Muchos padres se habrán fijado que, cuando son muy pequeñitos, sus hijos no lloran cuando los dejan solitos en su habitación. Esto les hace pensar que sus hijos no tienen miedo de quedarse solos y, por esto, no dan mucha guerra.

Sin embargo, esta creencia se va a pique cuando el bebé, que ya tiene unos cuantos meses, ahora sí que los echa de menos: llora, berrea, da pataletas… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué antes no era un problema quedarse solo y ahora sí?

La respuesta a esto la tenemos en la idea de la permanencia del objeto, una capacidad que se va desarrollando a medida que el niño va superando sus dos primeros años de vida.

¿Qué es la permanencia del objeto?

Durante los primeros meses de vida, cuando cualquier objeto queda fuera de la vista del bebé, en su mente este objeto deja de existir. Es como si se desvaneciera. Si no lo ve es que no existe y ya está. Sin embargo, a partir de los 4 meses va, de forma muy paulatina, entendiendo que no ver un objeto no significa que haya desaparecido, sino que puede que esté oculto. A esto lo llamamos permanencia del objeto, y es una capacidad descrita especialmente por el famoso psicólogo suizo Jean Piaget y el principal logro de la etapa sensoriomotora.

El tener la capacidad de representar mentalmente un objeto es un aspecto fundamental para que, al dejar de verlo, entender que sigue existiendo. Los niños recién nacidos no tienen la capacidad para representar internamente objetos, personas ni otros elementos, con lo cual, si dejan de verlos automáticamente se comportan como si se hubieran desvanecido. Por ejemplo, cuando sus padres abandonan la habitación, le quitan el biberón o, simplemente, no ve un juguete, el bebé cree que eso ya no existe.

Sin embargo, a medida que va creciendo es cada vez más consciente de que no ver algo no es sinónimo de que ya no exista. Aunque de forma muy tímida, la noción de la permanencia del objeto se va desarrollando con la edad. Primero, el bebé comprende que si ve partes de un objeto medio oculto, significa que el objeto en cuestión está ahí. Después, cuando le oculten un juguete, siempre y cuando haya visto como se lo escondían, irá en su búsqueda. Llegados los dos años ya es capaz de buscar por su propia cuenta los objetos.

¿Cómo se desarrolla esta habilidad?

En su teoría del desarrollo cognitivo Piaget habla de hasta seis subetapas en las que la noción de la permanencia del objeto va desarrollándose.

1. Subetapa de la actividad refleja

Esta subetapa va desde el nacimiento hasta el primer mes. El bebé aprende cómo puede moverse su cuerpo, aunque todavía tiene una visión muy borrosa y sus lapsos de atención son más bien cortos. Se limita a ejercitar reflejos innatos.

Los tres principales logros de esta subetapa son chuparse los dedos, seguir con los ojos algo que se mueve y cerrar las manos.

2. Subetapa de reacciones circulares primarias

Se corresponde con el mes 1 al 4 de vida. El bebé ve los objetos y empiezan a fijarse más en ellos. Puede que cuando le escondan un objeto el bebé trate de buscarlo durante un rato, pero no va a esforzarse mucho y, al cabo de poco tiempo, hará como que ya no existe. No hay permanencia del objeto de ninguna manera.

Sin embargo, el bebé sí que muestra ciertas respuestas anticipatorias ante imágenes y sonidos familiares, como puede ser abrir la boca ante una cuchara o succionar al aire al ver un biberón. Sus acciones son menos reflexivas que en la subetapa anterior, y ya se comporta de forma más intencional. Descubre cómo usar su cuerpo.

3. Subetapa de reacciones circulares secundarias

Esta etapa va de los 4 a los 8 meses. Los bebés alcanzan objetos que están parcialmente escondidos, sobre todo en el séptimo mes. No es permanencia del objeto del todo, puesto que si el objeto es escondido por completo el bebé no lo buscará.

4. Subetapa de coordinación de las reacciones circulares secundarias

Esta etapa va de los 8 a los 12 meses y ya podemos hablar de permanencia del objeto. El niño es capaz de recuperar un objeto que se encuentra totalmente oculto en la misma habitación, siempre y cuando haya visto como se lo escondían.

5. Reacciones circulares terciarias

Esta etapa va de los 12 a los 18 meses. El niño está en condiciones de recuperar un objeto oculto varias veces dentro de su punto de vista, pero no puede localizarlo cuando esté fuera de su campo perceptual. Es decir, si se le esconde un juguete sin que él esté viéndolo y en un lugar que no le suena que pudiera estar, el niño no lo va a encontrar. Esto es debido a que el bebé todavía no tiene la capacidad de representación interior para representar el objeto e imaginarse varios lugares en los que podría estar.

6. Resolución simbólica de problemas

El niño ya comprende perfectamente la idea de permanencia del objeto. Es capaz de entender que los objetos pueden estar ocultos en lugares nuevos, es decir, se puede hacer una representación mental de que un osito está, por ejemplo, dentro de un contenedor, aunque nunca antes lo haya visto ahí. Puede representar mentalmente imágenes del objeto y plantearse diferentes escenarios en donde podría estar. No necesita haber visto como se lo escondían para ir en su búsqueda.

¿Qué relación hay entre la permanencia del objeto y la ansiedad por separación?

Hay mucha relación entre la permanencia del objeto y la ansiedad por separación. Seguramente muchos padres lo habrán vivido de primera mano, sobre todo si han inscrito muy pronto a sus hijos a la guardería.

Los primeros meses, cuando apenas tienen un año cumplido, se portan muy bien cuando los papás se van una vez los han dejado ahí. Sin embargo, a medida que crecen hay un momento en el que empiezan a llorar cuando se los deja solitos, ya sea en la guardería o en cualquier otro lugar.

Esta ansiedad por separación se explica por la noción de permanencia del objeto. El pequeño empieza a comprender que sus padres no han desaparecido, sino que se han ido, y no sabe cuándo van a volver. Que las principales figuras de apego los dejen solos es algo que los bebés pueden vivir con mucha angustia e, incluso, pueden interpretarlo como abandono, motivo por el cual se ponen a llorar.

¿Cómo descubrir si el bebé ha adquirido esta habilidad?

Aunque los hallazgos de Piaget han sido fundamentales para la psicología del desarrollo, no son pocos quienes los ponen en duda. Un ejemplo de ello lo tenemos en T. G. R. Bower, quien con sus experimentos llegó a encontrar casos de total adquisición de permanencia del objeto en niños de tan solo 3 meses de edad, algo que es muy prematuro teniendo en cuenta que Piaget hablaba de, como mínimo, 16 meses.

Sea cierto o no, lo que sí que no debe caber duda es que cada niño es un mundo y que la velocidad con la que va a adquirir la permanencia del objeto varía de persona en persona. Las subetapas propuestas por Piaget no se deben ver como la normal fija e inamovible, puesto que pueden haber niños que tarden un poquito más y otros que tarden un poquito menos. Incluso se ha debatido sobre si la permanencia del objeto depende de factores culturales y estimulación temprana.

Son muchos los juegos que pueden usar los padres para comprobar hasta qué punto su hijo ha desarrollado o no las primeras señales de permanencia del objeto y ver si está avanzado o un poco atrasado con respecto a su edad cronológica. A continuación vamos a hablar de dos muy simples y fáciles de hacer en el hogar.

1. El Cucú-tras

El cucú-tras es el típico juego que todo padre, madre, hermano y abuelo ha hecho a un recién nacido. Simplemente consiste en que el adulto se tape la cara con las manos diciendo “¿Dónde está Menganito?” y después se la destape y diga “Aquí está”. Este juego tan típico puede parecer una cosa muy básica, pero si otra persona observa cómo reacciona el niño cuando la persona que está delante suyo se tapa la cara, comprenderá hasta qué punto tiene o no una ligera noción de permanencia del objeto.

Si todavía no ha desarrollado para nada esta habilidad, en el momento que su padre o madre se tape la cara se quedará verdaderamente impresionado. Es como si se preguntara “¿Ha desaparecido papá? ya no está delante de mí”. Más o menos a partir de los 8 meses este truco ya no nos servirá para divertir al bebé, puesto que entiende que detrás de las manos hay una cara, sobre todo si sigue viendo las orejas o el cabello.

2. Esconder juguetes y jugar al escondite

Si lo que queremos hacer es replicar el experimento de Piaget la mejor forma es usando juguetes y escondiéndolos. En función de cómo los escondamos podremos descubrir en qué subetapa se encuentra. También podemos jugar al escondite y ver cómo reacciona el pequeño.

Puede que escondiéndolo parcialmente el bebé entienda que ese juguete está ahí, pero, cuando lo escondemos del todo, aunque haya visto cómo lo hacíamos, ya no vaya en su búsqueda. También se puede hacer jugando al escondite, haciendo que su figura de apego se esconda parcial o totalmente y que el niño haya visto cómo lo hacía. En este caso, se encontraría en la subetapa de reacciones circulares secundarias.

Referencias bibliográficas:

  • Bower, T.G.R. (1974). Development in infancy. San Francisco: Freeman.
  • Baillargeon, R., Spelke, E.S. & Wasserman, S. (1985). Object Permanence in Five-Month-Old Infants. Cognition, 20, 191-208.
  • Bower, T. G. R., & Wishart, J. G. (1972). The effects of motor skill on object permanence. Cognition, 1, 165–172.