El Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad es un trastorno neurobiológico de carácter crónico que presentan algunos menores antes de los 12 años.

Éstos manifiestan una serie de conductas que, tradicionalmente por desconocimiento; hacen que se les etiquete como "difíciles", "traviesos" o "malos". Dichos comportamientos se caracterizan principalmente por una falta de control de impulsos y dificultad para mantener la atención voluntaria entre otros.

El TDAH en niños y niñas

La culpa que pueden experimentar los padres de "menores difíciles" es un sentimiento muy habitual. Los menores absorben toda la información de su entorno y es normal que los padres piensen que han podido ser un mal ejemplo. Pero, aunque es cierto que un porcentaje muy alto de las conductas de los menores se aprende por modelado, en el caso del TDAH normalmente los tutores han tenido poco que ver.

Lo que suele pasar es que se han creado pautas que inconscientemente perjudican al menor; lo que conlleva que las conductas asociadas al trastorno sean más intensas, frecuentes y molestas. Puede ser que se estén usando sistemas de refuerzo inadecuados o reforzadores (premios) que no sirven. Hay que tener en cuenta que las formas educativas tradicionales no acostumbran a dar buenos resultados con menores con TDAH.

Puede que la impotencia que sienten los progenitores se haya tornado en "tirar la toalla". Hay que indicar que es una tarea muy difícil para los padres porque el comportamiento impulsivo o hiperactivo del/la menor es percibido por los padres como aversivo e intrusivo, provocando habitualmente reacciones negativas en los adultos. Ningún profesional responsabilizará a los padres, en cambio, y, buscar ayuda es una de las cosas más responsables que se pueden hacer por su hijo/hija.

Es igual de importante educar a los padres en las respuestas a las conductas del/la menor que al propio menor. Un profesional de la psicología puede reconocer estas pautas y empezar a ayudar a romperlas y a elaborar unas de nuevas.

Una vez nos hemos quitado la culpa y hemos comprendido el trastorno, hay que actuar con conductas específicas para mejorar la calidad de vida del/la menor y que encuentre satisfechas todas sus necesidades cognitivas y fisiológicas.

¿Qué puedo hacer por mi hijo con TDAH?

Las siguientes actuaciones están dirigidas a mejorar las interacciones con el/la menor y que tanto los padres como él se vayan sintiendo más seguros y vayan tomando el control al adquirir nuevas conductas eficaces. Estas son algunas herramientas que se trabajan en consulta psicológica durante el programa de entrenamiento de padres de menores con TDAH.

1. Reforzar fortalezas

González de Mira (1997) ha observado que los menores con TDAH tienden a disponer de una buena memoria visual y auditiva, altos niveles de creatividad y de sentido del humor, son sensibles y se comprometen mucho con sus seres queridos, además de ser muy enérgicas. Por ello, es importante que padres y madres pongan énfasis en estas características positivas, para favorecer que los pequeños desarrollen una buena autoestima.

2. Mejorar la comunicación

En una familia con un menor con TDAH, el número y frecuencia de interacciones negativas suele ser bastante elevado. Una comunicación eficaz puede atenuar el efecto negativo que produce el trastorno en la familia y en el/la menor.

Hay que hacer entender a los padres que si para ellos es difícil comunicarse de forma asertiva con el/la menor y se sienten frustrados; el/la menor también tiene dificultades por el propio trastorno. Además, al ser un menor, no ha adquirido recursos todavía para resolver problemas o para la comunicación efectiva.

Tomando conciencia de esto se rompe la competitividad que los padres de menores con TDAH suelen tener con los mismos y se orienta hacía el cambio de las actitudes que perjudican la solución del problema.

3. La actitud en la comunicación

De la valoración que hacemos acerca de las personas surgen unas expectativas que influirán en la actitud a la hora de tratar con ellas. Se ha puesto de manifiesto en varias investigaciones que los menores se perciben a sí mismos en base a la opinión que sus padres o tutores tienen de ellos.

Las expectativas estarían relacionadas con las teorías implícitas de la personalidad y con el efecto Pigmalión (las expectativas que un tutor tiene sobre su alumno influyen directamente sobre su rendimiento).

El/la menor con TDAH suele ser etiquetado como inquieto, malo, molesto... por lo que el/la menor construye a partir de esos rasgos la imagen de sí mismo. La consecuencia directa de esto es que el/la menor oriente su conducta a la coherencia con esas expectativas que se tienen de él/élla, ya que le sirven como guía de acción.

Los menores con TDAH funcionan con mensajes claros, concisos y especificando de forma directa lo que se espera de él/ella. Han de coincidir de manera coherente las comunicaciones verbales con las no verbales.

4. El momento adecuado para comunicarse

Es muy importante elegir la situación adecuada para dar órdenes a su hijo/hija o para hacerle comprender.

Ese momento de negociación nunca puede surgir en la discusión, en la que se deben dar instrucciones concretas. Si la situación es negativa o desfavorable, es muy improbable que se llegue a una resolución favorable.

Además, los padres deberán ignorar rabietas o comportamientos inadecuados con el objetivo de no reforzarlos con la atención y que no se repitan.

5. Habilidad para escuchar

Una buena estrategia es mantener una conversación con sus hijos/hijas para que éstos les comuniquen sus inquietudes, en la que deberán aplicar estas pautas: escuchar con calma, no mostrar desacuerdo ni dar consejos, proponer una solución que le permita al menor expresar libremente todos sus deseos, miedos o frustraciones. De esta forma el/la menor siente confianza en sus padres y le anima a pedir ayuda sobre lo que le pase.

6. Cómo dar información

Gordon denominó a las diferentes alternativas para exponer una demanda de los padres a los hijos/hijas: mensajes de yo y mensajes de tú.

Los mensajes de yo son declaraciones de los padres en las que informan de lo que piensan, sienten y quieren acerca de la conducta del/la menor, pero sin caer en culpabilizaciones o comentarios críticos.

Los mensajes de tú se centran en la censura y la recriminación usando críticas y etiquetando al menor de manera negativa.

Los padres de menores con TDAH suelen usar mucho más los mensajes de tú con sus hijos/hijas. Se puede empezar a identificar cuando se les dicen esos mensajes a los menores y convertirlos en mensajes de yo.

7. Resolución de conflictos y habilidad de comunicación

Es muy beneficioso comprender que en todo conflicto hay que ceder y, a la vez, verse beneficiado de alguna manera de la solución. Aun estando en una posición de autoridad frente a su hijo/hija, siempre hay que tener en cuenta que el/la menor también puede llevar razón.

Autora: Susana Merino García. Psicóloga especialista en psicopatología y salud.

Referencias bibliográficas:

  • Soler, C.L.; Núñez, M.M. (2001) Déficit Atencional e Hiperactividad. Madrid. Ed: Klinik.
  • Arco, J.L.; Fernández, F.D. & Hinojo, F.J. (2004) Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad: Intervención psicopedagógica. Psicothema, Vol 16(3), pp. 408 - 414.
  • Korzeniowsk, C. & Ison, M.S. (2008) Estrategias Psicoeducativas para Padres y Docentes de menores con TDAH. Revista Argentina de Clínica Psicológica, XVII, pp. 65 - 71.