El abordaje de los primeros auxilios en el ámbito sanitario tiene una larga historia y evolución en los últimos tiempos. No así los primeros auxilios psicológicos, término más reciente que cada vez es más utilizado conforme se reconoce la importancia que para la persona puede tener una situación de cierto impacto emocional.

Cualquier persona puede ser afectada (como víctima o testigo) por un desastre natural, accidente o acto terrorista de cierta envergadura. Es por lo que se hace fundamental contar al menos con unas mínimas pautas de actuación, siendo lo ideal incluir estos contenidos en el contexto educativo o en su defecto, realizar una formación específica para contar así con herramientas eficaces de intervención.

Fases de una crisis traumática

Son varias las fases de una crisis traumática: impacto, reacción y post suceso. No obstante, nos centraremos en este artículo en la primera fase, quizás la más relevante dentro de los primeros auxilios psicológicos por ser la primera. Ésta cuenta con las siguientes características:

  • Es la fase que sucede inmediatamente después de la experiencia traumática y puede tener una duración de varios minutos, horas o incluso algunos días.
  • La persona suele estar emocionalmente alterada, con una limitación a la hora de pensar o actuar. También hay una pérdida del sentido del tiempo y de la realidad (sensación de que no está pasando) y reacciones que van desde la hiper actividad (andar sin parar en una dirección determinada) hasta la inmovilidad o parálisis.

Intervención con la persona afectada

  • En primer lugar, quien actúa como interviniente debe identificarse, preguntarle a la víctima por su nombre y hacerle saber que se encuentra ahí para ayudarle.
  • Es de crucial importancia retirar a la víctima del peligro si fuera el caso.
  • El interviniente deberá permanecer tranquilo y además transmitir lo, ya que servirá de modelo frente a la víctima (o víctimas). Además, intentará racionalizar la actuación y en el caso de que la situación le supere, pedir el relevo si es factible.
  • En cuanto a la comunicación verbal, es conveniente hablar con un tono sereno, con calma, dando información clara y concisa, evitando comentarios inadecuados para esa situación y con una actitud de escucha activa.
  • En lo no verbal, hay que mantener el contacto y adoptar una postura cómoda pero atenta.
  • De igual importancia es facilitar necesidades básicas: agua, comida, mantas, etc. También permitir que la emoción de la víctima fluya combinando esta acción con otras como la distracción para evitar una atención continuada a lo que ha ocurrido.
  • Cuestión aparte y en muchos casos de igual relevancia, es evitar a los/as curiosos/as. En ocasiones es útil dar tareas a estas personas para ayudar en el proceso y facilitar una mayor intimidad a las víctimas.

Comunicación de malas noticias

Esta es una tarea importante dentro de los primeros auxilios psicológicos y aunque la información dañará a la persona que lo recibe, la buena o mala actuación del interviniente en esta comunicación podrá minimizar o maximizar el impacto psicológico de quien la recibe.

Hay que saber que existen factores que van a determinar el grado del impacto de la mala noticia como, la personalidad del receptor, la existencia de pérdidas anteriores, la relación con la víctima o la previsibilidad o imprevisibilidad de la mala noticia.

Por otro lado, es relevante distinguir en el protocolo de actuación tres fases dentro de esta comunicación:

1. Antes de iniciar la conversación

  • Si es posible, hay que establecer qué persona está más cualificada para dar la mala noticia.
  • El emisor o interviniente, debe de disponer de toda la información necesaria sobre lo que ha ocurrido, en qué momento y lugar, persona o personas afectadas, etc.
  • De vital importancia es tener confirmada la identidad de la víctima o personas fallecidas.
  • Se debe disponer de espacios físicos adecuados que cuenten con instrumentos y elementos necesarios (agua, pañuelos, etc.).

2. Durante la información

  • Siempre que sea posible, se debe dar la información una sola vez a la familia, para así evitar darla varias veces, algo que incrementa el impacto.
  • La persona interviniente se presenta y pregunta al familiar si conoce el motivo por el cual se le ha llamado.
  • El mensaje debe ser corto, evitando alargarlo en exceso, comprensible y con delicadeza, explicando qué ha ocurrido, las personas afectadas y su estado. Siempre se evitará dar falsas esperanzas o informaciones incorrectas.
  • A partir de este momento, aparecerán distintas reacciones: llorar, incredulidad, silencios, gritos...) que hay que permitir.
  • Si no se solicita información y existe más de un familiar, la persona que da la noticia se retira y permite la expresión familiar, quedando en un segundo plano aunque atento.

3. Después de comunicar la mala noticia

  • No se debe dejar a los familiares solo, si retirarse.
  • Mostrar empatía ante las reacciones y cubrir necesidades básicas.
  • Ofrecer otras fuentes de apoyo.
  • Finalmente, analizar cómo ha afectado la situación a la persona interviniente.

Consejos finales

Como vemos, es fundamental contar con protocolos de actuación ante acontecimientos normalmente imprevistos que por sus consecuencias, conllevan dolor emocional en víctimas y familias.

Como aludíamos al principio del artículo, dada la importancia de que tanto profesionales como personas no vinculadas con el ámbito sanitario (cualquiera de nosotros puede presenciar un acontecimiento de este tipo) cuenten con herramientas de actuación en este ámbito, se hace necesaria la formación este área.

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