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¿Qué terapia debe emplear un psicólogo para tratar la depresión?

Veamos qué tipo de psicoterapia se usa para tratar el trastorno depresivo por su eficacia.

Qué terapia debe emplear un psicólogo para tratar la depresión

Los trastornos depresivos están entre las psicopatologías más incapacitantes y con un mayor potencial para, en los casos más severos, dar lugar a suicidios o intentos de suicidio.

Debido a ello, durante décadas se ha estado investigando acerca de cuáles son las técnicas y las modalidades de intervención psicoterapéutica para ayudar a las personas que han desarrollado trastornos depresivos. Veamos en qué consisten.

¿Cuáles son las principales características de los trastornos depresivos?

Un aspecto clave para intervenir psicológicamente en pacientes que sufren un trastorno depresivo consiste en comprender las lógicas a través de las cuales operan estas psicopatologías, y las experiencias frecuentes por las que suelen pasar este tipo de pacientes.

Aunque las vivencias de las personas con un trastorno depresivo pueden cambiar de un individuo a otro, estas son las principales características que podemos encontrar en las alteraciones de esta clase.

1. Tristeza generalizada

La sensación de tristeza intensa y generalizada a todos los ámbitos de la vida de la persona es una de las características principales que comparten todos los trastornos depresivos y uno de los síntomas que tienen mayor afectación en el día a día de la persona.

Esta sensación de tristeza acostumbra a tener niveles lo suficientemente altos para alterar completamente la vida diaria de la persona, su relación con el entorno y la atención de todo tipo de responsabilidades.

La tristeza va acompañada frecuentemente con ganas de llorar, sentimiento de vacío o de soledad, sentimientos de inutilidad o de culpa y pensamientos muy catastróficos acerca del futuro. Ahora bien, sobre todo en los casos más severos, la tristeza puede quedar sustituida por lo que veremos a continuación.

Tristeza

2. Falta de interés y aplanamiento afectivo

La disminución progresiva del interés de las personas con depresión hacia lo que la vida les puede ofrecer se refleja en una actitud de indiferencia y problemas para sentir placer o satisfacción ante cualquier cosa; del mismo modo, también es frecuente que esta limitación del rango de emociones haga que la persona no se sienta muy triste, sino que exprese sentirse en un limbo en el que nada importa y en todo caso predominan el hastío y la desesperanza. Estos no son síntomas tan visibles como lo es la tristeza, o los cambios de humor repentinos, por lo que muchos casos de este tipo pasan desapercibidos.

La persona con depresión empezará a demostrar gradualmente menos ganas de hacer todo aquello que hacía antes del trastorno: desde realizar actividad deportiva o quedar con los amigos hasta ir al cine o practicar su hobbie favorito.

Tanto la falta de interés en el mundo que rodea a la persona con depresión como la tristeza generalizada mencionada anteriormente impiden muchas veces que la persona pueda realizar las actividades cotidianas más básicas como levantarse de la cama, ducharse, comer, ir al colegio o ir a trabajar.

3. Cansancio

El cansancio y la pérdida de energía también se pueden asociar a un caso de trastorno depresivo, debido a la sensación de vacío existente en la persona y a la pérdida de alicientes vitales que puedan motivarnos.

Además de eso, las personas con depresión suelen disminuir su actividad física y también sus niveles de eficacia y productividad en el trabajo.

4. Desesperanza

La desesperación y los pensamientos negativos o desasosegantes son el pan de cada día para muchas personas con depresión que interpretan su existencia como un pozo negro sin fondo en el que no hay esperanza ni expectativas de legar a ser feliz.

5. Baja autoestima

La autoestima de las personas con trastornos depresivos es uno de los aspectos que se ven más afectados por este trastorno, y con mayor capacidad para hacer que el trastorno se refuerce a sí mismo.

La depresión afecta de manera decisiva en la percepción que tiene la persona de sí misma, hasta el punto de percibirse como incapaz o inútil para realizar cualquier actividad con éxito, o bien para lograr relaciones positivas con cualquier persona.

6. Ideaciones suicidas

Todo el conjunto de síntomas relacionados con la depresión acaban promoviendo en la persona sentimientos muy negativos, y en los casos más graves, ideaciones suicidas, sobre todo en personas que se sienten solas y desamparadas.

En muchos casos sucede que la persona verbaliza o comunica a alguien cercano este tipo de ideaciones e intenciones suicidas.

7. Problemas para concentrarse

Las principales alteraciones cognitivas que experimentan las personas con depresión son una disminución de la atención en el trabajo, y en algunas ocasiones, también de la capacidad para recordar contenidos relacionados con la memoria a corto plazo.

Además de eso, también se ve disminuida la capacidad para tomar decisiones en cualquier ámbito de la vida, tanto personal como profesional.

8. Irritabilidad

La irritabilidad, los cambios de humor repentinos y el mal humor generalizado también pueden indicar que estamos ante un caso de trastorno depresivo, especialmente si se presenta en personas que antes tenían un comportamiento totalmente distinto.

De igual manera y en los casos de depresión más graves, también es más habitual el enojo excesivo e incluso las reacciones violentas desencadenadas por la frustración.

9. Tendencia al aislamiento

El aislamiento social autoimpuesto y la evitación progresiva de actividades sociales con amigos, compañeros de trabajo o familiares también son una señal de que puede existir un caso de depresión.

Esto sucede porque la persona deprimida reduce cada vez más sus actividades sociales y se encierra en su hogar, propiciando así que sus síntomas depresivos sean cada vez mayores debido a la falta de estímulos y de fuentes de motivación que predispongan a la persona a involucrarse en proyectos y actividades ilusionantes y con significado.

10. Cambio en los patrones de alimentación

Las alteraciones del estado de ánimo con raíz psicopatológica afectan con frecuencia al modo en el que la persona se relaciona con la comida, lo cual puede, a su vez, desencadenar la aparición de otros trastornos.

Algunos cambios en los hábitos alimenticios que pueden experimentar las personas con trastornos depresivos van desde la pérdida del apetito hasta empezar a comer demasiado de manera compulsiva.

Es por eso que la depresión suele ir asociada tanto a una reducción drástica del peso corporal como a un aumento repentino del mismo.

¿Qué estrategias psicoterapéuticas son eficaces ante los trastornos depresivos?

No existe una sola forma de psicoterapia que constituya el único remedio ante la depresión, entre otras cosas porque esta patología es compleja y multicausal y presenta varios frentes en los que hay que intervenir. Ahora bien, la práctica totalidad de los recursos terapeúticos usados en pacientes con estas alteraciones surgen del tronco de las terapias conductuales y cognitivo-conductuales, que en los últimos años han dado lugar también a lo que se conoce como Terapias de Tercera Generación.

En este sentido, las principales formas de intervención psicológica que han demostrado ser eficaces a la hora de ayudar a superar un trastorno depresivo son las siguientes:

  • Activación conductual: Se basa en ayudar a la persona a interiorizar rutinas que le permitan ir involucrándose en actividades de forma progresiva, restableciendo su capacidad para sentir motivación e interés mediante acciones concretas.
  • Reestructuración cognitiva: uno de los pilares de la terapia cognitivo-conductual, consiste en ayudar a la persona a cuestionarse sus creencias y sus maneras de pensar más disfuncionales y que estaban manteniendo en funcionamiento el trastorno y el desgaste de la autoestima.
  • Técnicas de gestión de la ansiedad: muchas veces, los trastornos depresivos adoptan la forma de cuadros ansioso-depresivos, por lo que hay que ayudar a la persona a afrontar sus miedos irracionales
  • Entrenamiento en habilidades sociales: ayuda a las personas a ganar apoyo por parte de amigos y familiares, potenciando una comunicación asertiva, clara y respetuosa.
  • Psicoeducación y colaboración con la familia: aunque técnicamente no es una estrategia de psicoterapia, mantener informado tanto al paciente como a su familia ayuda a que ganen autonomía y capacidad de control sobre lo que ocurre.
  • Mindfulness: varios estudios indican que la práctica de ejercicios de Atención Plena es eficaz sobre todo para evitar las recaídas en la depresión.

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