¿Estoy teniendo una crisis de ansiedad? Síntomas y qué hacer

Cómo reconocer una crisis de ansiedad, qué hacer en el momento y cuándo pedir ayuda.

Claves para comprender el funcionamiento de la crisis de ansiedad
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Imagina que llevas días acumulando trabajo, recibes varias demandas urgentes al mismo tiempo y empiezas a sentir que no puedes con todo. De repente, el corazón se acelera, respirar parece más difícil, notas mareo y aparece una sensación intensa de peligro. La experiencia puede resultar tan convincente que llegues a pensar que vas a desmayarte, perder el control o sufrir un problema médico grave.

“Crisis de ansiedad” y “ataque de ansiedad” son expresiones de uso cotidiano para describir episodios de ansiedad especialmente intensa, pero no constituyen por sí mismas un diagnóstico clínico formal. Cuando la aparición del miedo o malestar es brusca, alcanza una gran intensidad en pocos minutos y se acompaña de determinados síntomas físicos y cognitivos, clínicamente podemos estar ante un ataque de pánico. Tener uno tampoco significa necesariamente padecer un trastorno de pánico.

Esta precisión importa porque una crisis no es simplemente una señal de que “el cuerpo necesita bajar el ritmo”, como planteaba la versión anterior. El estrés puede favorecer la ansiedad, pero estos episodios también pueden aparecer sin un desencadenante evidente y en el contexto de distintos problemas psicológicos o situaciones vitales.

¿Qué es una crisis de ansiedad y por qué puede aparecer?

Cuando hablamos coloquialmente de una crisis de ansiedad nos referimos a un aumento intenso del miedo, la ansiedad y la activación física que puede resultar difícil de controlar en ese momento. Algunas crisis se desarrollan mientras la persona lleva tiempo preocupada o sometida a estrés; otras parecen surgir de manera inesperada.

Durante el episodio se activa con gran intensidad la respuesta de alarma del organismo. Esto puede acelerar el corazón y la respiración, aumentar la sudoración o provocar tensión, temblores y otras sensaciones. A su vez, interpretar esas señales como peligrosas —“me voy a desmayar”, “me está dando algo”, “voy a perder el control”— puede incrementar todavía más el miedo y alimentar un círculo de activación.

No existe una única causa. El estrés mantenido, determinadas experiencias adversas, una mayor sensibilidad a las sensaciones corporales, otros trastornos de ansiedad o ciertos problemas médicos pueden influir. También existen ataques de pánico inesperados en los que la persona no identifica ningún desencadenante claro. Por eso no conviene asumir que toda crisis se debe simplemente a trabajar demasiado o a no saber gestionar el estrés.

¿Cuáles son los síntomas de una crisis de ansiedad?

Los síntomas pueden variar mucho entre personas e incluso entre diferentes episodios de una misma persona. En los ataques de pánico, el miedo o malestar aparece de forma abrupta y alcanza rápidamente una intensidad elevada. Entre las manifestaciones descritas con mayor frecuencia se encuentran las palpitaciones, temblores, sudoración, dificultad para respirar, mareo y miedo a perder el control o morir.

Una crisis puede incluir:

  • Palpitaciones o aceleración del corazón, junto con sensación de presión o malestar corporal.
  • Respiración rápida, sensación de falta de aire o ahogo.
  • Mareo, inestabilidad, temblores, sudoración o náuseas.
  • Hormigueo o entumecimiento en algunas partes del cuerpo.
  • Desrealización o despersonalización, como sentir extraño el entorno o percibirse a uno mismo de manera diferente.
  • Miedo intenso a perder el control, desmayarse, volverse loco o morir.
  • Sensación de peligro inminente, incluso cuando la persona no puede identificar una amenaza externa concreta.

Que aparezcan algunos de estos síntomas no demuestra por sí solo que se trate de ansiedad. Palpitaciones, dificultad respiratoria, mareo o dolor en el pecho también pueden tener otras causas, y en determinadas circunstancias requieren valoración médica.

Además, una crisis nerviosa no es exactamente lo mismo. Esta expresión carece de una definición diagnóstica formal y suele utilizarse de manera más amplia para describir una situación en la que alguien se siente emocionalmente desbordado. Del mismo modo, “crisis de angustia” se ha utilizado tradicionalmente en español como denominación del ataque de pánico. Mantener estas diferencias evita utilizar todas las expresiones como si fueran intercambiables.

¿Qué puedo hacer durante una crisis de ansiedad?

Cuando el episodio ya ha comenzado, el objetivo inmediato no debería ser conseguir que todas las sensaciones desaparezcan de golpe. Intentar luchar desesperadamente contra cada síntoma puede hacer que prestemos todavía más atención a nuestro cuerpo y aumente el miedo. Resulta más útil intentar reducir gradualmente la activación y recordar que las sensaciones intensas pueden disminuir.

Si estás en un lugar seguro, estas pautas pueden ayudar:

1. Reconoce lo que está ocurriendo sin precipitarte a combatirlo

Si ya has sido evaluado y reconoces el mismo patrón de otras crisis, recordarte que la intensidad sube y después disminuye puede reducir el miedo añadido a las propias sensaciones.

2. Respira de manera pausada y cómoda

No es necesario realizar inspiraciones enormes ni intentar llenar los pulmones al máximo. Respirar cada vez más rápido puede intensificar algunas sensaciones; el objetivo es recuperar progresivamente un ritmo respiratorio tranquilo, sin forzarlo.

3. Orienta la atención hacia el entorno

Fijarte en objetos, sonidos o sensaciones externas puede ayudarte a dejar de vigilar continuamente cada cambio del cuerpo. No se trata de “distraerte para no sentir”, sino de ampliar el foco de atención.

4. Permanece en un lugar seguro mientras baja la intensidad

Si puedes hacerlo sin riesgo, evitar salir corriendo inmediatamente puede ayudarte a comprobar que las sensaciones son transitorias. Ahora bien, esto no significa obligarse a permanecer en una situación insegura.

5. Pide compañía si la necesitas

Tener cerca a alguien que comprenda lo que está ocurriendo puede proporcionar seguridad y facilitar que atravieses el episodio.**

Estas pautas son herramientas para manejar un momento puntual, no un tratamiento del problema que pueda estar detrás. Si las crisis son recurrentes o empiezas a vivir pendiente de cuándo llegará la siguiente, resulta especialmente importante solicitar una evaluación.

¿Cómo ayudar a alguien que está teniendo una crisis?

Ver a otra persona con dificultad para respirar, temblando o diciendo que cree que va a morir puede generar también mucha preocupación. Lo más útil suele ser mantener una actitud tranquila, permanecer cerca y hablar de forma sencilla, en lugar de intentar convencerla rápidamente de que “no pasa nada”.

Puedes preguntarle qué necesita, ayudarla a sentarse o trasladarse a un lugar menos estimulante si es seguro hacerlo y acompañarla mientras disminuye la intensidad. Si ya ha experimentado episodios similares y conoce estrategias que le funcionan, puedes ayudarla a aplicarlas sin imponérselas.

En cambio, frases como “cálmate”, “estás exagerando” o “todo está en tu cabeza” suelen ser poco útiles. Tampoco conviene obligar a la persona a respirar profundamente, rodearla entre varias personas o presionarla para que explique qué ha provocado la crisis mientras está en el momento de máxima activación.

Y hay un límite importante: no debemos diagnosticar nosotros mismos el episodio como ansiedad si existen motivos para pensar que podría tratarse de un problema físico. Cuando haya dudas, debe priorizarse la seguridad.

¿Cuándo requiere atención médica urgente?

Un ataque de pánico puede producir sensaciones muy intensas y, por sí mismo, no se considera potencialmente mortal. Sin embargo, algunos de sus síntomas se parecen a los de problemas médicos que sí pueden ser urgentes. Por eso, especialmente ante un primer episodio, no es prudente dar por sentado que unas palpitaciones, un dolor torácico o una dificultad respiratoria intensa se deben a ansiedad.

Conviene solicitar atención médica urgente si aparecen síntomas nuevos o muy diferentes a los habituales, dolor torácico intenso o persistente, pérdida de conocimiento, dificultad respiratoria grave, signos neurológicos repentinos u otras manifestaciones que hagan sospechar una emergencia. También debe buscarse asistencia cuando no sea posible determinar con seguridad si se está ante una crisis de ansiedad u otro problema.

Las recomendaciones clínicas señalan que una persona que acude a urgencias por un posible ataque de pánico debe recibir la valoración necesaria para descartar problemas físicos agudos antes de atribuir los síntomas a la ansiedad.

Una de las preocupaciones más habituales durante estas crisis es precisamente pensar que podemos morir. Comprender qué ocurre en un ataque de pánico puede ayudar a interpretar mejor estas sensaciones, sin caer en el extremo contrario de asumir que cualquier síntoma intenso es necesariamente psicológico.

¿Qué hacer después de una crisis y cuándo buscar tratamiento?

Tener una crisis aislada no significa automáticamente necesitar medicación ni padecer un trastorno psicológico. Después del episodio puede ser útil recuperar el descanso, observar en qué contexto apareció y evitar convertir cada sensación corporal en una señal de que necesariamente va a repetirse.

La situación merece una evaluación profesional cuando las crisis se repiten, existe una preocupación constante por volver a sufrirlas o empezamos a cambiar nuestra conducta para evitarlas. Por ejemplo, dejar de hacer ejercicio porque acelera el corazón, evitar transportes, rechazar planes, necesitar salir siempre acompañado o vigilar continuamente las propias sensaciones puede hacer que el miedo vaya ocupando cada vez más espacio.

Cuando existe un trastorno de pánico, la terapia cognitivo-conductual es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo. Puede incluir psicoeducación, trabajo sobre la interpretación de las sensaciones corporales y exposición, incluida la exposición interoceptiva, mediante la que se aprende a relacionarse de otra manera con determinadas sensaciones temidas.

El tratamiento farmacológico puede estar indicado en algunos casos, pero haber sufrido una crisis no implica que necesitemos fármacos. La elección entre psicoterapia, medicación u otras intervenciones depende de la frecuencia de los episodios, su impacto, otros problemas presentes, la historia clínica y las preferencias de la persona. Las guías clínicas recomiendan que esta decisión se realice mediante evaluación profesional.

También pueden resultar útiles medidas generales como dormir adecuadamente, realizar actividad física o moderar el exceso de cafeína si observamos que aumenta la activación. Pero estas medidas cumplen un papel complementario: no sustituyen un tratamiento psicológico cuando las crisis son recurrentes o están limitando nuestra vida.

Entender una crisis para dejar de temerla

Una crisis de ansiedad puede ser una experiencia extremadamente desagradable, pero comprender qué está ocurriendo permite reducir parte del miedo que generan sus propias sensaciones. No todas las crisis responden al estrés, no todos los episodios intensos son ataques de pánico y sufrir uno de ellos no significa automáticamente padecer un trastorno.

El siguiente paso depende de lo que ocurra después. Si ha sido un episodio aislado y los síntomas han remitido, puede bastar con observar la evolución. Si las crisis se repiten, aparece miedo constante a sufrir otra o empiezas a evitar situaciones para sentirte seguro, buscar ayuda profesional permite identificar qué mantiene el problema y abordarlo antes de que la evitación reduzca cada vez más tu vida cotidiana.

Serie: Entender la ansiedad

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Según lo que necesites ahora:

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR).
  • National Institute for Health and Care Excellence. (2020). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. Clinical guideline CG113.
  • National Institute of Mental Health. (2026). El trastorno de pánico: lo que usted debe saber.
  • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical Descriptions and Diagnostic Requirements for ICD-11 Mental, Behavioural or Neurodevelopmental Disorders.
  • Otte, C. (2011). “Cognitive behavioral therapy in anxiety disorders: current state of the evidence”. Dialogues in Clinical Neuroscience, 13(4), 413-421.
  • Pompoli, A., Furukawa, T.A., Imai, H., Tajika, A., Efthimiou, O. & Salanti, G. (2016). “Psychological therapies for panic disorder with or without agoraphobia in adults: a network meta-analysis”. Cochrane Database of Systematic Reviews, 4, CD011004.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Astronauta Emocional. (2020, agosto 18). ¿Estoy teniendo una crisis de ansiedad? Síntomas y qué hacer. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/claves-comprender-crisis-ansiedad

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Astronauta Emocional es un centro psicoterapéutico situado en Ciudad de México. Todos sus terapeutas tienen una formación mínima de maestría y basan su trabajo en la evidencia científica.

Sus servicios son de psicoterapia online y presencial para adultos y jóvenes. Su equipo de profesionales también realizan talleres y charlas para empresas y posibilitan la implementación de la NOM 35. Además, realizan el podcast "De Otro Planeta", que está en Spotify y Apple Podcast.

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