En la época de los primeros psicoanalistas, este trastorno era frecuente. Wikipedia Commons

Conocido anteriormente como histeria, el trastorno por conversión adquirió su fama a finales del siglo XIX, siendo la mayoría de personas diagnosticadas mujeres, de las que se pensaba que estaban reprimidas por la sociedad que las envolvía.

Por otro lado, el mismo Sigmund Freud propuso que este trastorno tenía su origen un sentimiento reprimido de cólera o en conflictos internos no resueltos, utilizando la hipnosis como remedio principal para esta alteración.

En la actualidad, se ha investigado con mucha más profundidad, denominándose también como trastorno disociativo, alteración mental en la que la persona abandona inconscientemente el control a la hora de integrar emociones o experiencias y manifestando el malestar mediante síntomas físicos.

¿Qué es el trastorno de conversión?

El trastorno de conversión hace referencia a todo un conjunto de síntomas que interfieren en la conducta humana y que aparentemente toman la forma de una afección neurológica. Sin embargo estos síntomas no corresponden a ninguna alteración física diagnosticada ni se pueden justificar por ninguna otra enfermedad.

Actualmente, la principal característica de este trastorno es la aparición de síntomas o dificultades que interfieren en la actividad normal de la persona, tanto a nivel motriz como sensorial, estas dificultades no son voluntarias y están asociadas a factores o alteraciones psicológicas.

El término conversión se utiliza para aludir a la capacidad del paciente para transformar involuntariamente una alteración psicológica en un trastorno o dificultad física. Estas capacidades pueden ir desde la simple dificultad o incapacidad de accionar algunas partes corporales hasta el uso de los sentidos. Por ejemplo, se ha documentado que en algunos casos se llega a experimentar una aparente ceguera.

Como se menciona anteriormente, las personas que padecen esta afección no fingen los síntomas, sino que padecen una angustia real, por lo que no es recomendable afirmar delante del paciente que todas sus dificultades y dolencias están dentro de su cabeza.

Síntomas del trastorno de conversión

Este tipo de trastorno tan complejo puede presentar dos tipos de síntomas, tanto motrices como sensoriales:

Síntomas motores

  • Dificultades en la coordinación o el equilibrio
  • Afonía o perjuicio en la capacidad de emitir sonidos
  • Problemas de contención urinaria
  • Parálisis o debilitamiento de alguna zona corporal, llegando a afectar a la totalidad del cuerpo
  • Problemas en la deglución
  • Desvanecimentos
  • Distonía
  • Crisis psicógenas o convulsiones

Síntomas sensoriales

  • Déficits en la visión: ablepsia o visión doble
  • Problemas del sentido auditivo
  • Pérdidas en la percepción del tacto

Causas y factores de riesgo

A pesar de no estar establecidas de forma concisa las causas del trastorno por conversión, se teoriza que los síntomas anteriores están relacionados con la aparición de algún conflicto psicológico o algún evento estresante.

Por lo general, las señales aparecen de forma súbita tras que la persona vivencie alguna experiencia traumática o estresante. Se ha observado que los pacientes que padecen este trastorno habitualmente cursan también con:

  • Enfermedades físicas
  • Trastornos disociativos
  • Alteraciones de la personalidad

Sin embargo, el trastorno por conversión también puede darse en personas aparentemente sanas, existiendo una serie de factores de riesgo que convierten a estos sujetos en un blanco fácil para este trastorno.

  • Estrés excesivo
  • Traumas emocionales
  • Pertenecer al sexo femenino
  • Familiares con trastornos de conversión
  • Experiencias de abuso tanto físico como sexual

Diagnóstico

Existen varios pasos a seguir para realizar un diagnóstico de trastorno de conversión adecuado. El primero de todo se debe realizar una distinción de si la persona padece realmente de un trastorno de conversión o, si en cambio, está fingiendo los síntomas.

Aunque puede resultar una labor complicada, las personas con tendencias a fingir síntomas suelen buscar la obtención de algún beneficio con el fingimiento, esta motivación puede ser económica, emocional, necesidad de atención, etc.

A continuación, se ha de excluir la posibilidad de que se trate del impacto de una enfermedad neurológica, dado que habitualmente esta enfermedad toma formas parecidas a la de un trastorno neurológico como la cefalea, la epilepsia o la esclerosis.

Por lo tanto es de vital importancia que el personal clínico descarte al cien por cien cualquier posibilidad de una enfermedad neurológica subyacente, para esto el especialista en neurología deberá realizar un examen exhaustivo del paciente.

Asimismo, en necesario eliminar la posibilidad de que se trate de otro tipo de trastorno, como un trastorno facticio o el síndrome de Munchausen por poderes. En el primero la persona finge los síntomas con la intención de eludir obligaciones o ser el centro de atención; y en el segundo uno de los padres o bien un cuidador, crea síntomas ficticios o provoca algunos otros reales en el menor.

Finalmente, y con el objetivo de elaborar un diagnóstico lo más ajustado posible, es necesario que el paciente presente los siguientes criterios diagnósticos presentes en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM):

  • Presencia de una o más dificultades que interfieren en las funciones motrices o sensoriales que insinúan la presencia una alteración neurológica o médica.
  • Existencia de eventos, experiencias o conflictos anteriores que puedan estar asociados a la sintomatología.
  • El conjunto de síntomas no son provocados de forma consciente o voluntaria.
  • La sintomatología no se justifica por la presencia de otra alteración o afección médica, ni por el consumo de sustancias.
  • La sintomatología origina un clínicamente significativo, interfiriendo en los distintos ámbitos de la vida cotidiana del paciente y necesitando atención médica.
  • Con conjunto de síntomas no se restringe a dolor o déficits en la función sexual , no aparece durante un trastorno de somatización y no se debe a la aparición de otro trastorno sexual.

Tratamiento y pronóstico

El punto fundamental en el tratamiento del trastorno por conversión es el suprimir o disminuir el origen del estrés, o por otra parte trabajar con los eventos traumáticos que haya vivido el paciente, para así reducir el nivel de tensión en este.

Por otra parte, es necesario eliminar las ganancias secundarias o beneficios que el paciente pueda estar obteniendo de este comportamiento, aunque no sea plenamente consciente de ello.

Habitualmente, la sintomatología puede ir remitiendo automáticamente, durando desde días hasta semanas y llegando a remitir automáticamente. Sin embargo, existen una serie de recursos e intervenciones las cuales pueden favorecer al paciente. Estos son:

  • Explicación de la enfermedad
  • Psicoterapia
  • Terapia ocupacional
  • Tratamiento de otros trastornos presentes como la depresión o la ansiedad