Por qué no deberías subestimar la adicción a las nuevas tecnologías

Aunque no involucre el consumo de drogas, esta adicción no debe ser pasada por alto.

Tomás Santa Cecilia

Tomás Santa Cecilia

Por qué no deberías subestimar la adicción a las nuevas tecnologías

Cuando pensamos en la palabra “adicción”, es fácil que nos venga a la mente la imagen de una persona muy desgastada físicamente, que ha sido consumida totalmente por la droga, y que maltrata su cuerpo con tal de no caer en la abstinencia.

Se trata de uno de los estereotipos más difundidos acerca de este tipo de patologías, normalmente asociado a la idea de marginalidad social; y si bien es cierto que la mayoría de personas adictas tienen pocos recursos y basan su dependencia en el uso de sustancias psicoactivas, esto oculta una gran cantidad de matices.

Por ejemplo, no todos los trastornos basados en la dependencia tiene que ver con introducir una sustancia en el propio cuerpo, ya sea alcohol, cocaína, heroína o cualquier otra con poder para generar adicción. Existen adicciones basados en comportamientos, y en parte es habitual no verlos como un problema precisamente porque no involucran el uso de drogas. La adicción a las nuevas tecnologías es un ejemplo de ellas, y en este artículo veremos por qué es una mala idea subestimarla.

¿Qué es la adicción a las nuevas tecnologías?

El término “nuevas tecnologías” es muy amplio y sus límites son borrosos. Prácticamente todo lo que nos rodea podría ser calificado de esa manera, teniendo en cuenta que hasta una chimenea con troncos ardiendo dentro es una muestra de tecnología.

Es por ello que resulta necesario precisar más: a la práctica, cuando hablamos de adicciones a las nuevas tecnologías nos estamos refiriendo a los patrones de comportamiento que revelan dependencia de dispositivos electrónicos digitales y con pantalla. Normalmente se trata sobre todo de ordenadores (ya sean PC, tablets o portátiles) y smartphones. Estos productos se caracterizan por ser una fuente de estímulos visuales y auditivos muy variados, por un lado, y por estar conectados a Internet en la mayoría de los casos.

Pero no son estos aparatos en sí los que pueden ser objeto de un uso excesivo, sino lo que ocurre en el mundo digital al que dan acceso. En este sentido, la adicción a las nuevas tecnologías se materializa sobre todo en dos tipos de comportamientos adictivos: el uso constante de las redes sociales, y el abuso de los videojuegos online.

Los dos grandes polos de la adicción a las nuevas tecnologías

Estas son las características de cada subtipo de adicción a las nuevas tecnologías.

Adicción a las redes sociales

Las redes sociales están diseñadas para exponer a sus usuarios a un torrente constante de contenidos potencialmente interesantes para cada individuo, dado que estas plataformas digitales disponen de toda la información necesaria para personalizar aquello que se muestra en la pantalla. Además, se potencia un fenómeno conocido como FOMO: Fear of Missing Out, o angustia ante la idea de perderse contenidos que los demás están disfrutando y compartiendo.

Adicción a los videojuegos online

Una vez más, el simple uso de los videojuegos no es algo problemático de por sí: el ocio electrónico es una forma de entretenimiento y cultura perfectamente legítima; sin embargo, a veces un mal uso de estos recursos da lugar a alteraciones psicológicas.

En la adicción a los videojuegos online, esta pasa a ser no solo la forma de ocio principal de la persona, sino que incluso desplaza el tiempo que esta dedicaría normalmente a sus responsabilidades o a un correcto descanso y cuidado de su cuerpo y de su mente. Es un fenómeno que afecta sobre todo a la población joven, especialmente a los varones, pero que se puede dar en cualquier tipo de persona que use con frecuencia los videojuegos.

Aunque también hay casos de adicción a videojuegos que son jugados en modo de un jugador, en los últimos años lo más común es que quienes “se enganchan” de un modo problemático a estos juegos utilicen el modo online para competir con personas de todo el mundo; las mecánicas de competición resultan especialmente absorbentes e incluso pueden pasar a ser la principal forma de socializar de muchos jóvenes.

¿Cómo se plasman estos problemas?

Tal y como hemos visto, la adicción a las nuevas tecnologías no se materializan en comportamientos problemáticos fáciles de detectar. Así como el consumo de drogas es fácilmente reconocible como tal, el punto en el que el uso de un recurso digital pasa a ser problemático está más difuminado. Sin embargo, estas alteraciones psicológicas son capaces de dar lugar a problemas significativos. Destacan los siguientes:

  • Hostilidad e irritabilidad cuando se lleva “demasiados” minutos u horas sin tener acceso al ordenador o smartphone.
  • Mala gestión de los horarios de sueño por el uso de estas plataformas digitales.
  • El uso de estas tecnologías ocupa casi todo su tiempo de ocio.
  • La utilización de estos dispositivos limita la vida social de la persona, evitando interacciones cara a cara.
  • Problemas de concentración (la persona piensa en cosas relacionadas con los videojuegos o redes sociales).

Por suerte, este tipo de problemas pueden ser superados y tratados eficazmente a través de la psicoterapia.

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Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Freeman, C.B. (2008). Internet Gaming Addiction Treatments. The Journal for Nurse Practitioners. pp. 42 - 47.
  • Pantic, I. (2014). Online Social Networking and Mental Health. Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, 17(10), 652 - 657.
  • Van Rooij, A.J.; Schoenmakers, T.M.; Vermulst, A.A.; Van den Eijnden, R.J.; Van de Mheen, D. (2010). Online video game addiction: identification of addicted adolescent gamers. Addiction. 106(1): pp. 205 – 212.
Tomás Santa Cecilia

Tomás Santa Cecilia

Psicólogo

Madrid

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Tomás Santa Cecilia es psicólogo, consultor, formador y Director de CECOPS Centro de Consultoría Psicológica. Es Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, Máster Profesional en Psicología Cognitivo Conductial Avanzada (Albor-Cohs) y Miembro de The New York Academy of Sciences y de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) entre otras cosas. Trabaja desde el Análisis Conductual Aplicado y la Terapia Cognitivo-Conductual.

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