Cuando queremos referirnos a la inflamación del tejido cerebral hablamos de encefalitis. De igual forma que con cualquier otro órgano, esta infección puede tener múltiples orígenes. Sin embargo, es la más letal de las infecciones.

¿Qué es una encefalitis?

Sufrir una inflamación del sistema nervioso central puede tener consecuencias graves que dejen secuela permanente. Por este motivo es importante tener muy claros cuáles son sus síntomas y qué debemos hacer ante la sospecha de encefalitis.

Sin entrar en demasiados detalles y tecnicismos médicos, vamos a ver de forma útil de qué forma se manifiesta la encefalitis, qué orígenes son los más probables, y qué tratamiento y pronóstico es posible esperar del paciente que la esté sufriendo.

Síntomas

Es importante diferenciar encefalitis de meningitis. La primera consiste en la inflamación del tejido del cerebro o de la médula espinal. La segunda se refiere a la inflamación de las meninges, las capas de tejido que separan el cerebro del cráneo.

La encefalitis produce un cuadro clínico con síntomas que abarcan un rango de severidad muy amplio. Los síntomas leves más habituales incluyen los que se explican a continuación.

1. Fiebre

Como en cualquier infección, el cuerpo se defiende contra los agentes víricos a través de la fiebre. El incremento de la temperatura ayuda a terminar con las bacterias o el virus que esté causando la infección.

2. Dolor de cabeza

Cuando sufrimos una infección, lo habitual es que los vasos se dilaten para que llegue más sangre a la zona infectada y poder combatir mejor los agentes externos. Lo que ocurre con esto es que la zona se hincha y comprime el tejido contra las paredes. Por esto en una encefalitis los pacientes sufren dolor de cabeza.

3. Cuello rígido

Los dolores musculares son muy frecuentes en todo tipo de procesos infecciosos, y la encefalitis no es una excepción. Además de dolores, es frecuente encontrar que los pacientes tengan la musculatura del cuello y de la parte superior de la espalda muy rígida.

4. Cansancio

Debido a la infección, es habitual que el paciente se sienta agotado. Al fin y al cabo el cuerpo necesita toda la energía que pueda para combatir la infección y el reposo es beneficioso para la recuperación.

Debido a que estos síntomas son muy generales y frecuentes en infecciones, no será hasta el desarrollo de síntomas más graves y específicos que se sospechará de una encefalitis. Como principio, los síntomas más neurológicos reflejan una mayor severidad de la infección y una mayor urgencia en su tratamiento. Los síntomas neurológicos incluyen:

  • Fiebre alta
  • Confusión
  • Mareo
  • Alucinaciones
  • Lentitud motora
  • Irritabilidad
  • Crisis convulsivas
  • Coma

Naturalmente, ante la presencia de cualquiera de estas manifestaciones la pauta de actuación es acudir a urgencias médicas. Los síntomas neurológicos indican una afectación grave del sistema nervioso y puede ser potencialmente incapacitante, si no letal.

El diagnóstico se realizará a través de punción lumbar, que permitirá analizar el contenido del líquido cefalorraquídeo para confirmar la presencia de signos de infección, a través de neuroimagen como una resonancia magnética (RM) o una tomografía axial computarizada (TAC). Otros métodos incluyen electroencefalogramas, analíticas de sangre, o incluso una biopsia cerebral, donde se extrae una minúscula muestra de tejido cerebral para examinar su contenido.

Causas frecuentes

Nuestro cuerpo está construido de una forma sorprendentemente inteligente. Especialmente en lo que se refiere al sistema nervioso, existen más obstáculos y medidas de seguridad de las que uno puede llegar a sospechar. Hay una razón por la que la mayoría de procesos infecciosos no se extienden al cerebro. Con el objetivo de que las sustancias tóxicas en la sangre no entren en contacto con el líquido cefalorraquídeo que hay en el cerebro y la médula espinal, el cuerpo construye una barrera entre las dos.

Sin embargo, cuando algunos agentes nocivos transportados en sangre consiguen penetrar la barrera ocurre un problema: las defensas naturales del cuerpo tampoco pueden pasarla y la infección se vuelve difícil de tratar. Por esto muchos de los tratamientos se administran directamente sobre el líquido cefalorraquídeo ya que no pueden pasar las propias defensas del cuerpo.

Infecciones virales comunes

Aunque la encefalitis puede ser causada tanto por virus como por bacterias, lo más frecuente es encontrar una infección viral. El virus más frecuentemente asociado a encefalitis en países desarrollados es el del herpes. Aunque normalmente este virus sólo viaja del nervio hacia la piel, en ocasiones llega al cerebro, afectando de forma peligrosa el sistema nervioso. Otros virus comunes incluyen el citomegalovirus, el Epstein-Barr y el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

Existe un porcentaje de niños que, por no vacunarse cuando deben, sufren encefalitis por infección de virus contra los que deberían estar protegidos. Estos virus incluyen la varicela y la rubeola. Por esto, entre otras cosas, es fundamental cumplir con la cartera de vacunas y proteger a los más pequeños de este tipo de infecciones.

Arbovirus

Además de los virus comunes, los que se transmiten a través de picaduras de insectos son otra de las causas comunes de encefalitis. Las picaduras de mosquito y las garrapatas son las que más frecuentemente transmiten estos virus, en el mundo urbano y sobre todo en los viajes a zonas tropicales donde proliferan los insectos. Por esto, como medida de prevención habrá que vacunarse contra estos virus.

Tratamiento y pronóstico

Los virus que provocan encefalitis se tratan mediante fármacos antivirales, normalmente desde la entrada a urgencias para no perder tiempo. Una vez se confirme el diagnóstico se seguirá con el tratamiento, a no ser que se halle infección por bacterias, en cuyo caso se cambiará a antibióticos. Además de esto, se administrarán fluidos intravenosos, anticonvulsivos, antipiréticos y oxígeno a través de una máscara.

El pronóstico depende de la extensión del daño cerebral. Cuando más haya durado la infección y más severa sea, mayor será el daño y menos funciones se recuperarán con el tiempo. Si el paciente no ha quedado severamente afectado, pueden hallarse problemas de memoria, de funciones ejecutivas, de deglución, trastornos del estado de ánimo, dificultades de concentración y todo tipo de síntomas neurológicos producidos por la destrucción de neuronas que permanezcan hasta después de la infección. De forma similar a los pacientes con demencia, es posible recuperar parte de las funciones mediante la rehabilitación cognitiva y el entrenamiento.