Imagen: Mary Macgregor

La democracia griega es el sistema de gobierno considerado base de las modernas democracias, especialmente las que están vigentes en los países occidentales.

Surgió en la antigua Atenas, allá por el lejano siglo VI antes de Cristo, aunque tenía diferencias muy marcadas en comparación con nuestra moderna idea de lo que es democrático. A continuación veremos más a fondo cómo funcionaba y quienes tenían derecho a participar.

La democracia de la Antigua Grecia

Tradicionalmente se ha atribuido el origen de nuestras modernas democracias al surgimiento de la democracia griega. Realmente, la forma más apropiada para referirse a este sistema de gobierno es el de democracia ateniense, dado que esta surgió en la ciudad-estado de Atenas, que es de la que se tiene más información. Esta misma democracia fue la que sirvió de modelo para otras polis.

La palabra “democracia” viene del griego clásico “démos”, “pueblo” y “krátos”, “gobierno, poder”, viniendo a significar “el poder del pueblo”. Si bien hoy en día es la democracia el sistema de gobierno más extendido en los países occidentales, tomando raíces en la antigua Atenas, no son pocas las diferencias entre la democracia griega y las actuales. De hecho, la democracia ateniense está muy alejada de lo que consideraríamos un sistema democrático pleno.

Historia y origen de la democracia

Antes de la llegada de la democracia, la ciudad de Atenas estaba gobernada por la aristocracia, y había pasado por diferentes gobiernos que, en esencia, se podrían considerar monarquías, dictaduras oligárquicas y tiranías.

Esto cambió a principios del siglo VI a. C. gracias a Solón, un estadista ateniense quien instituyó una serie de reformas con las cuales fue imponiendo las bases de la democracia helénica, aunque cabe decir que sus reformas fueron contrarrestadas con gobiernos oligárquicos después de su muerte.

Sin embargo, fue a finales de ese mismo siglo cuando se estableció la democracia griega propiamente dicha, gracias a las reformas de otro gobernante, Clístenes. Fue este político quien rompió el poder que ejercían los aristócratas en la toma de decisiones políticas. Cambió la forma de gobierno, haciendo que las decisiones se tomaran reorganizando a los atenienses en tribus en función del lugar en donde vivían, en vez de hacerlo en base a su riqueza.

El mérito no es únicamente de Solón y Clístenes. Efialtes y Pericles también hicieron importantes contribuciones al desarrollo de la democracia griega durante el siglo V a.C. El contexto de fondo fue que los atenienses salieron victoriosos luchando contra las invasiones del Imperio Aqueménida, perpetradas por Jerjes. Fueron estas victorias las que motivaron a los estamentos más pobres de la población ateniense a dar su opinión y querer más derechos, exigiendo una mayor participación en el poder político. Esto fue otorgado por las reformas de Efialtes y Pericles durante la década de 460 a. C.

Organización política

Similar a como sucede en la actualidad, la democracia griega estaba conformada por tres órganos de gobierno: la Ekklesía, la Boule y la Dikasteria.

1. La Ekklesia

La Ekklesía, también conocida como la Asamblea, fue el órgano principal y soberano del gobierno ateniense. Esta institución sería comparable a la de los parlamentos actuales en las democracias modernas, el poder legislativo de la época.Los miembros de la Ekklesía no eran elegidos.

En esta institución se decidía sobre leyes, se elegían magistrados y se acordaba el proceder sobre la guerra y la paz. Los asistentes podían hablar libremente, aunque muy pocos solían hacerlo, y votaban a mano alzada o metiendo una piedra blanca o negra dentro de una urna. Se trataba de una democracia directa y no representativa.

Cualquier ciudadano varón adulto, mayor de 20 años, podía participar y, de hecho, se esperaba que todos los hombres libres así lo hicieran en sus reuniones. La Ekklesía era un club exclusivo, y las mujeres, los esclavos y residentes extranjeros tenían prohibida su participación.

Todo individuo que quisiera que su voz y voto fueran escuchadas tenía que acudir presencialmente al lugar de reunión. Estar de servicio militar o simplemente fuera de la ciudad de Atenas imposibilitaba formar parte del proceso democrático, dado que no existía el voto por correo.

Dado el gran privilegio y suerte que implicaba ser elegido, el no querer asistir a la Ekklesía no era bien visto. De hecho, quienes eran invitados y no iban eran conocidos como “idiotai”, en cuyo sentido más literal y clásico significa algo así como “ciudadano privado”. Esta palabra es el origen etimológico de “idiota”.

2. La Boule

La segunda institución era la Boule, también conocida como el consejo de los Quinientos, que vendría a ejercer de poder ejecutivo. El principal objetivo de esta institución era llevar a cabo el poder práctico del gobierno, reuniéndose de forma frecuente para decidir qué temas serían los que se discutirían en la Ekklesía.

Consistía en un consejo conformado por 500 hombres. Estos procedían de las 10 tribus atenienses, quienes enviaban a 50 hombres cada una de ellas para ser representadas en la Boule. Estos hombres eran seleccionados por sorteo. Los hombres elegidos debían servir en el consejo durante un año.

3. La Dikasteria

La Dikasteria era los tribunales populares, sirviendo como rama judicial de la antigua Atenas. Tenía 500 hombres como la Boule, que eran conocidos como jurados y también eran seleccionados por sorteo. Para ser elegible como jurado se tenía que ser mayor de 30 años.

No obstante, cualquier persona mayor de 20 años podía presentar sus litigios en la Dikasteria, llevando casos ante el tribunal, y defendiendo la acusación o la defensa. Los veredictos y las sentencias eran aprobadas por el gobierno de la mayoría.

El fin de la democracia griega

Los años en los que Atenas fue una democracia son conocidos como su época dorada. Sin embargo, la enemistad con Esparta, otra potencia helénica, y las guerras con esa polis debilitaron a las instituciones atenienses. Atenas se había aliado con muchas ciudades del Mar Egeo, las cuales le tenían que pagarle un tributo. Esparta usó esto como motivo de guerra, sitiando Atenas. Para colmo, la peste asoló Atenas, falleciendo el mismo Pericles.

Pese todo esto, la democracia griega permaneció viva durante casi un siglo, incluso después del fin de la guerra del Peloponeso y de la derrota de Atenas. La democracia perduró hasta el 322 a. C., año en el que Macedonia acabó finalmente con toda institución democrática.

Una democracia impensable hoy en día

Muchas veces se ha idealizado a la democracia griega. No son pocos quienes ven en ella la forma de gobierno perfecta, mientras que las actuales democracias son vistas como corruptas y poco funcionales. Sin embargo, teniendo en cuenta la negación del derecho a voto de mujeres y personas extranjeras esto hace que la balanza caiga claramente a favor de nuestras modernas democracias. Además, la simple existencia de la esclavitud hace que el estado que la permite y que incluso se beneficia de ella sea de todo menos democrático.

No cabe duda que la democracia griega fue un gran desarrollo para la historia de la civilización occidental, y que las democracias actuales toman muchos elementos de ella, pero en su forma más avanzada y humanista. Además, y por mucho que pueda sorprender, en la época también había voces quienes se mostraban críticas con la concepción de lo que era democrático en su momento. Filósofos como Platón y Aristóteles vieron fallas en este sistema de gobierno.

Por ejemplo Aristóteles, en su “Política", escribió que la democracia es la forma perversa de un régimen llamado gobierno. En este sistema la prioridad máxima era la de beneficiar a unos pocos, mientras que el beneficio de la mayoría era una cuestión dejada para último momento. En esencia, no era una democracia verdadera, sino otra oligarquía que se preocupaba solo por quienes ostentaban el poder.

En la “República” de Platón también se pueden encontrar críticas a este sistema de gobierno. Platón consideraba que ofrecer los puestos de la Ekklesía, la Boule y la Dikasteria por sorteo implicaba que muchos cargos gubernamentales sería ocupados por gente que no tendría las capacidades de un buen gobernante. Además, criticó a la figura de la persona democrática radical, quien en su búsqueda por la máxima libertad, quita derechos a los demás.

Referencias bibliográficas:

  • Canfora, L., (2004) La democracia. Historia de una ideología, Crítica, Barcelona.
  • González, J. M. y F. Quesada (1988), Teorías de la democracia, Anthropos,
  • Barcelona.
  • Dahl, R., (1999) La democracia. Una guía para los ciudadanos, Taurus, Madrid.