Veamos en qué consiste este concepto de la psicología de las diferencias individuales.

Todos tenemos gustos diferentes, opiniones distintas, maneras de hacer diversas e incluso vemos el mundo de una manera distintiva y personal. Somos personas únicas, las cuales han sido moldeadas tanto por su biología como por sus experiencias vitales. Pero no dejamos de ser miembros de una misma especie.

En este sentido, resulta posible establecer diferentes tipos de personalidad con un cierto parecido entre sí, en el que se comparten algunos elementos básicos. Y desde el ámbito de la psicología y la psiquiatría estos tipos de personalidades se han organizado en lo que se ha venido a denominar clústeres de personalidad.

¿A qué se refiere este concepto? ¿Qué es un clúster de personalidad? Veámoslo a lo largo de este artículo.

¿Qué es la personalidad?

Antes de entrar a considerar a qué se hace referencia con el concepto clúster de personalidad, puede resultar de utilidad hacer una breve definición del componente más importante de este: la personalidad.

Denominamos personalidad al patrón o conjunto de comportamientos, cogniciones, emociones, perspectivas y maneras ver e interpretar la realidad y de relacionarnos con el entorno y con nosotros mismos que nos resultan habituales y que tendemos a mantener de forma relativamente estable en el tiempo y a través de las situaciones a lo largo de la vida.

La personalidad se va definiendo a lo largo de nuestro crecimiento y en el transcurso de nuestro ciclo vital, configurándose en parte en base a nuestros genes y en base a nuestras experiencias y aprendizajes. Es lo que define nuestra forma de ser y actuar, y por lo general suele resultar adaptativa para relacionarnos de forma efectiva con el medio.

Sin embargo, a veces una serie de circunstancias provocan que por algún motivo adquiramos unas características o maneras de pensar o hacer que, pese a que nos permiten llegar a sobrevivir y adaptarnos al medio, nos pueden provocar grandes dificultades en esferas como las relaciones interpersonales, el trabajo o la capacidad de disfrutar de la vida, y pueden llegar a generarnos a nosotros o a nuestro entorno cierta disfuncionalidad, malestar y sufrimiento.

Es el caso de las personas que padecen un trastorno de la personalidad. Y es respecto a este tipo de trastorno sobre el que se han elaborado los tres grandes tipo de de clúster de personalidad que suelen utilizarse, un concepto que pasamos a definir a continuación.

¿Qué es un clúster de personalidad?

Se entiende como clúster una organización o manera de clasificar variables diferentes de tipo cuantitativo en diferentes grupos los cuales los incluyen en función de algún tipo de característica o elemento común.

Así, cuando hablamos de un clúster de personalidad nos estamos refiriendo a una agrupación de varios tipos de personalidad que tienen entre sí algún tipo de elemento que permite agruparlos. Es decir, se establece la existencia de factores comunes entre diferentes clases o tipos de personalidades los cuales permiten definir en gran medida a su conjunto, de manera que las diferentes categorías se homogeneizan y engloban alrededor de dicha cualidad o aspecto.

Los tres clústeres de personalidad

Aunque técnicamente sería posible realizar clústeres de personalidad en base a distintos criterios, cuando hablamos de este concepto generalmente estamos haciendo referencia a tres en concreto, aquellos en los que se han clasificado y catalogado los trastornos de la personalidad. En este sentido en la actualidad se contemplan tres grandes clústeres de personalidad, en base al tipo patrón de comportamiento que manifiestan de manera habitual.

Clúster A: Raros-excéntricos

El clúster A incluye los tipos de trastorno de la personalidad que tienen como elemento común la realización de actos y el mantenimiento de maneras de pensar e interpretar el mundo consideradas como extravagantes y muy poco habituales, en ocasiones asemejándose al funcionamiento de la población con elementos psicóticos (si bien en este caso estamos hablando de rasgos de personalidad y no de un trastorno en sí).

Son estas conductas y maneras las que generan disfuncionalidad o malestar en el sujeto. Se incluyen dentro de este clúster los trastornos paranoide, esquizoide y esquizotípico de la personalidad.

Clúster B: Inestables/Dramáticos-emocionales

La agrupación u organización de trastornos de la personalidad conocida como clúster B hace referencia al conjunto de alteraciones de personalidad que tienen como rasgo común la presencia de un elevada emocionalidad, la cual resulta altamente lábil, y que tiende a presentar una conducta dramática y en ocasiones teatral.

Se observa comúnmente la presencia de falta de control sobre las emociones y los afectos, así como una cierta desconfianza hacia los demás y/o su estima. Dentro de este grupo encontramos los trastornos antisocial, límite, histriónico y narcisista de la personalidad.

Clúster C: Temerosos-ansiosos

Este tercer clúster integra un conjunto de trastornos los cuales tienen en común la presencia de un elevado nivel de miedo o ansiedad (o a no hacerlo), lo que les lleva a actuar de manera que disminuya en la medida de lo posible. El eje o núcleo de gran parte de su comportamiento es la evitación de aquello temido. También es habitual que haya baja tolerancia a la incertidumbre.

Dentro del clúster C encontramos los trastornos de la personalidad evitativo, dependiente y obsesivo-compulsivo.

Un concepto útil, pero no tan cerrado como parece

El concepto de clúster de personalidad, en lo que se refiere al menos a los tres tipos que se utilizan habitualmente, fue utilizado por primera vez en 1980 con el DSM-III. Ello se llevó a cabo con el propósito de realizar una agrupación de alteraciones de la personalidad que permitiera clasificar los trastornos de manera más sencilla, a la par que se impulsó una mayor investigación en este tipo de alteraciones.

Desde entonces los clúster de personalidad han sido empleados de manera habitual a la hora de identificar la esfera en que se mueven las alteraciones de personalidad. Eso no quiere decir que se usen para diagnosticar (ya que el clúster no es un diagnóstico en sí ni lo establece), pero puede dar una idea del tipo de características o implicaciones que puede tener una problemática concreta en el día a día de un sujeto.

Ahora bien, si bien la organización en clústeres puede resultar de gran utilidad a la hora de establecer categorías delimitadas entre los distintos tipos de personalidad, lo cierto es que la realización de diversos análisis factoriales no apoya de manera consistente que estos clúster sean siempre tan estancos y separados entre sí: por ejemplo, en la práctica clínica no es infrecuente que un mismo paciente presente características e incluso trastornos pertenecientes a distintos clústeres.

Referencias bibliográficas:

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  • Buratti Hamlin, M., Casas Losada, A., Conde Amado, M., Fernández Hierro, J., Flóres Menéndez, G., Forti Sampietro, L., Martínez Valente, J. y Veiga Candán, M.J. (2015). Personalidad: Exploración, Diagnóstico y Tratamiento. Foro GALLEGO. ESTUDIO de la PERSONALIDAD. ADAMED.
  • Millon, D. (2007). Inventario Clínico Multiaxial de Millon-III (MCMI-III). Manual Profesional. Madrid, TEA Ediciones S.A.
  • Millon, T. (1997). Disorders of personality: DSM-IV and beyond. New York: Wiley.