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En el artículo previo, analizamos el bullying desde la teoría mimética. Logramos identificar el acoso escolar como parte de un círculo de violencia que surge del fenómeno mimético en el que nos encontramos inmersos, mismo que da explicación a un sinfín de comportamientos humanos. Ahora bien, con base en la teoría mimética de René Girard, los deseos humanos son concebidos como impulsos o motivaciones cuya raíz no surge internamente, sino que son esencialmente derivados, es decir, que su naturaleza es externa al sujeto deseante. 

Violencia en el ámbito familiar: causas y efectos

Para ejemplificar lo anterior podemos mencionar brevemente las situaciones de conflicto mismas de relatos míticos, como el de la fundación de Roma (la pugna entre Rómulo y Remo) o el del Génesis (la rivalidad mortal entre Caín y Abel), donde podemos encontrar esa competitividad no tanto por conseguir lo que el otro tiene, sino por convertirse en el otro, por usurpar su identidad, en la que vemos una autonomía y dominio de la que uno carece (llamémosle el 'deseo de ser otro'). 

Es en este proceso de apropiación que entra en juego este deseo de someter, de dominar o incluso de destruir, acciones que son reproducidas en todos los ámbitos sociales.

La pulsión de dominación: una aproximación psicoanalítica al fenómeno de la violencia

Siguiendo esta línea de pensamiento podemos advertir que si la educación es el reflejo de la sociedad y viceversa, el problema de la violencia escolar es un cáncer que aqueja no sólo a los actores educativos, sino a toda la sociedad. Habiendo analizado ya las conductas negativas que caracterizan el bullying demos un paso atrás para tener una visión panorámica que nos permita estudiar otro de los componentes que configuran este conflicto. Mirando más allá de la escuela, encontramos a la familia, núcleo fundamental de la sociedad. Es el soporte elemental, base de la estructura social, la cual refiere a la conformación sistemática de correlación entre individuos directa e indirectamente vinculados dentro de una sociedad.

Atendiendo a esto último, en México existe un refrán popular: la educación se mama con la leche, significando que el desarrollo de las capacidades intelectuales y morales de las personas comienza en el hogar, si bien esto es cierto para bien o para mal, también es una condena. Pero, ¿qué es lo que nuestros niños están mamando en casa? 

La mayoría de las investigaciones estudian los efectos que tienen en los hijos la violencia intrafamiliar, pero no en todos sus aspectos y dimensiones, pues se enfocan principalmente en las agresiones que son directamente dirigidas hacia los menores siguiendo la línea de relación padre/madre-hijo/hija. No obstante, analizar la relación entre las distintas formas de agresión, maltrato o negligencia en las familias podría develar datos relevantes para el estudio de la violencia intrafamiliar y sus consecuencias, es así que de acuerdo con una investigación realizada por el Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona, respaldada por el National Center of Child Abuse and Neglect, los niños testigos de violencia conyugal/familiar (ya sea vista u oída), padecen tanto como aquellos víctimas directas de violencia, desde la consideración de que las consecuencias que de ella se derivan son las mismas.

El niño que vive en un entorno familiar violento

De acuerdo con la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, la violencia entre los niños y los adolescentes tiende a desarrollarse principalmente bajo un entorno donde el menor se encuentra en condiciones y situaciones particularmente estresantes, sobre todo aquellas relacionadas con la familia, entre algunos ejemplos podemos mencionar la monoparentalidad, la ruptura o inestabilidad de un matrimonio, la situación de desempleo de los padres -que a su vez provoca un nivel bajo de ingresos familiares-, así como distintos aspectos de la parentalidad que pueden contribuir a un comportamiento violento entre los niños. 

Ser padre/madre es una tarea compleja, nadie nace sabiendo ser padre y esto puede manifestarse por medio de un control poco apropiado (falta de vigilancia, autoridad y de responsabilidad de los niños), disciplina muy estricta (laxismo e incoherencia disciplinaria), disensión entre los padres, rechazo del niño y participación limitada y/o falta de interés por las actividades del niño, falta de comunicación e incongruencia en los modelos de conducta de los padres.

Los efectos psicológicos de la violencia intrafamiliar en los niños

Entonces, siendo la violencia un cúmulo de incertidumbre y de frustraciones de las que el menor le es imposible localizar entre sus capacidades (patrones de comportamiento social) los medios socialmente adecuados y necesarios para hacer frente, buscará reducir la tensión mediante comportamientos de crisis, demostrando distintos desequilibrios mentales y emocionales en su comportamiento tales como la distracción, la baja autoestimatrastornos de sueño, sentido de culpabilidad y agresión contra sus pares, miembros de la familia y propiedad ajena.

Hoy en día, los niños están expuestos a la violencia endémica desde una edad más temprana en comparación a hace unas décadas. Según las estadísticas mundiales de la OMS, tan sólo en el 2011 se produjeron 250,000 homicidios entre jóvenes en un rango de 10 y 29 años de edad

Con respecto a la violencia sexual, un estudio internacional informa de que entre un 3 y un 24 % de las mujeres vivieron su primera experiencia sexual por obligación. Por último, un estudio realizado en 40 países demuestra que la exposición a la violencia y el acoso afecta tanto a los niños (8,6-45,2 %) como a las niñas (4,8-45,8 %), sin mencionar que un 15 % de niños de entre el 1er y 8º grado, reveló que había sido objeto de intimidación o acoso “más de una o dos ocasiones” durante las seis semanas previas al sondeo.

Si bien es cierto que ya se están llevando a cabo recomendaciones de distintos organismos y programas a nivel internacional y dentro de cada nación, es necesario hacer hincapié en la importancia de erradicar la violencia desde el hogar.