Un resumen del tratamiento psicológico del dolor crónico.

El dolor crónico es un tipo de alteración de la salud en el que el dolor se prolonga durante mucho tiempo (meses o años), o incluso no llega a desaparecer nunca. A su vez, la persistencia de esta sensación desagradable es capaz de generar la aparición de otras formas de malestar y problemas de salud; sobre todo, trastornos de ansiedad y del estado de ánimo.

En este artículo conoceremos las características fundamentales del dolor crónico y su tratamiento psicológico asociado, es decir, lo que hacen los psicólogos para limitar el malestar que genera esta alteración.

¿Qué es el dolor crónico?

El dolor puede ser clasificado en dos categorías principales. Por un lado está el dolor agudo, que nos informa de que recientemente se ha producido un daño en uno o varios tejidos del organismo, y que desaparece a lo largo de los días o de las semanas.

Por el otro, está el dolor crónico, el cual persiste durante la mayor parte del tiempo durante periodos superiores a los 3 meses.

Esta última forma de malestar, a su vez, puede ser dividida en dolor crónico de tipo neuropático, en el que no existe ningún problema más allá del sistema nervioso que pueda explicar el dolor, y el dolor crónico nociceptivo, en el que sí se conoce un mecanismo por el cual las células receptoras de estímulos dolorosos se activan, pero no se puede detener esos procesos persistentes y es probable que nunca desaparezcan del todo.

Así, el dolor crónico es un tipo de dolor que pasa de ser un síntoma a ser un trastorno en sí mismo, porque si bien en la mayoría de las ocasiones el dolor tiene la función adaptativa de avisarnos de que algo va mal en nuestro cuerpo, en este caso los inconvenientes sobrepasan por mucho la posible utilidad biológica (a veces inexistente, como en el caso del dolor neuropático) que aporta esta señal de alerta.

Causas

Una de las características del dolor crónico que lo vuelven un fenómeno muy complejo es que sus causas pueden ser muy variables, y es posible atribuir el problema a alteraciones de los nervios, de la médula espinal o incluso del cerebro. Es decir, que su aparición puede ser debida a disfunciones en casi cualquier tramo de la ruta de la percepción del dolor, desde los nociceptores hasta la integración de la percepción del dolor en el cerebro.

Lo que está claro es que el dolor crónico muchas veces se produce en ausencia de un tejido del cuerpo que esté dañado, por lo que no es una señal de alerta que resulte útil para el organismo, al no ser evidencia de que hay algo que va mal más allá del propio dolor en sí.

En otros casos, el dolor crónico surge como consecuencia de una enfermedad crónica o cuya causa principal no es eliminada del todo porque no se puede con la tecnología disponible o resulta demasiado arriesgado. Esto último es lo que pasa muchas veces con ciertos tipos de tumores.

Los psicólogos y el tratamiento psicológico del dolor crónico

Estas son algunas de las estrategias más utilizadas en pacientes con dolor crónico, cuando estos van al psicólogo.

1. Terapia cognitivo-conductual

A la hora de ofrecer tratamiento psicológico para los casos de dolor crónico, no solo hay que abordar el modo en el que se percibe el dolor en el aquí y ahora; también hay que lidiar con el hecho de que esta alteración de salud puede favorecer la aparición de trastornos psicológicos vinculados a la ansiedad y a la depresión.

psicode madrid

Los profesionales del Instituto de Psicología Psicode, con presencia en Madrid y Alicante, señalan que la adopción de malos hábitos de vida desencadenados por la mala gestión de estas emociones por parte de los pacientes pueden hacer aumentar la intensidad y duración del dolor, y que por consiguiente hay que evitar que el problema se agrave entrenando a la persona a convivir con este tipo de estímulos.

Por ejemplo se ha visto que el dolor crónico está asociado a una tasa algo mayor de enfermedades cardíacas, posiblemente consecuencia del reto que supone lidiar con cantidades elevadas de estrés y con los modos de vida a los que esta ansiedad o angustia puede dar lugar (atracones, vida sedentaria, etc.).

Así, en Psicode señalan que es importante hacer que los pacientes adopten patrones de comportamiento y maneras de percibir el dolor crónico que no lleven a una pérdida de control sobre la propia salud.

Para ello, se trabaja con las ideas de los pacientes mediante la reestructuración cognitiva, cuestionando aquellas ideas que no son realistas y favoreciendo la aparición de otras más constructivas. Además, en lo que respecta a la parte conductual, se favorece el mantenimiento de rutinas de interacción con el entorno que resulten estimulantes y absorbentes, de manera que no toda la experiencia subjetiva del sujeto gire alrededor del dolor.

2. Terapia de Aceptación y Compromiso

El dolor no es un fenómeno que percibamos como sujetos pasivos, sino que parte de sus cualidades como experiencia subjetiva vienen dadas por las ideas que asociamos con estos estímulos.

La Terapia de Aceptación y Compromiso, al centrarse en la idea de que no hay que eliminar todo lo imperfecto de nuestras vidas sino que en muchos casos hay que aceptar cierto nivel de imperfección, ayuda a integrar el dolor en la consciencia limitando su potencial dañino. En Psicode nos recuerdan que, aunque resulte paradójico, darle mucha importancia a no sentir ningún tipo de molestia en el aquí y el ahora es, en los casos de dolor crónico, parte del problema.

3. Mindfulness

En terapia psicológica hay una serie de herramientas orientada en entrenar a los pacientes en la gestión de su foco atencional. Y es que el nivel de dolor ante un mismo estímulo que llega a través de un nervio puede variar mucho dependiendo de lo que hagamos con nuestros procesos atencionales.

El Mindfulness es uno de los recursos más utilizados en el Instituto de Psicología Psicode, y contribuye a que el dolor no sea una fuente obsesiva de atención que lleve a la persona a “engancharse” a ese malestar. De esta manera, es posible valorar más otros elementos que también están presentes en la experiencia consciente y que son de un carácter mucho más neutro o positivamente estimulante.

Referencias bibliográficas:

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