Mucho se ha tratado de comprender sobre el mundo que nos envuelve, tratándolo de hacer de la forma más objetiva y empírica posible, sin embargo, a veces, las vivencias y sensaciones que tenemos de nuestra realidad puede adquirir una gran importancia, especialmente en el contexto terapéutico.

La fenomenología es una rama filosófica que trata de comprender y darle importancia a cómo las personas vivimos el mundo en el que vivimos, tanto en cuanto a sus aspecto más físico como en términos de interacción social y emocionalidad.

Veamos más a fondo esta compleja corriente filosófica, qué relación tiene con la psicología y cuáles han sido sus autores más destacables.

Fenomenología y su relación con la psicología

La fenomenología es un movimiento filosófico surgido durante el siglo XX, cuyo origen etimológico es ‘phainómenon’, (en griego, ‘aparición, manifestación’) y ‘logos’ (‘ciencia, conocimiento’). Así pues, puede entenderse como ‘el estudio de las manifestaciones.

En esta rama de la filosofía se pretende investigar y describir los fenómenos u objetos tal y como los experimentan las personas. Esta idea no únicamente es aplicable en el campo de la psicología, sino también en otros muchos campos del saber, haciendo que la fenomenología abarque muy variados elementos en función de la materia en donde se aplique.

En el caso de la psicología, la fenomenología se encarga del estudio de las estructuras de la conciencia desde una perspectiva de primera persona, es decir, teniendo en cuenta cómo lo experimenta la propia persona.

¿De qué se encarga?

Definir claramente a qué se refiere la fenomenología con su campo de estudio es una tarea ciertamente complicada.

Como ya íbamos comentando, se podría extraer como idea fundamental dentro de esta corriente, que a su vez es método y rama filosófica, la de ‘ir a entender las cosas mismas’, es decir, tratar de entender el mundo sin tener prejuicios, en forma de conocimientos y teorías previos, que puedan influir en su interpretación.

Orígenes

Si bien es cierto que hemos dicho que esta disciplina y corriente filosófica surgió en el siglo XX, sus raíces son mucho más anteriores. De hecho, la primera persona en utilizar el término ‘fenomenología’ fue el matemático y filósofo suizo Johann Heinrich Lambert, quien lo utilizaba haciendo referencia al método que había propuesto para explicar cómo distinguir entre la verdad, la ilusión y el error.

No obstante, la primera vez que fue definido el término de la forma en que se entiende hoy en día es en la obra del filósofo alemán George Friedrich Hegel, ‘Una fenomenología del espíritu’ (1807). En resumidas cuentas, en esta obra trataba de entender y explicar el desarrollo de la mente humana desde el sentido de la propia existencia.

Pero realmente, la fenomenología no se establece como el movimiento filosófico, tanto teórico como aplicado, que es hoy en día a mediados del siglo XX, cuando Edmund Husserl, de quien hablamos con más detalle más adelante, la fundó metodológicamente hablando. Fue el autor de la fundación de la fenomenología trascendental y, gracias a él, el movimiento se transformó en toda una línea de complejo pensamiento que a día de hoy sigue teniendo un gran peso dentro de las ciencias humanas.

Método fenomenológico y la figura de Edmund Husserl

El método fenomenológico no únicamente adquiere importancia a nivel filosófico, sino que, como ya íbamos comentando anteriormente, ha sido de gran contribución en disciplinas que tratan de comprender a los seres humanos, como lo son la sociología, la psicología y la pedagogía.

Edmund Husserl es considerado el máximo responsable de la visión e idea que se tiene de la fenomenología hoy en día. Dentro de su teoría, se defendía la idea de no presuponer absolutamente nada sobre la realidad percibida y estudiada. Así pues, se puede interpretar que era contrario a conceptos que, si bien están muy aceptados en la sociedad, realmente están constituidos de prejuicios y preconcepciones, como lo son la idea del ‘sentido común’ e ideologías de tipo discriminatorio.

El método fenomenológico, tanto el propuesto por el mismísimo Husserl como la concepción que se tiene hoy en día de la corriente dentro de la psicología, sigue las siguientes tres etapas:

1. Examinar todos los contenidos de la consciencia

Esto viene a indicar que la persona sea consciente de que el objeto que está percibiendo es algo sensible, que está ahí.

2. Tener autoconsciencia

En esta fase, la persona determina si los contenidos percibidos existen realmente o, por el contrario, están constituidos por ideas, es decir, forman parte de su imaginación.

3. Suspender la conciencia fenomenológica

Esto no es más que sentir el objeto percibido por sí mismo, sin entrar en razonamientos de si es o no real, solamente captarlo.

Como se puede entender en base a estas tres fases, es lógico comprender el por qué se ha acusado a la metodología fenomenológica de ser demasiado subjetiva. Al fin y al cabo, se centra en cómo la persona vivencia un fenómeno, no cómo, en términos más objetivos, lo recibe en forma de estímulo los órganos de los sentidos y cómo el cerebro, a nivel fisiológico, lo interpreta.

Lo cierto es que, a día de hoy, la fenomenología sigue aspirando a convertirse en una corriente que trata de combinar tanto los aspectos subjetivos que la persona vivencia con una interpretación lo más objetiva posible de esta interpretación. Lo que sí no hay duda es que el método es más de tipo cualitativo que no cuantitativo.

Representantes de esta corriente

Además de Edmund Husserl, son muchos los grandes filósofos y pensadores de los dos últimos siglos que pueden ser considerados como grandes representantes de la corriente, tanto cuando ésta fue formalmente fundada como cuando aún se estaba originando.

Es de muy importante mención la figura de Franz Brentano, a quien se le ha atribuido ser el origen de la fenomenología moderna. Ya antes del uso del término tal y como se le conoce hoy en día, fueron numerosos los grandes personajes de la historia quienes propusieron los fundamentos fenomenológicos.

Entre ellos se puede encontrar la figura de David Hume, quien en su obra ‘Tratado sobre la naturaleza humana’ muestra ser partidario del enfoque fenomenológico, aunque todavía no se hubiera conceptualizado plenamente. Otro destacable es Immanuel Kant, quien en ‘Crítica de la razón pura’ hace una distinción de los objetos, entendidos como fenómenos, formados y asimilados por la sensibilidad humana, y los noúmenos, que podrían traducirse como ‘cosas-en-sí’ (por ejemplo, el propio pensamiento).

Ya hacia mediados del siglo XX son destacables las figuras de Martin Heidegger y Maurice Merleau-Ponty.

Terapias fenomenológicas

Tradicionalmente, las terapias de orientación humanista han sido relacionadas con los fundamentos de la fenomenología. Desde el punto de vista fenomenológico, la situación terapéutica consiste en un contexto singular en el que se da, por lo menos, la interacción intersubjetiva de dos fenomenologías, es decir, las vivencias del propio paciente y las vivencias del propio terapeuta.

Así pues, el paciente vive su realidad de una forma determinada, la cual, a su vez, es reinterpretada por el propio psicoterapeuta a quien le confiesa su mundo interno. Claro está, el psicólogo no va a interpretar de la misma manera el mundo del paciente como el paciente lo hace. Es decir, será una reinterpretación de una interpretación. Sin embargo, se desprende de las terapias humanistas la idea de que se debe tratar de entender la propia visión del paciente cuando está haciendo referencia a cómo ve y siente el mundo.

Entre las terapias, mayormente de orientación humanista-existencial, que han enfatizado los campos fenomenológicos tanto de paciente como del propio psicoterapeuta mismo se pueden encontrar.

1. Psicoterapia centrada en la persona

Esta terapia, formulada por Carl Rogers, se basa en reflejar, clarificar y transformar el mundo interno del paciente tal y como éste lo describe a su terapeuta.

Desde que la formuló, Rogers defendió la idea de que el terapeuta debía comprender de manera empática la realidad vivida por el paciente, y se debía prescindir de las descripciones clínicas de estas vivencias.

Más tarde, él mismo llegó a destacar la importancia que tiene el hecho de que dos personas compartan sus mundos experienciales, tal y cómo los están viviendo, y así favorecer un enriquecimiento mutuo entre los mundos percibidos por paciente y terapeuta.

2. Psicoterapia corporal

Esta terapia, cuyos fundamentos se encuentran en el pensamiento de Wilhelm Reich, en origen defendía la observación fenomenológica inmediata que el terapeuta hace sobre el cuerpo y los gestos del paciente.

Posteriormente, esta terapia fue concediéndole un mayor peso a los procesos psicológicos y corporales tal como son experimentados y descritos fenomenológicamente por el paciente durante la sesión de psicoterapia.

La psicoterapia post-reichiana se ha ido desarrollando con el objetivo de intentar transformar la experiencia que el cliente/paciente tiene de sí mismo y de su propia realidad corporal.

3. Gestalt

Los terapeutas gestálticos han ido poniendo en relieve la utilidad clínica de la contrastación y clasificación de las diferencias más destacables entre la experiencia fenomenológica del paciente comparadas con la del psicólogo.

Referencias bibliográficas:

  • Moreira, V. (2001). Más allá de la persona: Hacia una psicoterapia fenomenológica mundana. Santiago de Chile: Editorial Universidad de Santiago.
  • Moss, D. (Ed.) (1999). Humanistic and Transpersonal Psychology: A Historical and Biographical Sourcebook. Westport: Greenwood Press
  • Sassenfeld-Jonquera, A., y Moncada-Arroyo, L. (2006) Fenomenología y psicoterapia humanista-existencial. Revista de psicología de la universidad de Chile, 15(1), 89-104.
  • Waldenfels, B. (1992). De Husserl a Derrida: Introducción a la fenomenología. Barcelona: Paidós.