El muro de Berlín es uno de los ejemplos más claras de cómo nos afecta la política.

La politología es aquella rama de las ciencias sociales que se encarga de analizar y estudiar las relaciones de poder de una sociedad, entendiendo el poder como el contrato entre gobernantes y ciudadanos que se debe respetar dentro de un marco institucional. El poder es aquella capacidad que tiene un actor determinado de influir en un segundo o incluso tercer actor. Es por esta razón que se presenta un acto de interrelación necesaria.

A menudo obviamos este concepto del poder. La politología no se limita únicamente a basar sus investigaciones de naturaleza política, sino que también responde a un entramado de interacciones entre los mismos seres humanos, una parte más antropológica que administrativa. El poder puede darse en las familias, en un grupo de amigos, en el trabajo o incluso entre personajes ajenos.

Los orígenes de la politología

Cabe destacar que este concepto no es ni mucho menos novedoso. Ya en la antigua Grecia, los precursores de la ciencia política como Platón o Aristóteles plantearon un análisis profundo de la configuración del Estado como elemento único de poder para con los demás. Su fundación, leyes, constituciones, organización, usos y costumbres no regladas... todos estos elementos influyen en el comportamiento humano de manera generalizada. Al tiempo que las civilizaciones y/o sociedades han ido creciendo en número y complejidad, estas se han visto obligadas a tomar cuerpo en forma de Estado-nación, y desde esta estructura se afecta sobre la mente y sobre la conducta.

Una vez más, es aquí donde la politología se encarga de desengranar las entrañas del arte de gobernar. El poder, la piedra filosofal entorno a la que gira la política en general, sigue siendo a día de hoy una idea difícil de desarrollar. ¿Se ejerce el poder, o se conquista? ¿Cuáles son sus métodos para implementarse? Estas y otras muchas cuestiones sólo pueden ser respondidas mediante esta ciencia que, hay que insistir, no es exacta.

Aunque los pensadores occidentales fueron precursores en sentar las bases de este concepto, los conceptos de ciencias políticas o teoría política no son acuñados hasta bien entrado el siglo XX, poco después de concluir la Segunda Guerra Mundial. Así pues, fue en el año 1948 exactamente cuando el politólogo alemán Eugen Fischer (1881 - 1964) como una forma universal de dirigirse al mundo académico que se dedicara al conocimiento político. Es evidente que hay una relación entre la politología y la filosofía política, ya que examinar el ejercicio de la política pasa por replantearse constantemente los conceptos que hay sobre el tablero de juego. Sin embargo, también tiene que ver con la psicología, ya que en última instancia todo lo que se estudia se plasma a través del comportamiento humano.

El papel del politólogo

Como cualquier otro tipo de ciencia, la politología requiere de un ente o agente que articule estudios e investigaciones que se le encomiende: esa es la figura del politólogo, que ejerce un rol tanto de investigación como de intervención. Es preciso apuntar que un politólogo no es ningún político, ningún redactor de discursos ni cualquier cargo que se le parezca.

De acuerdo con el rol que se le encomienda al politólogo, éste debe ceñirse a la investigación objetiva e imparcial referente a su campo, sin injerencias que respondan a intereses particulares de grupos de presión, partidos políticos u otros posibles grupos que ejerzan el poder. La realidad política debería ser el objeto de estudio del politólogo, así como resolver las tendencias que se puedan dar de esa realidad.

Entre las muchas funciones del politólogo, éste será el encargado de buscar respuesta a situaciones como la paz y la guerra, quién la provoca, la naturaleza de las mismas; cómo se gestiona el papel del dominado y dominador; parámetros para establecer la justícia de la injusticia; cómo gestionar los conflictos y negociar los intereses de los implicados; directrices para alcanzar el consenso, entre otros problemas.

Teniendo en consideración todos los temas que aborda la complejidad del poder y su acción dentro de la comunidad, debemos introducir un nuevo concepto que funciona como una bisagra en la política: la ética y la moral. Son dos conjunciones inseparables en el ejercicio de la gobernanza, siendo la fórmula última la que forme en cuerpo y legalidad la “justícia social”.

El sector público vs privado

No podemos obviar la novedad relativa de la figura del politólogo dentro del ámbito profesional, especialmente si tenemos en cuenta que la vida política está hermetizada exclusivamente para los partidos que responden a unos intereses ideológicos. Igualmente, la politología -y el politólogo en última instancia- pueden desempeñar importantes tareas dentro de la administración pública que ayudarían a mejorar la calidad de la democracia, si la hubiere, o puede mejorar el rendimiento gubernamental en caso de ausencia.

Sugiriendo algunos de los ejemplos más importantes, la función del politólogo pasa por diseñar las políticas públicas dadas unas directrices, así como la organización de la sociedad civil, la relación entre los poderes judicial, ejecutivo y legislativo, pasando por el manejo e investigación de la opinión pública. Todo ello teniendo en cuenta, a ser posible, una actitud proactiva (evitar conflicto) frente a una actitud reactiva (resolución del conflicto).

Finalmente, en el ámbito privado, las ciencias políticas tienen poco margen de actuación. Al ser entidades de naturaleza distinta, el sector privado puede requerir los servicios de un profesional de la política en organizaciones no lucrativas como las ONGs, empresas dedicadas a socorrer al sector público, como suele ser la externalización de los servicios (outsourcing) o plataformas y medios de comunicación que se dediquen a generar opinión pública.