Panettiere, duelo y depresión posparto: por qué tantas madres recurren a los ansiolíticos

El duelo de la actriz por la hija que no pudo criar retrata a miles de mujeres medicadas en España.

Periodista | Editor de Psicología y Mente · Publicado 23 sep 2026 · 8 min lectura
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Hayden Panettiere protagonizó el último capítulo de su vida el pasado agosto, a los 36 años, encontrada sin vida al parecer por una sobredosis accidental. La famosa actriz estadounidense de la serie Héroes tuvo muchos superpoderes a lo largo de su vida, pero no el de sobreponerse a las adicciones, acentuadas por una fama prematura, dismorfia corporal y una maternidad frustrante.

La intérprete dejó escrito en su autobiografía This Is Me (2026) uno de los testimonios más crudos que se conocen sobre una forma de duelo de la que apenas se habla: el de la madre que sigue viva, cuya hija también lo está, pero que ha perdido la posibilidad de criarla. Tras el nacimiento de su hija sufrió una depresión posparto severa. No sentía rechazo hacia la niña, pero no lograba vincularse con ella y vivía en un estado constante de ansiedad. Para acallarlo, bebía. Cuando la pequeña tenía tres años, el padre le pidió la custodia y ella acabó firmándola. Lo describió como la experiencia más desgarradora de su vida y lamentaba tener que ejercer la maternidad a través de una pantalla. "Nadie debería criar a su hija por FaceTime", dijo Panettiere.

Su historia contenía otro dato revelador. Según contó, su relación con la adicción empezó con una pastilla que un publicista le dio para aguantar una alfombra roja, y que describió como la puerta de entrada a los fármacos. No hay que ser estrella de Hollywood para reconocer ese patrón: un malestar que se atiende con una pastilla antes que con una conversación. En España ese patrón tiene nombre, cifras y, sobre todo, rostro de mujer.

España, el país de los tranquilizantes

España encabeza el consumo mundial de benzodiacepinas. Ya en el informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), con datos de 85 países, el país lideraba el índice de consumo por encima de las 50 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, seguido de Serbia, Uruguay, Israel, Estados Unidos y Hungría. Los registros de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) mostraban que en 2020 se consumieron 91,07 dosis diarias de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes por cada 1.000 habitantes, un 4,5% más que el año anterior y casi un 10% más que una década antes.

La tendencia no se ha frenado. En mayo de 2026, en unas jornadas organizadas por la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) en Ciudad Real, su presidente, Carlos Roncero, situó el consumo español en unas 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, muy por encima del resto del entorno europeo, según recoge la nota de prensa oficial de la Junta de Castilla-La Mancha. En el mismo encuentro se estimó que más del 7% de la población toma estos fármacos cada día.

Una adicción con sesgo de género

Lo que distingue a las benzodiacepinas de casi cualquier otra sustancia con potencial adictivo es quién las consume. La médica de adicciones María del Mar Sánchez Fernández, del Hospital General Universitario de Ciudad Real, lo resumió en esas jornadas: son la única sustancia adictiva cuyo consumo es mayor en mujeres, que reciben el 67% de los envases recetados, sobre todo para tratar el insomnio (52% de las prescripciones) y la ansiedad (51%). Según la nota de la Junta, el consumo alcanza al 14,7% de las mujeres frente al 9,3% de los hombres.

Los datos oficiales anteriores ya apuntaban en esa dirección, y lo hacían precisamente en la franja de edad de la crianza. La Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2019-2020 del Ministerio de Sanidad mostraba que el 8% de las mujeres de 15 a 64 años reconocía tomar hipnosedantes a diario, con o sin receta, el doble que los hombres. La Encuesta Nacional de Salud de 2017 situaba el consumo de tranquilizantes en el 16,12% de las mujeres mayores de 15 años, frente al 8,63% de los hombres, y en el 24% entre quienes se dedican únicamente a las tareas del hogar, un trabajo que en España recae mayoritariamente en mujeres.

Para Sánchez Fernández, este fenómeno responde a una realidad social y sanitaria compleja, marcada por la ansiedad, la sobrecarga emocional, las desigualdades de género y la medicalización del malestar psicológico.

La depresión posparto, un malestar que no cabe en una receta

La depresión posparto es mucho más frecuente de lo que sugiere el silencio que la rodea. Un informe de consenso del Consejo General de la Psicología de España, publicado en Clínica y Salud, estima que afecta aproximadamente al 15% de las mujeres durante el primer año tras el parto, y constata que en España no existe consenso sobre cómo evaluarla y tratarla. Sus autoras reclaman protocolos de cribado obligatorios en todas las comunidades autónomas y programas de prevención a cargo de profesionales de la psicología con formación específica.

Ese vacío asistencial conecta directamente con el consumo de psicofármacos. Cuando la ansiedad o el insomnio de una madre reciente llegan a una consulta de atención primaria saturada, la respuesta más rápida suele ser una receta. El psiquiatra Mikel Munárriz, entonces presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, lo explicó así: evitar prescribir una benzodiacepina exige más tiempo que prescribirla, porque hay que explicar al paciente qué le ocurre y cómo afrontarlo, y con cincuenta pacientes en una mañana ese tiempo no existe. Además, apuntó que los estereotipos de género podrían hacer que se receten más ansiolíticos a las mujeres.

El catedrático Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, sostiene que la ansiedad no se resuelve "anestesiando" los síntomas. Su ensayo clínico en atención primaria mostró que el 70% de los pacientes con ansiedad que recibieron atención psicológica dejó de padecerla, frente al 20% de quienes solo fueron tratados con benzodiacepinas. Pero España cuenta con seis psicólogos por cada 100.000 habitantes, 12 puntos por debajo de la media europea.

Cuando la pastilla se queda

El problema no es el fármaco en sí, sino su permanencia. Celso Arango, entonces presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, recordaba que las benzodiacepinas son seguras y eficaces como tratamiento sintomático, pero que se mantienen tratamientos que ya no son necesarios, se cronifican y acaban provocando abuso y dependencia. El uso se vuelve problemático cuando se prolonga más de cuatro semanas o aparecen señales de dependencia, como la tolerancia, la ansiedad de rebote al dejarlo, la interferencia en la vida diaria o la automedicación.

Además, muchas de estas mujeres no consumen solo benzodiacepinas. Presentan con frecuencia patología dual, y entre los trastornos asociados destacan la ansiedad, la depresión mayor, la distimia, el trastorno por estrés postraumático y el insomnio crónico, junto con combinaciones con alcohol, tabaco u opioides para potenciar el efecto calmante o aliviar la abstinencia. Depresión tras el parto, alcohol, ansiedad crónica: es exactamente el cuadro que describió Panettiere.

Madres que no piden ayuda

Aquí el duelo por la maternidad perdida se cruza con una barrera estructural. Según la SEPD, el estigma genera culpa, aislamiento y ocultamiento de la adicción, y eso dificulta que las mujeres accedan a tratamiento, sobre todo si son madres o tienen cargas familiares y carecen de apoyo para ausentarse de casa. A ello se suma que los centros de tratamiento de adicciones se diseñaron históricamente desde una perspectiva masculina.

Las consecuencias de ese muro se miden en años. Según los datos presentados en el congreso estatal de UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, celebrado en Murcia en abril de 2026, las mujeres con adicciones tardan de media hasta diez años más que los hombres en pedir ayuda. Solo el 22% de las personas atendidas en la red por adicciones con sustancia son mujeres. La organización insiste en que esa cifra no significa que haya menos casos, sino que a ellas les cuesta más entrar en tratamiento y mantenerse en él. Entre los obstáculos cita el estigma social, la carga de los cuidados, la dependencia económica, la falta de recursos adaptados y el miedo a perder la custodia de sus hijos e hijas. UNAD resume el resultado así: las mujeres llegan más tarde y en situaciones más complejas.

La entidad describe además un doble estigma. Al juicio social que pesa sobre cualquier persona con adicción se suma el de género, por "incumplir" los mandatos de cuidado que tradicionalmente se asignan a las mujeres. En el caso de las madres, ese segundo juicio es aún más duro.

El resultado es un círculo difícil de romper. Una madre con depresión posparto —o algún tipo de duelo relacionado a la maternidad o crianza— que se medica, o que bebe, retrasa la petición de ayuda precisamente por miedo a perder a su hijo. Y cuando la ayuda llega, años más tarde, a veces llega junto con esa pérdida. Panettiere aceptó ceder la custodia porque entendió que su hija necesitaba estabilidad. Pero nadie le ofreció, antes de llegar a ese punto, un sistema pensado para sostenerla a ella como madre.

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Aitor Sáez. (2026, septiembre 23). Panettiere, duelo y depresión posparto: por qué tantas madres recurren a los ansiolíticos. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/drogas/duelo-y-depresion-posparto-ansioliticos

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