Un resumen de las características de este fobia. Unsplash.

La salud mental es algo a lo que, afortunadamente, cada vez se está prestando mayor nivel de atención. Poco a poco la población va siendo más consciente de la existencia de diferentes alteraciones y trastornos psiquiátricos y de las dificultades que suponen, no siendo ya raro oír hablar de alguien con depresión o trastornos de ansiedad, y la necesidad de acudir a ayuda profesional ante la presencia de sintomatología.

Sin embargo aún continúa existiendo un gran estigma social hacia el trastorno mental, especialmente en casos como la esquizofrenia, así como un gran miedo hacia todo lo que representa.

En algunas personas surge también un miedo excesivo, invalidante e incluso patológico hacia el miedo a padecer un trastorno psiquiátrico, a lo que coloquialmente se le suele denominar (si bien es un término despectivo, poco preciso, que ignora gran cantidad de variables y que genera una separación entre sujetos “sanos” y “clínicos” que no es tan bipolar como aparenta) “enloquecer”, o a perder la razón. Es lo que les sucede a las personas con dementofobia.

La dementofobia y sus principales implicaciones

También denominada agaetofobia o maniafobia, la dementofobia se conceptualiza como la fobia a la posibilidad de enloquecer o perder la razón. Se trata de una fobia específica que puede causar severas limitaciones en la vida de quien la padece. Como fobia que es, supone la aparición de un miedo irracional y desproporcionado respecto al peligro que realmente implica un determinado estímulo. Por lo general, el miedo suele ser reconocido como excesivo por el propio sujeto.

La exposición al estímulo en sí o la posibilidad de que aparezca desencadena un elevado nivel de ansiedad, que a su vez suele generar alteraciones fisiológicas tales como sudoración, temblores, taquicardia, hiperventilación o incluso crisis de ansiedad. Esta ansiedad empuja a la evitación o escape activos de la situación en que aparezca o pueda aparecer el estímulo fóbico.

En el caso que nos ocupa, el miedo a “enloquecer” implica un elevado nivel de ansiedad ante cualquier situación que genere dicha posibilidad o la exposición a situaciones en que el sujeto pueda perder el control o tener unas capacidades disminuidas, así como a la vinculación de su propia persona con aquello que se relacione con el trastorno mental (especialmente si es severo). Este miedo a la pérdida del raciocinio puede ser a situaciones en que se de una pérdida de capacidades permanente, pero también puede aparecer hacia situaciones en que la pérdida sea transitoria.

Hay que tener en cuenta, al igual que con otras fobias, estamos hablando de un temor que debe ser desproporcionado e irracional. No estamos hablando de que exista un cierto miedo a padecer un problema psicológico: resulta altamente dudable que exista alguien que realmente quiera padecer un trastorno mental, pues es algo que en todos los casos genera un gran sufrimiento o limitación a quien lo padece. Ello por no hablar de trastornos que generan deterioro cognitivo, como por ejemplo las demencias. Es natural temer hasta cierto punto la posibilidad de sufrir una limitación o una pérdida progresiva de capacidades.

El problema existe en el momento en que dicho temor genera por sí mismo una limitación en la vida del sujeto e impide un desempeño normativo de su día a día, hasta el punto de evitar determinados estímulos o personas, y generando ansiedad ante la mínima posibilidad de que ello ocurra.

Síntomas en el día a día

Aunque pueda parecer que generalmente no estamos a expuestos a situaciones que alguien con temor a perder la razón pueda temer, lo cierto es que en casos graves podemos encontrarnos con una severa limitación en el día a día.

Las personas con dementofobia pueden sufrir una gran ansiedad ante cualquier tipo de situación en que puedan interpretar que están sufriendo una pérdida de facultades o del control de la realidad. Así, por ejemplo la pérdida de memoria que se produce a nivel normativo con la edad será motivo de gran angustia y rápidamente asociada a una demencia. Alteraciones como lapsus de memoria por estrés o cansancio o fenómenos como el de la punta de la lengua (que no terminas de evocar la palabra que quieres decir aunque tienes la sensación de que está ahí) también generan un elevado nivel de sufrimiento.

Otro aspecto a tener en cuenta es la posible aparición de comportamientos compulsivos de comprobación, valorando con frecuencia su estado mental o sus capacidades. También es probable la aparición de patrones de comportamiento rígidos e inflexibles que dificulten alteraciones en su estado mental (si bien es natural que nuestras capacidades, emociones, motivaciones y niveles de activación varíen en el día a día).

Asimismo la presencia de alteraciones perceptivas suele generar un elevado nivel de ansiedad, evitando cualquier situación que pueda generarla. Ello podría incluir el consumo de alcohol u otras sustancias, pero también algunos medicamentos.

También tienden a evitar centros de salud mental y el contacto con personas con diferentes trastornos, en ocasiones manifestando un claro rechazo hacia ellas. Aunque menos habitual, también es posible que suceda exactamente lo contrario: que el miedo a padecer algún tipo de problema o a enloquecer les lleve a frecuentar constantemente el contacto con profesionales del sector que les confirmen que no padecen ninguna alteración.

En casos extremos el sujeto puede llegar a aislarse completamente, perjudicandose los ámbitos social, interpersonal o incluso laboral (puesto que es probable que eviten situaciones de estrés).

Causas de esta fobia

No existe una única causa por la que aparezca la dementofobia, teniendo esta fobia un origen multicausal que puede verse afectada por diversas variables. En primer lugar es posible que se de la existencia de una posible predisposición biológica a padecer reacciones fóbicas, nacida de una elevada reactividad fisiológica, que puede terminar por desencadenar una fobia si se dan las condiciones ambientales necesarias para ello.

Teniendo en cuenta que el padecimiento de un trastorno mental implica cierto nivel de dificultades y sufrimiento, la dementofobia nace de un miedo hasta cierto punto adaptativo en el sentido de que pretende la protección del sujeto ante un estado considerado aversivo. Asimismo, el elevado estigma social que aunque hoy día ha disminuido sigue existiendo entorno a los problemas de salud mental condiciona a los sujetos, de tal modo que la asociación de la pérdida de control con dolor, pérdida y marginación social eleva las probabilidades de padecer este tipo de fobia.

En este sentido, también puede favorecer la aparición de la dementofobia el hecho de haberse criado en un entorno y con unos modelos parentales rígidos en los que se haya puesto especial hincapié en la importancia de la razón y el control. Del mismo modo también puede favorecerlo la situación contraria: modelos educativos sobreprotectores en que el menor no tenga una exposición a la realidad y la existencia de diversidad en el funcionamiento mental entre personas.

La interpretación que se le de al trastorno mental en el hogar de origen también puede ser determinante: si se ve como un castigo, o como algo horrible que directamente impide la vida de la persona, el miedo será mayor.

Asimismo, haber observado durante el desarrollo (especialmente en la infancia) y/o a la largo de la vida como personas de nuestro entorno han sufrido algún proceso neurodegenerativo o un trastorno mental que genere un elevado nivel de disfuncionalidad o bien que haya causado daños al propio afectado u a otros puede desencadenar el miedo a padecer un problema semejante, hasta el punto de causar una gran ansiedad y poder culminar con la aparición de fobia.

Tratando la dementofobia

El tratamiento de la dementofobia es ciertamente complejo, puesto que al contrario que ocurre ante fobias como las de tipo animal (por ejemplo las arañas o los perros) o a situaciones concretas como las tormentas, los aviones o las alturas, no existe un estímulo claro que el sujeto evite físicamente, siendo el miedo dirigido hacia un aspecto mental no visible a simple vista.

En cualquier caso, la dementofobia es tratable. Si bien las situaciones que generan temor pueden ser muy diversas, es posible elaborar junto al paciente una jerarquía con el fin de hacer una terapia de exposición gradual o una desensibilización sistemática. Este punto es uno de los más fundamentales, pues genera que el sujeto sea capaz de resistir la ansiedad ante situaciones que la generan y con el tiempo ella se diluya.

Asimismo, otro punto fundamental y especialmente en este tipo de fobia es el tratamiento de las creencias y miedos del paciente, de tal modo que no solo baje la ansiedad sino también se aprenda a interpretar la realidad de manera más adaptativa. En primer lugar habría que analizar el significado de lo que es “enloquecer” o perder la razón para el sujeto, si ha experimentado alguna situación en que ello haya ocurrido o lo que podría implicar para él. También los miedos que pueda haber detrás. Tras ello, se procedería a realizar una reestructuración cognitiva, planteando las creencias y miedos del sujeto como hipótesis y posteriormente intentando construir otras interpretaciones al respecto.

En casos extremos, puede ser valorable la utilización de fármacos tranquilizantes y ansiolíticos con el fin de rebajar el nivel de activación y poder trabajar de manera más eficiente a nivel psicológico.