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Arte medieval: sus características, y 5 claves para entenderlo

Un resumen de las características del arte medieval para entender esta faceta de la Edad Media.

Arte medieval

Cuando pensamos en arte medieval, probablemente nos vengan a la mente las impresionantes catedrales góticas. Y es que, en el fondo, relacionamos arte medieval con arquitectura (y, mayoritariamente, con arquitectura religiosa). Sin embargo, la Edad Media fue un periodo muy rico a nivel artístico, que no olvidó, ni mucho menos, la escultura y la pintura.

Aun así, si nos preguntan sobre pintura y escultura medievales, es muy probable que arruguemos el ceño y digamos, en un tono un tanto condescendiente, que en la Edad Media no sabían ni dibujar, ni pintar, ni esculpir. Pero la realidad es que llegamos a esta conclusión porque estamos comparando la Edad Media con otros períodos y culturas, cuyos gustos estéticos nada tienen que ver entre sí.

Si de verdad queremos entender el arte medieval y disfrutar plenamente de él, lo primero que debemos hacer es, efectivamente, dejar de comparar. Por una sencilla razón: cada estilo posee un contexto concreto y es el reflejo del espíritu de una época y de un colectivo; por tanto, es único. Nunca podremos penetrar de verdad en los entresijos del arte medieval si andamos comparándolo constantemente con el arte de la Grecia Clásica, por ejemplo. Y ojo, no porque en la Edad Media se hubiera olvidado el mundo clásico, sino porque el arte medieval responde a otras necesidades y a una nueva mentalidad.

5 claves para entender el arte medieval

¿Qué es, entonces, el arte medieval? ¿Cómo podemos entenderlo y, de esta forma, disfrutar plenamente de lo que nos ofrece? En este artículo encontraréis 5 claves que os ayudarán, y mucho, a entender mejor el arte de la Edad Media.

1. Disfruta de la historia

En general, el arte medieval es un arte que narra. Este es, de hecho, uno de los fines más importantes del arte en la Edad Media: contar una historia. Es poco probable que el artista medieval realice una composición con la única idea de “hacer bonito”; si vamos más allá, veremos que, en realidad, lo que nos está queriendo transmitir es un mensaje.

Arte medieval

Esto no quiere decir que los artistas medievales no cuidaran la forma. En absoluto (este es, por cierto, uno de los tópicos que existen acerca de la Edad Media). En todas las etapas de la era medieval, y especialmente en el gótico, los artistas nunca dudaron en embellecer la realidad y utilizar recursos estéticos para dotar al relato de un mayor atractivo. Pero, a pesar de todo, insistimos: el arte medieval es, principalmente, un arte que expresa, que comunica, que narra historias y transmite conceptos. Si tenemos esto presente, disfrutaremos mucho más de la plástica medieval.

2. El arte medieval no es un todo único

... como tampoco lo es la Edad Media en general. Lo que conocemos como “Edad Media” es un período de nada menos que 1000 años, y, obviamente, no podemos meter todos estos siglos en un mismo saco. Y, por supuesto, tampoco a su arte.

No es lo mismo el arte románico, el arte gótico o el arte carolingio, por poner algunos ejemplos. Tampoco es igual el arte que se realiza en el área Mediterránea que el del norte de Europa. Si tenemos claro esto, aparecerá ante nuestros ojos un abanico mucho más amplio y generoso de posibilidades. Porque, básicamente, contextualizaremos de forma adecuada cada obra de arte, lo que nos llevará a comprender mejor el mensaje que desea transmitirnos.

3. El color y la luz

Otro de los tópicos más habituales sobre la Edad Media es esa supuesta oscuridad que reinaba en la época. Este es, en verdad, uno de los prejuicios más fáciles de desterrar ya que, de hecho, los hombres y las mujeres medievales estaban enamorados de la luz y, por tanto, del color. En cualquier manifestación social o artística del Medievo encontraréis abundancia de colores.

En la literatura medieval, encontramos pasajes encantadores, como el que recoge Chrétien de Troyes, uno de los escritores más famosos del siglo XII, en el que el protagonista se queda embelesado observando una gota de sangre sobre la nieve. La descripción que el autor hace del contraste entre el rojo y el blanco es de una delicadeza extrema. De igual forma ocurre con los trajes. La moda combinaba colores casi imposibles (naranjas con amarillos, verdes con azules, violetas con rojos…), todo para exaltar el concepto del color, de la luz, que para el ser humano medieval era, sencillamente, la presencia de Dios. Recordemos la frase Ego sum lux mundi (Yo soy la luz del mundo), que hace referencia a Cristo. La luz es, pues, el principio de todas las cosas.

Fue esta pasión de la Edad Media por la luz lo que llevó a sus artistas a levantar las catedrales góticas y a colocar en sus paredes ventanales multicolores. Además, las paredes de las catedrales no estaban desnudas. Al contrario: estaban policromadas con vivos colores, y en las bóvedas se pintaron incluso espectaculares cielos azules cuajados de estrellas. ¿Qué mejor manera de mostrar que la Edad Media no era una época oscura? Dos de los mejores ejemplos son, sin duda, la magnífica Sainte-Chapelle de París y la abadía de Saint-Denis, el primer edificio gótico de la historia.

4. El tiempo no existe

Para el ser humano medieval, el tiempo es una mera ilusión. El mundo real es inmutable, eterno, porque es donde se encuentra Dios, y Dios no tiene principio ni final. Si tenemos clara esta idea, y, sobre todo, si nos despojamos del concepto de la unidad espacio-tiempo, nos encontraremos en mejores condiciones para comprender el arte medieval. Porque los artistas medievales no pintaban la realidad. O, mejor dicho, no pintaban la realidad humana, la que nosotros consideramos como tal. Ellos pintaban la realidad divina y, por tanto, necesitaban recursos que les permitieran superar el espacio y el tiempo. Porque, ¿cómo transmitir la idea de Cristo, de salvación, de Infierno, de Paraíso, siguiendo fielmente las líneas espacio-temporales?

Las ideas solo pueden plasmarse en un campo más allá de la realidad, y esto, los medievales lo sabían. Por ello, en las representaciones plásticas medievales encontramos también saltos en el tiempo (escenas que se representan juntas cuando en verdad sucedieron una detrás de otra), así como personajes que aparecen uno al lado del otro y que, en realidad, nunca coexistieron. ¿Quiere decir esto que los artistas medievales no sabían representar? Nada más lejos de la realidad. Como ya comentamos en el punto 1, al arte medieval no le interesa reflejar el mundo (al menos, nuestro mundo), sino todo aquello que está más allá de lo tangible.

5. La iglesia y el castillo, los pilares de la Edad Media

Estos son los dos edificios claves para entender la sociedad medieval. La iglesia, por supuesto, tenía una indudable importancia religiosa, pero también social, pues en su interior se celebraban actos de diversa índole que a menudo nada tenían que ver con la religión. De hecho, en esto se ve clara la herencia clásica, ya que las iglesias medievales son hijas de la basílica romana, el lugar de reunión por excelencia. Este es, de nuevo, un buen ejemplo para ilustrar cómo la religión se insertaba en el día a día de las personas; se trataba de algo natural, que fluía en sus vidas con normalidad, igual que los días de mercado, los juicios o las reuniones gremiales.

En el castillo tenemos el vivo ejemplo del mundo feudal. En los primeros siglos medievales, eminentemente rurales, estas fortificaciones adquirieron mucha importancia estratégica, defensiva y militar. Al contrario de lo que a menudo se muestra en las películas, los castillos feudales no tenían apenas lujos, puesto que se trataban de puestos de frontera. Con el avance de la Edad Media y el auge de la burguesía y de las ciudades, el antiguo castillo feudal se va convirtiendo en lo que, con la llegada del Renacimiento, serían las hermosas residencias nobiliarias que, por supuesto, habían perdido ya todo carácter defensivo.

Esperamos que, a través de estas 5 claves, podáis entender mejor qué es el arte medieval y, de esta forma, disfrutar plenamente de todo lo que nos ofrece esta época tan fascinante como incomprendida.

  • Azcárate Ristori, J.M.; Pérez Sánchez, A.E.; Ramírez Domínguez, J.A. (1983). Historia del Arte. Madrid: Anaya.

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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