Un falso color gris que aparece al cerrar los ojos. Unsplash.

Cierra los ojos. ¿Qué ves? Probablemente lo primero que respondamos sea nada, o oscuridad. Una oscuridad que generalmente asociamos a la negrura.

Pero volvamos a cerrar los ojos y fijémonos bien, ¿es realmente negrura lo que vemos? Lo cierto es que lo que vemos es más bien un color grisáceo, el eigengrau, del que vamos a hablar en este artículo.

¿Qué es el eigengrau y por qué es un falso color?

Denominamos eigengrau al color que percibimos cuando mantenemos los ojos cerrados o estamos en la más completa oscuridad, siendo dicho color menos oscuro que el que se corresponde con el negro.

Se trata de un color gris oscuro, cercano al negro pero que curiosamente y a pesar de percibirse en ausencia de luz resulta más claro que un objeto de este último color a plena luz. La intensidad del gris percibido puede ser ligeramente distinto dependiendo de la persona. De hecho el término en cuestión significa gris intrínseco o gris propio en alemán. Se considera que este término fue investigado y popularizado por Gustav Theodor Fechner, conocido por su importante papel en la génesis de la psicofísica y la medición de la percepción humana.

Su percepción se considera un fenómeno generado por la retina o sus conexiones nerviosas con el cerebro, o producto de la acción de este. Sin embargo, se ha observado que el color percibido no es totalmente estable. Según va pasando el tiempo y mantenemos los ojos cerrados, el gris poco a poco aparenta hacerse más claro o incluso pueden aparecer percepciones de color.

Explicación de su percepción al cerrar los ojos

La percepción del color eigengrau puede parecer extraña si tenemos en cuenta que en realidad no deberíamos ser capaces de detectar nada con los ojos cerrados o en completa oscuridad, siendo diversas las explicaciones que se han intentado ofrecer al respecto a nivel científico.

1. Interpretación general

Ya desde las primeras investigaciones de Fechner se sospechaba y se consideraba que esta percepción surgía como una especie de residuo o ruido de fondo de la actividad neuronal. Aún con los ojos cerrados los diferentes nervios permanecen activos y realizan descargas, generándose actividad neuronal en ausencia de luz que el cerebro no es capaz de separar de una verdadera percepción de luminosidad. Se trataría pues del producto de la actividad nerviosa, algo que de hecho es cierto en mayor o menor medida.

2. Isomerización de rodopsina

Otra teoría que pretende profundizar en la causa de la percepción del eigengrau vincula esta percepción con la isomerización de la rodopsina, el tipo de pigmento vinculado no a la percepción del color sino a la percepción del movimiento y la luminosidad, permitiendo la visión en la oscuridad y en la penumbra.

3. Neuromelanina

Finalmente, otra de las principales explicaciones vincula la percepción de este tono grisáceo especialmente con la formación de la neuromelanina. Se trata de un pigmento fotosensible que se produce derivado de la oxidación de la dopamina y la noradrenalina.

Esta producción se lleva a cabo en diferentes áreas del cerebro, especialmente en la sustancia negra, el locus coeruleus, la protuberancia o el nervio vago craneal.

Vinculación con fenómenos alucinatorios

El eigengrau y su percepción han sido vinculados con la existencia de alucinaciones, considerándose de hecho un fenómeno alucinatorio de tipo biológico, fisiológico y no patológico. El motivo de esta consideración es el hecho de que en el fondo se estaría percibiendo algo que realmente no se corresponde con una realidad exterior.

Algunos autores vinculan asimismo la percepción de este color con un fenómeno alucinatorio diferente: la aparición de alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas.

En ambos casos estaríamos ante percepciones sin objeto y de complejidad variable que suelen darse en momentos de transición entre diferentes estados de conciencia, concretamente el paso de la vigilia al sueño (alucinaciones hipnagógicas) o viceversa (alucinaciones hipnopómpicas), y que no consideran patológicas sino producto de desequilibrios entre la activación y desactivación de diferentes procesos y redes en el proceso de dormirse y de despertarse (siendo también llamadas alucinaciones fisiológicas).

Referencias bibliográficas:

  • Bynum, E. B.; Brown, A. C.; King, R. D., & Moore, T. O. (2005). Why Darkness Matters: The Power of Melanin in the Brain. African American Images: Chicago, Ill.
  • Bynum, E. B. (2014). Dark light consciousness: the Pathway Through Our Neural Substrate. Psychdiscourse, 48 (2).
  • Fechner, G.T. (1860). Elemente der Psychophysik. Leipzig: Breitkopf und Härtel.
  • Nieto, A.; Torrero, C. y Salas, M. (1997). Estudio comparativo de la densidad de la neuromelanina en el locus ceruleus y la sustancia negra en algunos mamíferos, incluyendo al hombre. Revista de Psicopatología, 17 (4): 162-167. CSIC.