Un trastorno de la conducta alimentaria con características del alcoholismo. Unsplash.

El alcohol es una sustancia psicoactiva que goza de gran popularidad y aceptación social, hasta el punto de formar parte de la idiosincrasia de una gran cantidad de culturas. Se encuentra asociada a la socialización y la desinhibición, y a menudo su consumo se inicia en la adolescencia.

En esta edad también es cuando algunos adolescentes pueden empezar a aparecer problemas de alimentación, con frecuencia en base a la búsqueda de aceptación por parte del grupo en una etapa en que aún están buscando su propia identidad.

A veces, ambos elementos pueden asociarse en un trastorno de gran peligrosidad para la vida de quien lo sufre. Se trata de la ebriorexia o la alcohorexia, de la cual vamos a hablar a lo largo de este artículo.

La ebriorexia: combinación entre anorexia y alcoholismo

Recibe el nombre de ebriorexia o alcohorexia un peligroso trastorno de la conducta alimentaria, el cual se caracteriza por la progresiva sustitución de la ingesta de alimentos por el consumo de alcohol con el objetivo por parte del paciente de bajar o reducir peso.

Las personas que padecen este tipo de trastorno sufren un intenso miedo a engordar y ganar peso, el cual aparece junto con un elevado nivel de distorsión corporal que las hace percibirse extremadamente gruesas. Ello, junto a la obsesión y sobrevaloración de la delgadez, hace que decidan limitar la ingesta o recurrir a conductas purgativas con el fin de con el fin de perder peso.

En el caso de la ebriorexia, la persona decide sustituir las calorías a adquirir mediante la alimentación por las obtenibles a partir del alcohol, algo que conlleva que en la práctica dejan de comer para centrarse en beber. En muchos de los casos además tras ello utilizan otras conductas purgativas, como provocarse el vómito para perder las calorías que puedan haber adquirido con el alcohol.

Generalmente este trastorno, cada vez más frecuente y englobado dentro de otros trastornos alimentarios especificados, es sufrido por jóvenes y adolescentes. Aunque existen casos en ambos sexos, parece tres veces más frecuente en la mujer.

Grandes riesgos y consecuencias

Se trata de una alteración altamente peligrosa y con potencial mortal que aúna las consecuencias y riesgos de trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y los propios del consumo, el abuso o incluso la dependencia al alcohol. Las alteraciones pueden ser tanto físicas como neurológicas o incluso psicológicas, alterando órganos como corazón, riñones, hígado, cerebro o vasos sanguíneos.

En este sentido, nos encontramos con una pérdida excesiva de peso hasta llegar a un infrapeso clínicamente peligroso, que puede desencadenar amenorrea, insomnio, mareos, taquicardias, arritmias, hipopresión, ansiedad, cianosis, problemas renales y hepáticos (incluso hasta llegar al fallo renal/hepático), dolor, estreñimiento, alopecia, fatiga, ideación suicida o depresión.

También produce problemas de atención y concentración, memoria, capacidad física, irritabilidad o descenso de la libido, así como tendencia a la mentira (especialmente en lo vinculado a la alimentación).

A ello se le unen alteraciones propias de la dependencia al alcohol tales como los problemas hepáticos como la cirrosis, problemas gastrointestinales, problemas cardiovasculares, alucinaciones, confusión, incapacidad para concentrarse, problemas de memoria, fallos renales, coma o incluso la muerte. También irritabilidad, ansiedad, depresión y conflictos sociales con familia, pareja y amistades.

Además aparecen problemas de rendimiento a nivel académico y laboral, e incluso puede llegar a generar el despido. También pueden surgir problemas legales y judiciales.

Además, hay que tener en cuenta que el hecho de no comer hace que el alcohol tenga un mayor efecto en el cerebro y en el cuerpo, algo que facilita que aparezcan consecuencias negativas con su uso. Por ejemplo, es más probable que puedan aparecer problemas neurológicos o digestivos. También es más probable que alteraciones como la encefalopatía de Wernicke y el síndrome de Korsakoff puedan aparecer.

Causas de este trastorno

Las causas de la ebriorexia no se encuentran completamente definidas, considerando que este trastorno tiene un origen multicausal.

Entre los diferentes factores que pueden afectar o facilitar su aparición de encuentran la transmisión y sobrevaloración de unos cánones de belleza centrados en torno a la delgadez. Es habitual que quienes sufren este trastorno tengan sentimientos de inseguridad.

En muchos casos han podido vivir experiencias de rechazo que les han hecho sufrir en gran medida, un rechazo que pueden haber vinculado a su figura corporal. Estás experiencias pueden llevarles a recurrir a elementos como el alcohol para desinhibirse o sentirse más aceptados. A nivel de personalidad es frecuente que tengan una personalidad o bien rígida y perfeccionista o bien extremadamente lábiles a nivel emocional.

También los modelos parentales pueden tener cierto efecto, en el caso de que se transmitan ideas sobrevalorados en torno a la figura corporal o si se transmite la imagen del alcohol como vía para solucionar o evitar problemáticas.

Tratamiento

Tratar la ebriorexia requiere de una intervención multidisciplinar que tenga en cuenta tanto la alteración alimenticia como la posible dependencia al alcohol. En primer lugar, si la o el paciente se encuentra en una situación de urgencia puede ser necesario un ingreso hospitalario, en el que lo primero será estabilizar su estado de salud y contribuir a que recuperen un peso mínimo, a la par que se monitoriza su estado y se controlan sus constantes.

Otra posible vía de entrada en el caso de la ebriorexia es la intoxicación etílica, o ante los efectos o alteraciones causadas por la ausencia de nutrientes y la intoxicación o los efectos de los consumos de alcohol, en los múltiples sistemas corporales.

Una vez el paciente está estable debe trabajarse en la elaboración de una dieta adecuada y emplear estrategias como la reestructuración cognitiva para combatir creencias disfuncionales.

Otra estrategia útil, tanto para la restricción de la ingesta como para el consumo de alcohol, pasa por la exposición con prevención de respuesta a estímulos generadores de ansiedad. Eso sí, primero es necesario un profundo trabajo a nivel cognitivo.

Antes de ello será necesario generar un deseo de cambio, procurando que el paciente poco a poco se haga consciente de la existencia de un problema y sus consecuencias y riesgos. Posteriormente es posible ayudar a hacer un balance decisional que permita ver la necesidad de hacer un cambio y dejar atrás la conducta anterior, y poco a poco establecer pautas y planes para realizar y posteriormente mantener en el tiempo el cambio deseado.

Trabajar la gestión del estrés y las habilidades sociales puede ser de utilidad. La práctica de psicoeducación con el afectado y también con su entorno puede ser de utilidad para que todos puedan entender el proceso que está siguiendo el afectado, así como para ofrecer diversas pautas y valorar posibles complicaciones en el tratamiento.

Referencias bibliográficas:

  • Adam, B. (2012). Drunkorexia: Understanding the Co-occurrence of Alcohol Consumption and Eating/Exercise Weight Management Behaviors. Journal of American College Health. 60 (3): 236 - 243.
  • Knight, A. (2013). Drunkorexia: an empirical investigation of disordered eating in direct response to saving calories for alcohol use amongst Australian female university students. Journal of Eating Disorders 1(1), p. 6.