los varones, sin embargo, además de la delgadez se añade la necesidad de mantener un cuerpo tonificado y musculoso.

De este modo, si bien en mujeres el subtipo más frecuente de anorexia es la anorexia restrictiva, en la que disminuyen la ingesta y realizan dietas variadas, en el caso de la anorexia masculina es más frecuente el subtipo purgativo/compulsivo, en que se intenta reducir el peso mediante conductas que compensen la ganancia calórica y además generen masa muscular. Así, es más frecuente que los varones realicen ejercicio de manera compulsiva.

Tratamiento de la anorexia masculina

También en el tratamiento de la anorexia en los hombres existen algunas variaciones.

La anorexia masculina, tal y como se ha indicado con anterioridad, tiende a ser minusvalorada e infradiagnosticada, provocándose que los varones con este trastorno no suelan recibir un tratamiento y apoyo adecuado a sus necesidades. Por norma general, los hombres tienden a tardar más tiempo en acudir a consulta debido a este problema, cosa que en principio dificulta y enlentece la superación del trastorno.

La anorexia masculina presenta sin embargo una ligera ventaja con respecto a su contraparte femenina. La respuesta al tratamiento tiende a ser más rápido en varones en la primera fase de la terapia, más dirigida a la conducta, debido a una aparente mejor comprensión y seguimiento de tratamientos directos. Ha de tenerse en cuenta que este tipo de trastorno en el hombre suele darse conjuntamente a una idea de debilidad o extravagancia personal. Ello provoca que un diagnóstico concreto suponga en muchas ocasiones un cierto alivio, dada la mejor comprensión de lo que les está ocurriendo. Por ello presentan una mejor reacción.

El tratamiento de este trastorno es un fenómeno complejo. Los objetivos básicos del tratamiento serían la restauración del peso a un nivel saludable, el tratamiento de complicaciones físicas y psicológicas, la mejora de la motivación y patrones alimentarios, y la modificación de la percepción de la imagen corporal, ajustándose a la realidad. En este sentido se emplean tratamientos comunes son la desensibilización sistemática, exposición con prevención de respuesta y la modificación de la imagen corporal. Asimismo también se plantea la mejora de la red de apoyo y la prevención de recaídas.

En conclusión, cabe destacar que tanto en el sexo masculino como en el femenino la anorexia nerviosa es un trastorno grave que puede conducir al fallecimiento del paciente y debe tratarse con la máxima prioridad, seriedad y respeto.

Referencias bibliográficas:

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