La filogenia y la ontogenia son dos palabras que suelen aparecer juntas, lo cual hace que, en más de una ocasión, uno piense que son sinónimas. Pero no lo son.

La primera describe la relación evolutiva entre las especies que pueblan la tierra, mientras que la segunda se encarga de estudiar el proceso madurativo de los seres vivos.

No obstante, y pese a que no significan lo mismo, la teoría de la evolución no ha podido evitar relacionarlas, y con razón, dado que, en esencia, ambas describen cuál es el origen y qué tipos de cambios se dan en esa idea tan compleja que es al vida. Veámoslo a continuación.

Filogenia y ontogenia: ¿qué describen en biología?

Las palabras “filogenia” y “ontogenia” fueron introducidas en 1866 por el naturalista y filósofo alemán Ernst Haeckel, muy inspirado por la obra de Charles Darwin y quien popularizó la obra del naturalista inglés en tierras germanas.

La palabra filogenia la utilizó para describir al desarrollo histórico y genérico de una especie, es decir, cómo ha ido cambiando una especie a lo largo del tiempo y cómo se la puede relacionar con otras especies dentro del árbol de la evolución.

La palabra ontogenia describiría el desarrollo individual, es decir, la maduración de un organismo. Hoy en día ambos términos tienen más o menos la misma idea detrás, aunque, y gracias sobre todo a los avances de la genética y el desarrollo de tecnología como los rayos X, ambos campos biológicos han ido aumentando sus conocimientos.

¿Qué es la filogenia?

La filogenia (de griego “phylon”, especie, raza, y “génesis”, origen, generación) es el estudio dentro de la biología que se dedica a estudiar el origen y el desarrollo a lo largo de la historia evolutiva de las especies que pueblan el planeta, además de elaborar genealogías que las relacionen.

El punto de partida para conocer la filogenia de los seres vivos es establecer similitudes entre diferentes especies. Esto se hace analizando su ADN, su morfología, su embriología, uso similar de extremidades y otros aspectos. En caso de que en dos o más especies se encuentren similitudes en esos aspectos mencionados, se puede decir que debe haber alguna relación genética o parecido evolutivo.

Hay especies que pueden tener una relación evolutiva muy estrecha, dado que puede darse el caso de que compartan un antepasado en común, es decir, una especie de la que ambas especies modernas descienden. Esta es la principal cuestión que ocupa el estudio filogenético, y es lo que permite elaborar árboles filogenéticos muy sofisticados.

Estos árboles, que en la actualidad optan por basarse en estudios de lo genético, constituyen las bases sobre las cuales se asienta el conocimiento filogenético. Son clasificaciones científicas que permiten ver cómo de cercanamente están relacionadas diferentes especies, tanto modernas como pasadas y extintas, y ver cómo estas relaciones han ido cambiando a lo largo del paso de la historia evolutiva.

Cabe decir que estos árboles filogenéticos no son una cosa moderna. Ya en “El origen de las especies” (1859), de Charles Darwin, aparece dibujado un árbol en el que el naturalista inglés trata de representar, de forma visual, cómo se relacionan las diferentes especies modernas.

Sobre la filogenia humana

La filogenia humana es el estudio del origen y desarrollo a lo largo de la historia evolutiva, tanto del ser humano moderno (Homo sapiens sapiens) como de sus especies homínidas predecesoras o emparentadas, como sería el caso del neandertal.

En el árbol filogenético humano encontramos, además a otros primates, como los prosimios modernos, los monos del Nuevo y Viejo Mundo, el gibón, el orangután, el chimpancé y los gorilas.

La filogenética moderna considera que forman parte del árbol filogenético humano, en base a los hallazgos encontrados hasta la fecha, las siguientes especies y géneros: Pliopithecus, Dryopithecus, Oreopithecus, Ramapitecus, Australopithecus, Paranthropus, Australopithecus avanzado, Homo erectus, Homo erectus soloensis, Homo neanderthalensis, Homo rhoesiensis, y Homo sapiens moderno.

¿Qué es la ontogenia?

La ontogenia (del griego “onto”, ser y “genesis”, origen, generación) es otro campo de la biología que se encarga de estudiar el desarrollo de los seres vivos a lo largo de su vida individual, es decir, estudia cómo se forman, tanto antes como después de nacer, los organismos y su proceso madurativo.

La ontogenia reconoce diferentes etapas en el desarrollo de organismo, dándose su inicio con la fecundación de una célula reproductiva con otra, esto es, la unión entre dos gametos (en muchas especies animales).

De la unión surge un cigoto, el cual es el resultado de que la célula fertilizada haya llevado a cabo un proceso de mitosis, dividiéndose en varias células y creando una estructura en forma de mora. La siguiente fase consiste en la embriogénesis, en la que el cigoto se segmenta. Luego vendría la organogénesis, en la cual se forman órganos y tejidos y ya se tendría un individuo más o menos formando.

¿Cómo se relacionan?

El concepto de ontogenia y el de filogenia están muy relacionados. Como hemos dicho, la ontogenia se encarga de estudiar el desarrollo individual de un organismo, viendo por cuáles fases va pasando y que nuevas estructuras, tanto anatómicas como funcionales, va adquiriendo. La filogenia se encarga del estudio de la evolución de la especie y las relaciones evolutivas, esto es su parentesco interespecífico, tanto con otras especies modernas como con especies extintas.

Mediante el estudio de la ontogenia, y centrándose en los embriones, los científicos consideran que se puede aprender sobre la historia evolutiva. Aunque esto no se tiene por qué dar siempre, es bastante frecuente que, mientras se observa un embrión de una especie cualquiera, se encuentren caracteres ancestrales que se conservan en el desarrollo de dicho organismo.

Un ejemplo de esto es el embrión de diferentes animales que, a primera vista, no parecen estar relacionados: los pollos y el ser humano. Uno diría que es difícil pensar que un animal que pone huevos, con plumas, pico, huesos huecos y alas tiene algún tipo de parentesco con el ser humano. Sin embargo, sus embriones son muy parecidos, presentando ambos hendiduras y arcos en el cuello, estructuras muy parecidas a las hendiduras faríngeas y los arcos branquiales que se pueden encontrar en los peces.

Esta idea de relacionar ontogenia y filogenia no es nueva, aunque sí cabe destacar que hoy en día es usada como una prueba de que dos o más especies están filogenéticamente relacionadas. Durante mucho tiempo, se creyó que la ontogenia era una muestra de cómo se desarrolla cada especie durante su evolución. La ciencia actual, sin embargo, ha dejado de lado esta teoría, pese a reconocer ciertos vínculos existentes entre la ontogenia y la denominada filogenia (que estudia la evolución de un taxón de organismos).

Algunos científicos de finales del siglo XIX, justo después de la publicación de la obra de Darwin y de la aparición de Haeckel, vieron que la ontogenia no sólo podía revelar cosas sobre la historia evolutiva, sino que, además, creyeron que el desarrollo embrionario del individuo era una especie de representación, paso a paso, de esa historia. Estos científicos llegaron a afirmar que la ontogenia recapitula la filogenia (teoría de la recapitulación), haciendo que un organismo le pase a través de todas las etapas adultas de su historia evolutiva o filogenia.

Aunque esta idea pudiera tener su sentido, ya en esa misma época eran muchos los científicos que sostenían que la evolución no funcionaba de esta manera. No podía ser que un embrión, porque sí, fuera una representación de la historia evolutiva de su especie. Si esto fuera así, por ejemplo, en los seres humanos, en algún momento del desarrollo ontogenético tendría que aparecer algo parecido a un reptil, a un mono o a un Homo erectus.

La hipótesis de la recapitulación fue refutada y no forma parte de la teoría sintética, teoría la cual considera que la evolución se da a partir de integrar la selección natural darwiniana con los componentes biológicos hereditarios y cambios aleatorios (mutaciones) que se dan en los genes.

Referencias bibliográficas:

  • de Queiroz, K.; Gauthier, J. (1990). «Phylogeny as a Central Principle in Taxonomy: Phylogenetic Definitions of Taxon Names». Syst. Zool. (39): 307-322. doi 10.2307/2992353.
  • Gould, S.J. (1977). Ontogeny and Phylogeny. Cambridge, Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press
  • Toren, C. (2002) "Comparison and ontogeny." Anthropology, by comparison: 187.