Un trastorno asociado al miedo a vomitar. Unsplash.

Tanto el acto de vomitar, como los vómitos en sí, no son una de las experiencias más agradables por las que puede pasar la persona ya que, además suelen estar asociadas a otras molestias o dolores. No obstante, es un acto natural que nuestro cuerpo realiza cuando cree que debe eliminar al agente que causa la molestia, por lo que no siempre conlleva alguna patología o enfermedad.

Sin embargo, existen un reducido número de personas que experimentan un temor absoluto e intenso a todo aquello relacionado con el vómito. Esto es conocido como emetofobia, un tipo de fobia específica de la cual hablaremos a lo largo de este artículo.

¿Qué es la emetofobia?

La emetofobia se trata de un afección psicológica categorizada dentro de los trastornos de ansiedad específicos. Al igual que el resto de fobias específicas, se distingue porque la persona que la padece experimenta un profundo temor hacia un objeto, persona o situación específica.

En el caso concreto de la emetofobia, este temor exacerbado se presenta ante cualquier estímulo relacionado con el vómito. Aunque cualquier persona puede manifestar sentimientos de aversión hacia él, en la emetofobia la persona experimenta una profunda sensación temor, la cual además es irracional, incontrolable y permanece a lo largo del tiempo.

Las situaciones que pueden provocar esta respuesta de ansiedad en la persona van desde el acto de vomitar, tanto propio como ver vomitar a otros, como la sensación de náuseas que prececen al vómito o el propio vómito en sí.

Se calcula que aproximadamente el 5% de la población mundial sufre de este miedo exagerado al vómito y la conducta de vomitar apareciendo casi con la misma incidencia en personas de diferentes edades y sexos, habiéndose registrado casos tanto en la infancia, la adolescencia como en la adultez.

Algunas de las características que comparten la mayoría de personas con emetofobia incluyen características personalidad ansiosas y que tienden a aumentar su nivel de tensión y nerviosismo siempre que se encuentran en lugares como centros de salud o con personas enfermas, ya que se encuentran ante la posibilidad de ver a alguien vomitar.

De la misma manera, estas personas tienden a alterar sus hábitos alimenticios consumiendo tan solo alimentos con lo que se encuentren seguros de no vomitar. En ciertas ocasiones, esta conducta puede llegar a ser tan grave que suele derivar en trastornos alimenticios como la anorexia.

El motivo es que la persona restringe la cantidad de comida diaria o se niega a comer por temor a vomitar. Esto aparece junto con la sensación de ansiedad que causa la emetofobia cada vez que van a comer, lo que convierte este acto en un tormento y sufrimiento constante.

¿Qué síntomas presenta esta fobia del miedo a vomitar?

Dado que la emetofobia se encuentra dentro de la clasificación de fobias o trastornos de ansiedad específicos, su cuadro clínico se presenta de forma similar al resto. Los síntomas que se incluyen dentro de este diagnóstico pueden dividirse en sintomatología física, sintomatología cognitiva y sintomatología conductual.

Estos síntomas pueden aparecer tanto por la presencia el estímulo fóbico, como por la sola imaginación o representación mental de este. Como consecuencia, en la emetofobia pueden aparecer los siguientes síntomas, ordenados según las categorías anteriores:

1. Síntomas físicos

Como consecuencia de la aparición del estímulo fóbico, en este caso cualquier estímulo relacionado con el vómito, se produce una hiperactivación del sistema nervioso. El producto de este aumento del funcionamiento son todo tipo de alteraciones y cambios en el organismo.

Entre los muchos síntomas físicos que la persona puede experimentar se incluyen:

  • Elevación de la tasa cardíaca.
  • Aumento de la tasa respiratoria.
  • Sensación de ahogo, asfixia o falta de aire.
  • Aumento de la tensión muscular.
  • Cefaleas.
  • Alteraciones gástricas y dolores estomacales.
  • Aumento de la sudoración.
  • Vértigos y sensación de mareo.
  • Náuseas y/o vómitos.
  • Pérdida del conocimiento o desmayos.

2. Síntomas cognitivos

En compañía de los síntomas físicos, la emetofobia se distingue también por la presencia de todo un repertorio de síntomas cognitivos entre los que se incluyen pensamientos, creencias e imaginaciones acerca de los posibles peligros o daños que el vómito o el acto de vomitar puede acarrear.

El desarrollo de estas ideas y creencias deformadas, aparecen de manera irracional e incontrolable, impulsando el avance de esta fobia. A estas ideas se le suman una serie de imágenes mentales de naturaleza catastrófica que inundan la mente de la persona.

3. Síntomas conductuales

Finalmente, el efecto de los síntomas cognitivos se ve reflejado en la aparición de una serie de síntomas conductuales. En este caso la sintomatología relacionada con el comportamiento de la persona se manifiesta mediante conductas de evitación y conductas de escape.

Las conductas de evitación son todos aquellos comportamientos que la persona lleva a cabo con el objetivo de evitar el estímulo fóbico. Es este caso, el individuo puede negarse a comer, comer de manera excesivamente lenta o solo unos alimentos seleccionados o bien, negarse a acudir a algún lugar en el que pueda presenciar algo relacionado con el vómito.

En cuanto a las conductas de escape, estas aparecen cuando la persona no ha podido evitar encontrarse con cualquier evento relacionado con el vómito, por lo que llevará a cabo todo tipo de conductas que le permitan escapar de la situación lo antes posible.

¿Cuáles son las causas?

A pesar de que intentar descubrir el origen concreto de una fobia resulta un tarea bastante complicada, en caso de la emetofobia un gran número de pacientes refieren la vivencia de situaciones muy desagradables o dramáticas en las que el vómito o el acto de vomitar aparecía de una forma u otra.

No obstante, existen otros muchos casos en los que la persona no es capaz de asociar este temor con ninguna vivencia traumática, por lo que se hipotetiza que existen otros factores que pueden ejercer un papel importante en el desarrollo y aparición de una fobia tales como una predisposición genética o el aprendizaje por imitación.

¿Existe un tratamiento?

En aquellos casos en los que la fobia pueda llegar a resultar altamente molesta o incluso peligrosa, el paciente puede recurrir a la intervención psicológica, la cual puede ayudar a disminuir la intensidad de los síntomas hasta el punto de hacerlos desaparecer.

Aunque existen multitud de intervenciones y terapias psicológicas que, llevadas a cabo por un profesional en psicología, pueden resultar efectivas. La terapia cognitivo-conductual es la que reporta mejores resultados y más rápidos.

Este tipo de terapia suele incluir tres tipos de actuaciones diferentes y complementarias. Por una parte encontramos la reestructuración cognitiva, gracias a la cual la persona consigue modificar sus pensamientos y creencias distorsionadas.

Además, se utilizan técnicas de exposición en vivo o desensibilización sistemática mediante las cuales la persona se enfrenta de manera gradual al estímulo fóbico, bien en directo o bien utilizando la imaginación.

Finalmente, esto se acompaña de un entrenamiento en habilidades de relajación que permite disminuir los niveles de excitación del sistema nervioso y favorece que la persona se enfrente a la situación u objeto temido.