Una técnica muy usada en terapia psicológica.

Todo lo que hacemos y lo que no hacemos tiene algún efecto en el mundo. Tenemos cierta capacidad de control sobre nuestras acciones: elegimos qué queremos hacer y qué hacemos (aunque en ocasiones a algunas personas se les impone), algo que en último término nos confiere la capacidad de dirigir nuestras propias vidas.

Ahora bien, también hay que tener en cuenta que nuestra acción e intervención en el mundo es limitada: existen muchos elementos que pueden o no confluir para que se llegue a dar una situación determinada. En este sentido, atribuir causas a un evento concreto puede ser mucho más difícil de lo que parece. Sin embargo, es habitual que a nivel mental intentemos darle rápidamente una explicación en la que lo que ocurre tenga uno o unos pocos factores que lo generen.

En algunos casos esta atribución puede no ser realista y generar malestar, e incluso puede convertirse en un patrón en que se consideran las causas de los eventos positivos y negativos de manera rígida y convertirse en un problema. Afortunadamente, a través de diversas técnicas podemos modificar este patrón. Una de ellas es la técnica de reatribución, muy usada por psicólogos, de la que vamos a hablar aquí.

¿Qué es la técnica de la reatribución?

La técnica de la reatribución es una técnica de intervención psicológica frecuentemente utilizada en la práctica clínica, bien sea directamente o bien como parte de algún programa o tratamiento más complejo (como por ejemplo la terapia cognitiva de Beck).

Se trata de una técnica de tipo cognitivo que trata de trabajar sobre la atribución de las causas de los pacientes y que se caracteriza por basarse en ayudar al paciente a valorar cuáles pueden ser la causas de una situación determinada con el fin de discutir y modificar sus creencias respecto a dicha causalidad, redirigiendo la atribución que realiza el paciente hacia una perspectiva más realista, objetiva y funcional.

¿De donde parte?

La técnica de la reatribución parte de la idea de locus de control, es decir, del hecho que a la hora de analizar una situación determinada solemos otorgar a la existencia de dicha situación unas causas concretas que pueden ser o bien internas (es decir que la propia persona es responsable de ello) o externas (el medio, otras personas o elementos abstractos como el azar), globales o específicas, estables (la causa es permanente) o inestables (la causa es variable).

La realización de esta atribución nos permite intentar otorgar una causa a lo que ocurre, pero a veces el resultado de esta atribución es poco realista y disfuncional y nos puede generar ansiedades, angustias, tristeza o malestar entre otros posibles efectos. Es en este punto en que la técnica de reatribución resulta de utilidad.

¿Cual es su objetivo?

El uso de esta técnica de la reatribución tiene como principal objetivo el contribuir a que el paciente logre modificar su locus de control, es decir que sea capaz de modificar la atribución de causas que hace para los eventos positivos y negativos. En este sentido se trabaja haciendo que la persona valore los diferentes factores que pueden estar influyendo o participando en un determinado evento, situación y problema.

Así, lo que se pretende es reducir o eliminar los sesgos cognitivos vinculados a una atribución determinada de las causas de una situación.

Esta técnica permite que poco a poco la persona vaya valorando que existen una gran cantidad de factores que pueden influir en que determinadas situaciones o problemas se den o se resuelvan de forma determinada, de modo que en el caso de los eventos negativos el sujeto no se atribuya en exclusiva la responsabilidad del resultado y se autoculpabilice en el caso de los eventos negativos, o bien que no atribuya sólo a la suerte los éxitos y resultados positivos.

Existen diferentes variantes de esta técnica, a menudo especializadas en diferentes tipos de problemática. Por poner un ejemplo, podemos encontrar la técnica de reatribución de síntomas de Goldberg, centrada en la atribución de síntomas físicos a causas psíquicas en casos de trastornos como el de somatización.

¿En qué casos se utiliza en terapia?

La técnica de la reatribución resulta aplicable a una gran cantidad de situaciones en las que la persona tienda a mantener un locus de control rígido, poco realista, sesgado o disfuncional. En este sentido podemos estar hablando tanto de problemas clínicos como de no clínicos, si bien resulta mucho más conocida su utilización en los primeros.

A continuación se muestran algunas de las problemáticas en que suele emplearse.

1. Depresión

Entre los diversos trastornos en los que suele usarse destacan especialmente los trastornos del estado del ánimo. Uno de los más frecuentes es la depresión mayor, en la que por norma general podemos encontrar la presencia de sesgos cognitivos que hacen que la interpretación de uno mismo, el mundo y el futuro sea negativa y aversiva.

A nivel de locus de control interno, estable y global para los eventos negativos, mientras que los éxitos y eventos positivos suelen asociarse a causas externas, inespecíficas e inestables (como la suerte).

2. Trastornos vinculados a la ansiedad

Los trastornos de la ansiedad, como el trastorno de pánico o el trastorno por ansiedad generalizada, son otro de los tipos de problemática que podemos llegar a tratar con la técnica de la reatribución.

Concretamente, lo que puede tratarse por esta vía es la anticipación de las crisis de angustia y la atribución de determinados síntomas a causas no necesariamente peligrosas. Un ejemplo lo podemos encontrar en la taquicardia y el aumento de la tasa cardiorespiratoria.

También la ansiedad de un trastorno por ansiedad generalizada puede llegar a beneficiarse de la utilización de esta técnica al ayudar a objetivar las posibles causas de su malestar y intentar fomentar una visión más objetiva de las situaciones vividas.

3. Trastorno por estrés agudo y trastorno por estrés postraumático

Además de los trastornos del estado del ánimo, otro tipo de situaciones en que puede ser de utilidad este tipo de técnica es en el contexto de un trastorno por estrés agudo o un trastorno por estrés postraumático. Si bien estos trastornos tienen ya diferentes metodologías que permiten tratarlos con eficacia, se pueden plantear variantes de la técnica de reatribución en el caso de las personas que se atribuyan culpabilidad por el evento traumático en cuestión.

Es el caso de personas que tengan el llamado “Síndrome del superviviente”, personas que han superado una enfermedad que ha acabado con muchos otros y se sienten culpables o inmerecedores de ello, personas que sobreviven a un accidente de tráfico en que una o el resto de personas hayan muerto, personas que han vivido un conflicto bélico (tanto civiles como militares) o casos como personas que han sufrido violaciones o abusos sexuales y se auto-culpabilizan por ello.

4. Trastorno Obsesivo-Compulsivo

Una de las principales características que muchos sujetos con trastorno obsesivo compulsivo comparten es un muy elevado nivel de duda y una tendencia a sentirse culpables por sus pensamientos obsesivos, o bien que tengan ansiedad ante la responsabilidad que creerían tener si el contenido de su pensamiento se hiciera realidad.

Por ejemplo, una persona que tenga pensamientos obsesivos de contagio y rituales en torno a la limpieza debido a ellos tenderá a sentirse culpable si no realiza los rituales y se asegura de que todo está correctamente desinfectado, o podría sentirse responsable si alguien de su entorno enferma.

En este sentido la técnica de la reatribución puede ser de utilidad como una vía para que el sujeto intente ver la situación de una manera más objetiva y valore que existen diversas variables que podrían explicar que ocurriese el motivo de su angustia y que no tendrían que ver con su propia actuación. Se trataría de reducir la tendencia a atribuirse la responsabilidad o la culpa de aquellas situaciones cuya evocación les genera ansiedad.

5. Trastorno por somatización

El trastorno por somatización, junto a otras problemáticas de tipo somatomorfo, es uno de los trastornos que puede beneficiarse de este tipo de técnicas. Y es que en este caso la técnica de la reatribución puede utilizarse para ayudar al paciente a identificar las posibles causas psíquicas de la dolencia que nota a nivel físico.

6. Hipocondría

Si bien el abordaje de la hipocondría requiere de un tratamiento más profundo, también pueden emplearse variantes de la técnica de la reatribución para que quienes la padecen aprendan a valorar las posibles causas de su malestar sin asociarlas a una enfermedad física.

Ahora bien, hay que tener mucho cuidado de que las posibles causas que el sujeto cite no sean enfermedades sino aquellos elementos que le generan la sensación de estar enfermo y qué factores pueden estar implicados.

7. Trastorno adaptativo y otras problemáticas

Despidos, separaciones, divorcios, problemas de pareja o familiares, acoso laboral o escolar… todo ello puede generar un gran nivel de estrés y malestar que escapa al control de la persona y generarle un gran sufrimiento, sin que por ello llegue a cumplir criterios para considerar que sufre una depresión o un trastorno de ansiedad. Se trata de casos en que puede aparecer sintomatología propia de estos dos tipos de trastorno y que suelen aparecer de manera reactiva a una situación (sin la cual la sintomatología no estaría presente).

Estamos hablando del trastorno adaptativo, el cual también puede beneficiarse de la técnica de la reatribución en aquellos casos en que la problemática suscite o genere una interpretación o atribución de causas que le sean disfuncionales a la persona.

Además de ello, aunque no llegue a aparecer un trastorno como tal también es posible trabajar con esta técnica de manera preventiva, especialmente con población con creencias rígidas, hiperresponsabilidad o baja autoestima.

Referencias bibliográficas:

  • Beck A.T., Rush A.J., Shaw B.F. & Emery, G. (1979) Cognitive Therapy of Depression. New York: Guilford Press.
  • Burns, D.D. (1990). Sentirse bien. Barcelona: Paidós.
  • Guzmán, R.E. (2011). Trastorno por somatización: su abordaje en Atención Primaria. Revista Clínica de Medicina de Familia, 14 (3).