10 motivos por los que ir a psicoterapia

Varios de los motivos más importantes por los que buscar ayuda e iniciar un proceso de psicoterapia.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Motivos por los que ir a psicoterapia

La vida tiene altibajos y, aunque en muchas ocasiones somos capaces de resolver los problemas por cuenta propia, en otras necesitamos un poco de ayuda para avanzar puesto que, de lo contrario, sufriremos y sufriremos hasta que el problema que nos hace daño se vaya, si es que lo llega a hacer. En estos casos ir al psicólogo es lo más adecuado.

Pero aunque se recomienda ir al psicólogo en caso de sufrir algún problema emocional, esto no quiere decir que debamos esperar a que nos pase algún evento estresante o gran cambio vital para acudir al psicólogo. Es mejor prevenir antes que curar y, por eso, debemos acudir al psicólogo incluso si no creemos que haya nada malo que nos esté pasando.

Hay muchas cosas en nuestras vidas diarias que hoy son leves, pero mañana podrían ser graves. A continuación vamos a descubrir los principales motivos por los que ir a psicoterapia, de gravedad y urgencias diferentes.

Motivos por los que ir a psicoterapia

Ir al psicólogo no es nada vergonzoso ni sinónimo de que se tiene una grave psicopatología. Muchas personas acuden a los profesionales de la salud mental para poder recuperar el control de sus vidas, progresar en ellas y conocerse a sí mismas.

La psicoterapia no consiste en estar sentado en un sillón (o un peliculero diván) hablándole al psicólogo largo y tendido para que él o ella nos dé “consejitos”. No, lo que hace el psicólogo no es eso, sino que es aplicar técnicas científicamente demostradas y enseñarnos estrategias para poder mejorar nuestras vidas.

Otras personas parecen estar concienciadas sobre lo que hace un psicólogo, y lo respetan como profesional que es, pero consideran que acudir a uno estando perfectamente “bien de la cabeza” es innecesario. Teniendo la creencia de que muchos de los problemas de la vida diaria se solucionan por sí solos o con poco esfuerzo, muchas personas ven como un gasto innecesario el ir a un psicólogo para que les digan qué deben hacer. Como creen hacerse una idea de cuál es la solución, la mayoría de las personas ven este paso excesivo.

Sin embargo, invertir en nuestra salud mental no es un gasto innecesario, sino una medida de prevención. En muchas ocasiones un problema emocional que en origen era perfectamente controlable evoluciona, cristaliza y se cronifica, convirtiéndose en un verdadero trastorno mental, trastorno que podría haberse evitado si el afectado hubiera ido a psicoterapia en un principio. También puede pasar que no sea un trastorno mental lo que surja, sino un problema de pareja, familiar, trabajo o estudios que, al no haberse sabido cómo manejarlo, ahora le estalla al afectado en toda su cara.

Visto todo esto y con la intención de motivar al lector para que acuda a un psicólogo y, así, mejorar su vida o, al menos, evitar que vaya a peor, a continuación vamos a ver varios motivos por los que ir a psicoterapia, tanto si hay como si no hay un problema claro y grave que limite nuestras vidas.

1. Superar sanamente un duelo

La muerte es una parte inevitable de la vida y todos hemos sufrido el fallecimiento de un ser querido, o lo vamos a vivir en el futuro. Pese a que es algo normal y que debemos aceptar, también es un evento no es fácil de afrontar, sobre todo si el duelo es por la pérdida de un ser muy querido y su muerte ha sido muy repentina.

El duelo es parte normal de la vida, el duelo patológico no. Puede suceder que no lo sepamos gestionar, que nos quedemos encallados en él y pasemos meses y meses sintiendo un profundo malestar por la ida de nuestro ser querido. Es como si hubiéramos muerto en vida.

Por este motivo, con el fin de evitarlo, es muy buena idea recurrir a psicoterapia. Puede que acabemos superando el duelo por nuestra propia cuenta, pero nunca está de más asegurarse de que efectivamente lo superamos con las mejores estrategias psicológicas posibles.

2. Manejar grandes cambios vitales

La vida son altibajos e, incluso en los picos, se pueden vivir de forma bastante estresante. Por ejemplo, la maternidad, irse a vivir a una nueva ciudad, empezar una carrera universitaria o empezar un nuevo y buen trabajo son acontecimientos felices, pero que también despiertan incertidumbre y miedos.

Para asegurarnos de que todo va sobre ruedas acudir a un psicólogo en estos grandes cambios vitales es una de las mejores opciones. Nos ayudará a gestionar el estrés, los miedos y el malestar que pueda aparecer en el camino de la consecución de nuestros éxitos, haciéndonos enfrentarnos a nuestros desafíos vitales de la forma más eficiente posible.

3. Manejar emociones disruptivas

Las personas sentimos emociones positivas y emociones negativas, todas ellas con funciones adaptativas si se manifiestan en niveles eutímicos. No obstante, incluso aunque sean perfectamente normales y alejadas de la psicopatología, hay emociones negativas que nos pueden desbordar.

No es necesario que sean grandes emociones negativas, como pueden ser una desgracia momentánea o un disgusto grave. Presiones diarias como las del trabajo, la familia o la situación política y económica mundial son pequeñas molestias que, acumuladas, acaban pasando factura.

¡No dejemos que esto ocurra! Ir al psicólogo servirá para identificar estas presiones y aprender a cómo canalizar la tensión que nos produce para liberarla en actividades productivas y satisfactorias.

4. Superar temores y miedos limitantes

Puede que muchas personas ni se den cuenta pero, realmente, tienen fobias, miedos y temores de todo tipo. Puede que no sean fobias a un nivel clínico tan graves como las que normalmente se diagnostican, puesto que les permite llevar una vida diaria relativamente normal, pero al fin y al cabo son problemas que, de ir a peor, sí van a limitar al afectado.

Estas fobias pueden ser hacia un objeto o animal, y también pueden ser hacia situaciones catastróficas poco plausibles que, a pesar de que hay pocas posibilidades de que sucedan, no se van de nuestra mente.

Sea hacia algo o hacia una situación, la psicoterapia puede ayudarnos a superar un temor y atrevernos a probar cosas nuevas o realizar actividades en las que estaba el objeto fóbico.

5. Recuperar la motivación

Hay personas que, simplemente, pierden la motivación. No, no están deprimidas, pero es como si de repente hubieran perdido el interés por aficiones que antes las llenaban y, si se descuidan, están caminando paso a paso hacia un trastorno del estado anímico. Esto nos puede pasar a todos y, por fortuna, tiene solución.

El psicólogo puede ayudarnos a recuperar la motivación, detectando cuál es el problema de fondo que hace que nos sintamos así y buscando estrategias para hacerle frente. Cierto que puede que no sea algo muy grave, pero no hay duda que aquello que nos preocupa está interfiriendo en nuestras vidas y, a la larga, va a ser muy dañino.

6. Evitar y superar adicciones

Sin eufemismos ni medias tintas: el consumo de drogas no es justificable. Ni el alcohol, ni el tabaco y mucho menos la cocaína o la marihuana tienen un uso justificado. Muchas personas son plenamente conscientes de esto, pero no por ello dejan de tomarlas o están totalmente protegidas de su consumo.

Algunas situaciones vitales pueden ser tan extremas a nivel emocional que, pese a estar perfectamente concienciados de lo malas que son, acabamos tomando drogas como forma para lidiar con el malestar que nos produce la situación en cuestión. Pero lo que sucede aquí no es que eliminemos el problema que nos genera malestar, sino que lo camuflamos con un hábito insano.

La psicoterapia nos ayuda a evitar el consumo de sustancias y las recaídas puesto que nos dota de estrategias efectivas contra los problemas que nos puedan surgir, sean graves o sean leves, pero todos ellos manejables de una u otra forma.

7. Mejorar nuestra relación sentimental

Muchas parejas dicen que son felices, pero a la hora de la verdad son muchos los problemas de la convivencia que hace que ambos amantes se sientan insatisfechos con el rumbo que está tomando la relación.

Las relaciones de pareja requieren mucho cuidado y trabajo duro, el cual no siempre realizamos. En este caso la psicoterapia puede ayudar a ambos miembros de la pareja a aprender estrategias comunicativas efectivas, aprender a ser más asertivo en la relación o mostrar de forma más explícita lo mucho que se quieren ambos amantes. También se pueden adquirir herramientas para resolver de forma pacífica y funcional los pequeños roces de la convivencia.

8. Querer dormir mejor

Muchas personas sufren problemas para dormir y no saben muy bien por qué es. Han probado somníferos, reducir la cantidad de cafeína, irse cada día más pronto a la cama… y nada, absolutamente nada han conseguido.

A veces nuestra mente es muy puñetera. Estando tumbados empieza a espabilarse y recordar cosas que nos impiden dormir. Este “runrún” nos mantiene despiertos y, a pesar de que hemos probado todo lo anterior, no conseguimos dormir. También puede pasar que estemos tan estresados que ni nos demos cuenta de lo tensos que estamos en la cama.

Si bien son pocos los casos en los que probar estas estrategias no les funcione en absoluto, cabe decir que una de las formas para averiguar qué es lo que realmente pasa es acudir a un psicólogo. Él o ella averiguará si realmente el insomnio se debe a un problema psicológico o es por otra causa.

9. Eliminar dolores del cuerpo

Muchas veces, los problemas emocionales se manifiestan en forma de dolores por todo el cuerpo. Nos duele la cabeza, el estómago, sentimos calambres, nos mareamos... sensaciones molestas que aparentemente no tienen explicación médica.

Puede que realmente sean manifestaciones de un alto nivel de estrés que, aunque le quitemos importancia, no deja de ser algo problemático. Si no hacemos algo ya estas molestias psicosomáticas irán a peor, pudiendo llevar a problemas como enfermedades gastrointestinales o jaquecas constantes.

10. Nada de lo que hemos probado ha funcionado

Por último, uno de los motivos por los que ir a psicoterapia es el que, aunque aparentemente controlable, nos hayan surgido problemas que no hemos conseguido controlar. Todo lo que hemos probado ha fallado. No son problemas que supongan un riesgo para nuestras vidas ni integridad física o mental, pero sí que son molestos y empiezan a bajarnos nuestra autoestima y nuestras ganas.

Puede que estemos intentando aprobar nuestros estudios y no lo estamos consiguiendo de ninguna forma, o que en el trabajo vayamos fatal a pesar de que hacemos todo lo posible para ser puntuales en la entrega de los informes. Puede que, pese a que intentamos estar de buen humor, tarde o temprano discutimos con nuestra familia.

Sea lo que sea, todas estas situaciones son ejemplos de señales de alarma para recurrir a un psicólogo, puesto que puede haber realmente un problema de control de la ira, desmotivación generalizada, síntomas de depresión silenciosa y demás condiciones psicológicas que, de no ser controladas, pueden destrozarnos la vida.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Muñoz, A.M. y Novos, M.M. (2012). Motivos de consulta e hipótesis clínicas explicativas. Terapia psicológica, 30 (1).

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