La iofobia es una fobia específica que puede afectar mucho a la salud. Unsplash.

Existen tantas fobias como objetos, estímulos o situaciones en el mundo. En este artículo conoceremos la iofobia, que consiste en la fobia a ser envenenado, ya sea de forma accidental o provocada.

Pero, ¿por qué aparece esta fobia? ¿Qué síntomas conlleva? ¿Cómo podemos tratarla? Responderemos a todas estas preguntas y, finalmente, realizaremos su diagnóstico diferencial.

Iofobia: ¿En qué consiste?

La palabra iofobia proviene del griego “ios” (veneno, tóxico) y “phobos” (fobia, temor). Por eso, la iofobia consiste en el miedo desproporcionado o la fobia al veneno. Concretamente, se trata de un miedo anormal e injustificado al veneno, a ser envenenado o a los tóxicos.

Así, la iofobia consiste en la sensación de miedo o temor a consumir, injerir, respirar o tener algún tipo de contacto con cualquier sustancia venenosa; por otro lado, la persona también puede tener miedo a ser envenenado accidentalmente, y por ello la iofobia tiene relación con la toxicofobia o toxofobia.

Una fobia específica: síntomas

La iofobia consiste en una fobia específica, ya que en este caso se tiene miedo a un estímulo o situación específica. En las fobias específicas, se genera en la persona un miedo o ansiedad intensos ante dicho estímulo o situación, durante 6 meses como mínimo.

En la iofobia, las situaciones fóbicas serían la posibilidad de envenenarse y/o morir envenenado, y los objetos o estímulos serían por ejemplo sustancias, productos químicos, líquidos, etc.

Estas sensaciones de miedo que nacen en el individuo, provocan la intensa necesidad de huir del estímulo, así como la evitación tanto de la exposición a éste como a situaciones donde podría aparecer (si las situaciones no se evitan, se soportan con elevada ansiedad o malestar).

Todos estos síntomas alteran e interfieren en el funcionamiento normal de la persona, en todos los ámbitos de su vida.

Causas

Pueden existir diversas causas para la aparición de la iofobia (el origen puede ser diverso). Veamos algunas de ellas:

1. Condicionamiento

Recibir o ver repetidamente noticias de personas que han sido envenenadas (y/o han muerto envenenadas), ya sea de forma accidental o provocada (por ellas mismas o por terceros), junto a una predisposición o vulnerabilidad personal a padecer una fobia, puede generar iofobia.

También podemos haber experimentado nosotros mismos una situación de envenenamiento (experiencia traumática). Así, la persona con iofobia puede adquirir la fobia condicionada por experiencias pasadas (propias o vicarias).

Como hemos visto, si es de forma vicaria, se produce por visualización de un envenenamiento a través de la observación directa, la lectura o los medios audiovisuales.

2. Otras fobias relacionadas

También puede ser que la persona ya tenga cierto miedo (o directamente, la fobia) a diferentes plantas y animales.

Esto lo podemos relacionar con la teoría de la preparación de Seligman, que sostiene que habría ciertos estímulos o situaciones más propensas a desencadenar fobias (ya que estarían preparados filogenéticamente, es decir, “heredaríamos” dichos miedos de nuestros antepasados cuando éstos se enfrentaban a situaciones peligrosas o de vida o muerte). Por ejemplo, el miedo a los leones, a una picadura de serpiente o a algunas hierbas o sustancias venenosas (todos estos estímulos pueden provocar la muerte).

Así, el ser humano habría “heredado” el hecho de tener miedo a ciertos animales o plantas y habría aprendido a evitarlos, sintiendo un miedo o una repugnancia innata hacia ellos.

3. Predisposición

También encontramos una predisposición (ya sea genética, biológica, social…) en la base de muchas fobias, incluida la iofobia. Así, la persona podría tener dicha vulnerabilidad, sumada a la generalización de miedos anteriores a morir o enfermar por culpa de una agente externo no visible directamente (por ejemplo una sustancia venenosa, una bacteria, etc.)

Se cumpliría así una función adaptativa cuando la persona evitaría dichos estímulos que le pudieran provocar la muerte (aumentando su posibilidad de sobrevivir)

Tratamiento

La terapia psicológica más efectiva en la actualidad para tratar las fobias específicas es la terapia de exposición. En este tipo de terapia, el individuo se expone al estímulo o situación temida (generalmente de forma gradual tras la elaboración de una jerarquía de ítems entre paciente y terapeuta).

En el caso de la iofobia, la exposición no será “real”, es decir, el sujeto no se expondrá a ser envenenado de forma real, pero sí puede realizarse la terapia exposición en imaginación (donde el individuo deberá imaginarse con todo detalle que está siendo envenenado). Por otro lado, también se podrán trabajar las situaciones evitadas por el sujeto como consecuencia de la iofobia.

Todo esto lo podemos ilustrar con un ejemplo; imaginemos una persona con iofobia que no bebe de ninguna copa que le sirvan en un restaurante. En este caso la terapia consistiría en exponer al sujeto a que beba de las copas que le sirven y que no evite tal situación. Otro ejemplo sería exponer al sujeto a utilizar productos de limpieza, o simplemente comer fuera de casa.

Por otro lado, también se puede emplear la técnica de reestructuración cognitiva (dentro de la terapia cognitivo conductual); ésta irá encaminada a discutir las creencias irracionales y los miedo del paciente, así como el significado atribuido a dichas creencias, así como al veneno en sí.

Diagnóstico diferencial

Finalmente, deberá realizarse un buen diagnóstico diferencial, principalmente con:

1. TOC

Los pacientes con TOC pueden manifestar obsesiones y compulsiones relacionadas con la limpieza (esto no es una iofobia en sí).

2. Trastornos psicóticos

Pacientes con esquizofrenia, trastorno delirante u otros, pueden manifestar el delirio de estar siendo envenenados (tampoco sería una iofobia).

Referencias bibliográficas:

  • Caballo (2002). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 1 y 2. Madrid. Siglo XXI (Capítulos 1-8, 16-18).
  • Belloch, A.; Sandín, B. Y Ramos, F. (2010). Manual de Psicopatología. Volumen I y II. Madrid: McGraw-Hill.
  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-5. Masson, Barcelona.