Una muestra de cómo suelen ser escritos esta clase de textos narrativos. Unsplash.

Es probable que en alguna ocasión hayas leído u ojeado alguna autobiografía de algún autor, o bien que te hayan mandado hacer una pequeña autobiografía como tarea de clase o como presentación ante un grupo. En cualquiera de los dos casos e independientemente de su propósito estaremos ante un escrito que recoge de manera resumida los principales acontecimientos vividos a lo largo del transcurso vital del sujeto protagonista, elaborada por sí mismo.

Sin embargo, y especialmente cuando se nos pide hacerla, en ocasiones puede ser confuso o podemos no saber qué incluir exactamente. Es por ello que en este artículo veremos un pequeño y resumido ejemplo de autobiografía.

Un ejemplo de autobiografia

A continuación veremos un breve ejemplo de autobiografía basada en un personaje ficticio. Concretamente vamos a imaginar que la realiza un hombre de treinta años de edad, de nombre Peter (aunque este último detalle es indiferente), y durante su desarrollo vamos a ir dividiéndola en diversas secciones en función del momento vital al que hagan referencia.

“Mi llegada al mundo y primeros años”

En esta parte de la autobiografía se presentan los datos básicos del nacimiento de quien escribe, y lo que ocurrió durante su niñez temprana. Se presenta el contexto familiar y social en el que empezó la socialización.

Nací hará hoy treinta años, en un caluroso 3 de octubre de 1988, en la Maternidad de un hospital situado en la ciudad de Murcia. Si bien el tercero y más joven de de mis hermanos, mi nacimiento fue también altamente deseado por mis padres. Los dos primeros años de mi vida fueron muy felices, rodeado de mi familia y empezando a descubrir el mundo que me rodeaba. Sin embargo durante el segundo de ellos mis padres recibieron una oferta de trabajo en Madrid, mudándonos todos a un piso cercano a la Puerta del Sol.

“La etapa de la escuela”

En esta fase de la autobiografía se prosigue explicando lo que ocurrió durante la niñez, en este caso vinculada a la entrada en contacto con el mundo de la educación formal.

A los tres años fui escolarizado en una escuela de la zona, siendo una etapa que recuerdo como feliz e inocente. Mis notas en aquella época eran relativamente elevadas, y aprender a leer y escribir supuso el nacimiento de lo que sería una gran afición: la lectura. Las matemáticas sin embargo fueron una asignatura en la que nunca destaqué.

Recuerdo también las tardes jugando en el parque con algunos amigos de la escuela, así como las vacaciones en distintos pueblos de la zona o revisitando mi Murcia natal.

“Adolescencia: una fase compleja”

La adolescencia introduce un cambio cualitativo en cualquier autobiografía, ya que aquí se introducen por primera vez los temas vinculados a la adultez y la entrada en contacto con el pensamiento más abstracto.

La adolescencia fue para mí complicada. Dado que pese ser sociable soy extremadamente reservado, en aquella época me era difícil hacer amistades estables, teniendo unos pocos amigos que aún hoy en día conservo. También tuve algunos problemas de autoestima con mi imagen corporal, algo que hizo que empezara a practicar deporte con gran intensidad (algo que terminaría por convertirse en afición). Asimismo empezaría a tontear con el teatro, la poesía y la literatura, escribiendo e interpretando si bien solo como hobby. Esa etapa también fue muy emocionante, descubriendo los primeros amores y empezando a viajar por distintos países de Europa.

Otro aspecto que me fue especialmente difícil en aquella época fue la de decidir mi futuro profesional. Cruzaron por mi cabeza múltiples opciones, como por ejemplo dedicarme a la física teórica (una materia que siempre me gustó), además de opciones como informática o biología. Sin embargo, terminaría por decidirme por estudiar medicina. Antes de ello tuve que afrontar las pruebas PAU o Selectividad, las cuales conseguí superar con éxito y con la nota suficiente como para entrar en dicha carrera.

“Iniciando mi andadura adulta”

La adultez es la etapa de la consolidación de la personalidad, el desarrollo de aficiones e inquietudes personales, y en muchos casos la consecución de la estabilidad económica.

Conseguí plaza en la Universidad de Barcelona, donde en mi primer año conocería a un gran número de personas de diferentes orígenes y procedencias y de quienes pude aprender mucho. Desgraciadamente, sólo conservaría contacto con media docena de ellos, los cuales se convertirían en amigos cercanos. Tras varios años de carrera y tras presentarme a la prueba de acceso al MIR, conseguí entrar como residente en el Hospital Clínico. Fue una etapa dura, con guardias constantes y haciendo frente a situaciones complejas y urgencias médicas que además de aprender a nivel profesional me hicieron valorar cada vez más la importancia de vivir el momento.

Durante la residencia encontré también a quien sería el amor de mi vida, residente en psiquiatría con gustos artísticos y una mentalidad fuerte pese a mostrar un lado frágil que despertaba en mí un fuerte instinto protector. Quedamos inicialmente como compañeros de profesión, para poco a poco ir haciéndonos amigos. En 2010 terminé mi residencia, habiéndome especializado en inmunología, durante la fiesta de celebración finalmente le pedí que saliera conmigo. Aceptó.

“Situación actual”

En muchas autobiografías, la etapa más ercana al momento en el que se escribe es descrita con mayor detalle y dedicación que el resto. Es por ello que en esta parte del texto suele haber más libertad, ya que los temas a abordar y el enfoque a utilizar varían mucho.

Ese mismo año, sorprendentemente, entraría a trabajar en el hospital tras conseguir la plaza dejada por una jubilación. Asimismo me contrataron en una empresa privada. A pesar de que apenas tenía tiempo para mí más allá de las vacaciones (que aproveché para viajar por Europa), apenas tenía tiempo libre. Afortunadamente, también iba consiguiendo una cartera de clientes. Mi relación de pareja se deterioró y incluso estuvimos a punto de romper, pero sobrevivió.

Durante 2014 se celebró una reunión de alumnos de mi promoción en la universidad, reencontrándome con mis compañeros y surgiendo la idea de crear entre todos una clínica médica y psiquiátrica. Terminaríamos de planificarla y definirla ese mismo año, creando una Sociedad Limitada. Aunque inicialmente empezamos con pérdidas, sorprendentemente hacia mediados de 2015 recuperamos la inversión inicial.

En 2016, tras años de relación con la que a día de hoy sigue siendo mi pareja, decidí pedirle que se casara conmigo. El proceso fue largo y planificado durante meses, consiguiendo en primer lugar hacer coincidir nuestras vacaciones de ese verano para ir juntos a París, durante el mismo fin de semana que en 2012 aceptó salir conmigo. Allí, concretamente a las doce de la noche y en la última planta de la Torre Eiffel, hinqué la rodilla en el suelo, saqué un anillo que había comprado meses antes y le pedí matrimonio. Y dijo sí.

Y aunque ya han pasado dos años así llegamos al día de hoy, tres de octubre de 2018, en un momento de mi vida en la que mi trayectoria profesional aún debe continuar durante muchos años más y he conseguido junto a mis socios abrir una clínica con relativo éxito, a la vez que afronto el que sin duda será mi mayor proyecto: mi próxima paternidad.