Las frutas son una parte esencial de nuestra dieta, pues según la la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas (FEPEX), cada ciudadano español consume unos 90 kilos de fruta al año, invirtiendo en este tipo de alimento, aproximadamente, 139 euros anuales (unos 165 dólares).

Además, el consumo de frutas por hogares aumentó en un 1,5 % en el año 2019, encabezando la lista de consumo los cítricos (naranjas y limones, con un 28% del consumo total) y siguiendolos de cerca los plátanos, kiwis y otras frutas exóticas. En general, el cultivo y compra de frutos mueve más de 6.300 millones millones de euros en muchos lugares.

Más allá de estos datos mercantiles, existe un mundo de frutos por descubrir más lejos de la nevera. Desde un punto de vista tanto biológico como fisiológico, los frutos son las estructuras que permiten la vida de los vegetales, perpetuando así los ecosistemas tal y como los conocemos. Sumérgete con nosotros en este espacio, donde te contamos los tipos de frutos y sus características. Te aseguramos que, tras leer estas líneas, no volverás a verlos como meros alimentos.

Los tipos de frutos de las plantas, clasificados

El fruto, definido como el órgano procedente de la flor que contiene las semillas, es una estructura biológica que se cree que apareció en el planeta hace más de 174 millones de años. Diversas teorías especulan que estos carnosos compuestos surgieron en base a una presión evolutiva, pues las plantas debían de evitar que los seres vivos se alimentasen de su parte vegetativa, y a su vez, diseminar sus semillas por el medio de forma efectiva.

Por estas razones, no es aleatorio que las frutas nos resulten deliciosas. Están hechas para ello, pues poseen azúcares tales como la glucosa o la fructosa, que nos endulzan el paladar y nos hacen desear consumir más. Al fin y al cabo, los vertebrados no somos más que vehículos de transporte de la progenie para las plantas, pues en un mundo natural, expulsamos con las heces las semillas de los frutos en entornos diferentes.

Más allá de todo este conglomerado evolutivo y biológico, la fisiología de los frutos define a qué tipo pertenecen. Se pueden distinguir hasta 5 tipos según sus características y ciertos parámetros. Te los mostramos todos a continuación.

1. Según la naturaleza del pericarpio

El pericarpio es la parte exterior del fruto que envuelve a la semilla, o para que nos entendamos mejor, la porción carnosa. Si imaginamos en nuestra mente el corte transversal de un melocotón, de dentro a fuera veremos el “hueso” o semilla, el endocarpio (la zona más próxima al hueso), el mesocarpio (la carne de la fruta) y el epicarpio, la cubierta final que le otorga el color y textura al fruto.

Según la naturaleza del pericarpio, un fruto puede ser seco o carnoso. Un fruto seco, como su propio nombre indica, se diferencia de uno carnoso en que contiene menos de un 50 % de agua en su composición natural. En este grupo encontramos a las almendras, avellanas, anacardos y otros muchísimos ejemplos más.

Los frutos carnosos, por otra parte, presentan un pericarpio jugoso o fibroso, con abundante pulpa o carne que almacena agua en su interior. Por mucho que una fruta desecada (como una pasa) no presente casi agua en su estructura, esta sigue siendo un fruto carnoso, pues su contenido de este líquido de forma natural era mayor al 50 %.

Frutos secos

2. Según el número de semillas que contiene

La semilla se define como cada uno de los cuerpos que forman parte del fruto que da origen a una nueva planta. Además de resultar una estructura biológica de sumo interés, el número de semillas encerrado dentro de cada uno de ellos también es un importante factor diferencial a la hora de tener en cuenta los tipos de frutos en la naturaleza.

Los frutos monospermos son aquellos que contienen una sola semilla en su interior, como pueden ser el melocotón antes nombrado, un mango o una oliva. Por otra parte, los polispermos llevan más de una semilla en su interior, y aquí se nos vienen a la mente muchos más ejemplos: plátanos, naranjas, sandías, papayas, fresas...etc. Cualquier fruta que tenga “pepitas”, desde un punto de vista botánico, es polisperma.

3. Según dejen en libertad (o no) a la semilla

Entramos en un terreno un poco más complejo, pues este grupo no se puede dilucidar de una forma tan sencilla solo con observar el aspecto externo de la fruta. Desde un punto de vista meramente botánico, la dehiscencia se define como la apertura espontánea de una estructura vegetal, una vez llegada su madurez, para liberar su contenido. Así pues, si el fruto se “rompe” por sí solo para liberar a la progenie vegetal, estamos ante una estructura dehiscente.

Si bien esto no es tan común dentro del pensamiento colectivo general, un ejemplo de una estructura dehiscente podría ser la vaina de una leguminosa, pues se abre espontáneamente para dejar que las semillas caigan al suelo. Según la forma de rotura del fruto, los tipos de dehiscencia alcanzan un número de términos mareante: poricidas, septicidas, transversales, elásticos… la variedad es inabarcable.

Por otro lado, los frutos indehiscentes son aquellos que no se pueden abrir “por arte de magia” para dejar libres a las semillas, y por lo tanto, tienen que contar con romperse al caer, pudrirse o ser depredados por los animales para que la progenie vegetal pueda germinar bajo tierra. Aquí sí que nos vienen a la mente las frutas de consumo común: sandías, cítricos, plátanos y, básicamente, todas las frutas que se consumen en el mercado general.

4. Según las partes de la flor que intervienen en su formación

Tras la fecundación de un óvulo (situado en la flor de la planta), desaparecen algunas estructuras de la flor, que se secan y se caen, para dar lugar al fruto a partir del ovario. Según las partes de la flor que intervienen en esta formación, podemos distinguir los siguientes grupos:

  • Simples: un solo ovario da lugar al fruto. Este es el caso del madroño (Arbustus unedo).
  • Policárpicos: agrupación de frutos simples. El fruto del magnolio (Magnolia grandiflora) es un ejemplo de ello.
  • Complejos: en la formación del fruto intervienen partes de la flor más allá del ovario. Como ejemplo, tenemos a las fresas.
  • Sinantocárpicos: conjunto de frutos que proceden de una inflorescencia.

5. Según el número de carpelos que intervienen en su formación

Los carpelos son hojas modificadas que forman la parte reproductiva femenina de la flor de las plantas angiospermas. Un conjunto de carpelos se conoce como gineceo, y este, a su vez, puede estar compuesto por uno o más pistilos (que son la unidad estructural formada por el ovario, estilo y estigma). Más allá de estos términos complejos, según el número de carpelos que forman al fruto, podemos encontrar distintos tipos de ellos:

  • Monocárpicos: el fruto procede de un solo carpelo.
  • Policárpicos: el fruto procede de más de un carpelo.

Desde luego, la clasificación de los frutos policárpicos se complica bastante más, pues estos pueden ser apocárpicos o sincárpicos, y dentro de este último grupo, abiertos o cerrados. Tampoco queremos explicar cada una de estas agrupaciones, pues estaríamos incurriendo en una lección botánica demasiado compleja. La idea general de este criterio clasificatorio debe ser la siguiente: un melocotón es un fruto monocárpico, pues procede de un solo carpelo. Por otro lado, una chirimoya es policárpica, pues se pueden apreciar en la superficie del fruto las suturas de los numerosos carpelos que lo componen.

Resumen

Increíble, ¿verdad? Resultaba muy difícil de imaginar, antes de leer estas líneas, que el mundo de los tipos de frutos encerraba una complejidad fisiológica tan intrincada. El ser humano tiene una tendencia fascinante a compartimentalizar todo lo que le rodea, sea o no de uso específico. Aún así, y desde un nivel meramente utilitario, lo que nos importa a la gente que no somos botánicos es si un fruto es seco o carnoso o si tiene una sola semilla o muchas, pues esto nos afecta a la hora de consumirlo de forma directa.

Más allá de la cesta de la compra, estos criterios clasificatorios son de esencial importancia para el estudio de la botánica y de los seres vivos en general, pues ciertos rasgos tan específicos como estos nos permiten realizar claves dicotómicas, es decir, herramientas que facilitan el clasificar a los organismos mediante una serie de sencillos pasos.

Referencias bibliográficas:

  • Consumo de frutas y hortalizas, Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas vivas (FEPEX). Recogido a 24 de octubre en https://www.fepex.es/datos-del-sector/consumo-frutas-hortalizas
  • Frutos, Universidad Politécnica de Valencia, UPV. Recogido a 24 de octubre en http://www.euita.upv.es/varios/biologia/web_frutos/Frutos%20verdaderos.htm#:~:text=Frutos%20monoc%C3%A1rpicos%3A%20cuando%20proceden%20de%20un%20gineceo%20monocarpelar.&text=El%20fruto%20procede%20de%20una,gineceo%20formado%20por%20varios%20carpelos.
  • Tipos de frutos, Universidad de Granada. UGR.es. Recogido a 24 de octubre en http://www.ugr.es/~mcasares/Organografia/Fruto/Tipos%20de%20frutos%20marcos.htm