Autogaslighting: qué es y cómo afecta a la salud mental

El autogaslighting se da en personas que se maltratan psicológicamente a sí mismas sin darse cuenta.

Autogaslighting

El abuso psicológico no se ve, pero deja una huella emocional muy profunda. Las dinámicas de malos tratos psicológicos pueden ser tan intensos que cambien la psicología de la víctima, creyéndose los comentarios hirientes que les hacen como, por ejemplo, que no vale nada o que es una exagerada.

Hay personas malintencionadas que son capaces de hacer que uno ponga en duda sus emociones, recuerdos y realidad. Son personas que aplican el gaslighting, manipulando la mente de sus víctimas de tal forma que cambie hasta su memoria.

Peor que la luz de gas está el autogaslighting, que es cuando esa voz malintencionada ahora es la tuya propia. Tu voz interna te desacredita, restándole importancia al sufrimiento que has padecido. Te la han metido ahí los que te han maltratado psicológicamente, convenciéndote para que dudes de tu propia realidad. Los descubrimos a continuación.

El autogaslighting ¿qué es?

En los últimos años se ha ido popularizando un término relativamente nuevo: el gaslighting. Este hace referencia a un tipo de abuso psicológico, en el que se manipula a una persona con el objetivo de que dude de su propia percepción, juicio o memoria. Algunas frases típicas de las que se vale un “gaslighter” para hacer que su víctima dude de él mismo son: “eres demasiado sensible”, “eso nunca pasó”, “eres un exagerado”...

Pese a que lo habitual es que el gaslighting nos lo haga una pareja, un amigo o un familiar abusador, a veces somos nosotros quienes ejercemos este tipo de abuso psicológico con nosotros mismos. Sucede que internalizamos esas afirmaciones tóxicas, que ponen en duda lo que hemos vivido y cómo somos, y las dirigimos a nosotros mismos. A esto se le llama autogaslighting.

¿Cómo se manifiesta psicológicamente?

Como íbamos diciendo, el autogaslighting se va produciendo cuando uno interioriza expresiones típicas de abuso del manipulador. Como se han escuchado tantas veces, uno se las llega a creer y hace que formen parte de su propio pensamiento. Asumimos la postura dañina y crítica de nuestro abusador psicológico y nos hacemos gaslighting a nosotros mismos.

En estos casos, las personas que padecen autogaslighting suelen decirse a sí mismas afirmaciones como las siguientes:

  • “Tal vez no fue para tanto”
  • “No me creyeron porque no merezco que me crean”
  • “Lo que viví no fue un trauma real”
  • “No debería sentirme así, soy un exagerado”
  • “Estoy haciendo una montaña de un grano de arena”
  • “Ya debería haber superado esto…”
  • “Si fuera más fuerte no me sentiría de esta manera”

Como podemos ver, se trata de adoptar la narrativa del abusador y aplicarla con uno mismo. Esto hace que minimicemos nuestras emociones y autopercepción de las situaciones personales, con el propósito de convencernos de que una experiencia del pasado tal vez no fue tan traumática ni grave como la recordamos. De convertirse en un hábito, esta dinámica de autogaslighting hará que la persona desconfíe por completo de sus propios pensamientos. Y lo peor es que uno no es consciente de que lo está cometiendo.

Este fenómeno suele ser común en quienes han crecido en una familia o entorno muy abusivo y poco empático. Al no contar con un padre o adulto que reconozca y valide los propios pensamientos y estados emocionales del pequeño, la persona va creyendo ya desde su más tierna infancia que el problema no está afuera, sino que es ella misma. La realidad es que está siendo víctima de abuso psicológico y, también puede suceder, malos tratos físicos.

Efectos del autogaslighting

La naturaleza invisible del autogaslighting

Pese a que se trata de un concepto que ha recibido nombre hace poco, lo cierto es que el gaslighting y, por extensión, el autogaslighting, son fenómenos que han ocurrido siempre. Ambas formas de abuso psicológico son muy comunes, pero como son también de una naturaleza muy invisible, difícil de identificar si no se profundiza en los traumas y forma de pensar de la víctima, pasan muy desapercibidas. Resulta muy fácil cuestionar las heridas emocionales de los demás, a pesar de que tenga un gran coste para las víctimas y ese propio cuestionamiento sea, de una u otra forma, una forma de abuso psicológico.

Cuando la víctima internaliza la postura del manipulador, empieza a cuestionarse todo lo malo que le sucede y llega al punto de dudar de sí misma. Incluso puede llegar a preguntarse si realmente es merecedora de cuidados y cosas buenas, cree que lo malo que le pasa puede que se lo merezca o que es simplemente que exagera las cosas. Cree que el problema está en sí misma, que es su culpa.

Consecuencias de este fenómeno

Viendo qué es el autogaslighting no es difícil suponer que puede traer consigo consecuencias nefastas para la autoestima y salud mental de quien lo padece. Tanto las personas que padecen gaslighting como las que se lo hacen a sí mismas suelen padecer trastornos de ansiedad, depresión, trastornos de personalidad y, como mínimo, problemas de autoestima.

Una de las personas que mejor ha explicado qué es el autogaslighting ha sido la psicólogo transpersonal Ingrid Clayton, quien no solo le ha ido dando visibilidad en los últimos meses sino que ella misma ha compartido su testimonio. Clayton confiesa que ella misma padeció este problema, consecuencia de una infancia dura en donde recibió abusos por parte de su padrastro y su madre igoró su ayuda. Incluso la propia asistente social que la intervino de pequeña le dijo que el abuso emocional no era denunciable, desvalorizando su dolor.

Este fenómeno es tan duro que sus síntomas se llegan a experimentar como impostores, haciendo que la persona crea que no están relacionados con nada “real”, nada tangible, y que por lo tanto asume que no debería sentirlos en absoluto. Este fenómeno se alimenta mucho de la idea de que el abuso y el maltrato solo puede ser físico, no emocional ni psicológico y que si no hay heridas, no se ha sido maltratado. Pero sí que hay heridas, no se verán, pero sí que las hay. Son psicológicas, profundas, y si no se tratan seguirán abiertas por toda la vida.

Clayton comenta que el abuso psicológico sufrido por los demás y continuado por uno mismo puede llegar a crear una división dentro de la mente de la víctima. Es como si convivieran dos personas dentro de una misma mente: por un lado, se encuentra aquella que tiene la certeza de lo que sucedió y que siente un caudal de emociones; pero por el otro se encuentra aquella que cuestiona los hechos, minimiza las emociones y responsabiliza a la víctima de todo.

¿Se puede superar?

El abuso psicológico requiere mucha terapia para ser superado, especialmente si uno ya ha interiorizado los comentarios de sus abusadores como es lo que ocurre con el autogaslightning. Se requiere de mucho esfuerzo y tiempo para conseguir que la víctima deje de ser su propio victimario, conseguir cambiar su pensamiento y hacer que deje de poner en duda la gravedad del daño recibido.

Las personas no somos capaces de cambiar nuestro pasado. Quienes hemos recibido malos tratos no podemos hacer que desaparezcan de nuestra historia vital. Afortunadamente, sí podemos modificar la forma en cómo respondemos a su recuerdo. Clayton considera que lo ideal es dejar de reconocerse como el problema, no aceptar la responsabilidad por los daños que nos han hecho y no dudar del valor o instinto propio solo por el hecho de que en nuestra vida hubiera personas que nunca nos validaron. El daño que recibimos fue por su culpa, no por la nuestra. La víctima nunca es la culpable.

  • Sweet, P. L. (2019). The Sociology of Gaslighting. American Sociological Review, 84(5), 851–875.
  • Clayton, I. (2021). What Is Self-Gaslighting? Psychology Today.
  • Spear, A.D. (2019). Epistemic dimensions of gaslighting: peer-disagreement, self-trust, and epistemic injustice. Inquiry: An Interdisciplinary Journal of Philosophy: pp. 1 - 24.

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