Clorpromazina: efectos y usos de este psicofármaco

Este tipo de antipsicótico es usado sobre trastornos psicóticos, pero tiene efectos secundarios.

Oscar Castillero Mimenza

Oscar Castillero Mimenza

En la antigüedad, la esquizofrenia y los trastornos psicóticos tenían un tratamiento que permitiera combatir los diferentes síntomas y alteraciones perceptivas y cognitivas. 

Ello cambiaría con el descubrimiento de los primeros antipsicóticos, pudiendo por primera vez os pacientes con estos trastornos recibir tratamiento ambulatorio sin precisar del internamiento. Uno de los primeros y más conocidos es la clorpromazina.

La clorpromazina: descripción y un poco de historia

La clorpromazina es una sustancia perteneciente al grupo de los antipsicóticos o neurolépticos, los cuales tienen un gran efecto en el control de los síntomas psicóticos tales como las alucinaciones, la agitación y el delirio.

Se trata de uno de los primeros antipsicóticos, y forma parte del grupo de los neurolépticos clásicos o típicos. Estructuralmente se trata de una fenotiazina. Si bien es cierto que aunque en la actualidad la clorpromazina siga empléandose en el tratamiento de psicopatologías como la esquizofrenia suele preferirse el uso de otro tipo de antipsicóticos debido a los riesgos y efectos secundarios que los clásicos pueden generar, en su momento fueron toda una revolución y sirvieron (y siguen sirviendo en muchos casos) para mejorar en gran medida la calidad de la vida de pacientes con diversos trastornos mentales.

Esta sustancia fue descubierta y sintetizada por casualidad por Paul Charpentier en 1950 mientras se buscaba un remedio contra la malaria. Sin embargo tiempo después Henri Laborit, tras observarse sus efectos tranquilizantes sin causar necesariamente la sedación del afectado, empezaría a recomendar e instaurar su uso en psiquiatría. Se emplearía por primera vez en el tratamiento de psicopatologías de tipo psicótico en 1951, con un notable éxito que llevaría al descubrimiento a ser denominado la cuarta revolución en psiquiatría.

Y es que anteriormente los métodos utilizados para tratar a pacientes psicóticos eran por lo general poco efectivos, arriesgados y altamente aversivos y dolorosos para el paciente (por ejemplo inducir el coma insulínico o el uso del electroshock). El hecho de que la clorpromazina resultara efectiva permitió una visión más biologicista de los trastornos psicóticos y empezaría a permitir que se realizase un tratamiento ambulatorio en vez de precisar de internamiento en la mayoría de los casos.

Mecanismo de acción

Como hemos mencionado, la clorpromazina es uno de los antipsicóticos clásicos o típicos. Este tipo de antipsicóticos actúan a través del bloqueo de los receptores de dopamina en el encéfalo, especialmente el receptor D2.

El hecho de que este bloqueo suponga un beneficio se debe a que en la esquizofrenia, los síntomas positivos tales como alucinaciones, alteraciones del pensamiento y del lenguaje, distraibilidad, agitación y inquietud tienden a deberse a la presencia de un exceso de dopamina en la vía mesolímbica. Al bloquear su emisión se produce una gran mejoría de la sintomatología psicótica de este tipo.

Sin embargo tanto la clorpromazina como el resto de antipsicóticos clásicos afectan a los receptores de dopamina de manera inespecífica, es decir, por todo el cerebro. De este modo no solo se ve afectada la vía que presenta un exceso de dopamina, sino que otras vías que tenían niveles adecuados o incluso bajos ven disminuidos en exceso sus niveles de este neurotransmisor. También presenta un efecto en la acetilcolina y en otros neurotransmisores. Ello provoca que aparezcan síntomas secundarios de gravedad variable.

Además, en la esquizofrenia también aparecen otros síntomas en los que se produce un aplanamiento, enlentecimiento o disminución de funciones y procesos, especialmente a nivel cognitivo. El ejemplo más clásico de estos síntomas (denominados negativos) es la alogia o pobreza de pensamiento. Estos síntomas se encuentran vinculados a un déficit dopaminérgico en la vía mesocortical, de manera que el efecto de la clorpromacina no solo no resulta positivo en estos síntomas sino que además podría llegar a provocar cierto empeoramiento.

Efectos secundarios y riesgos de la clorpromazina

Al igual que ocurre con otros psicofármacos, el uso de la clorpromazina puede tener una serie de efecto secundarios y riesgos a tener en consideración. Como hemos mencionado anteriormente, al ejercer un efecto antagonista sobre la dopamina en todas las vías es posible que aparezcan problemas derivados de ello.

Uno de los principales problemas derivados de la disminución de dopamina, concretamente cuando se da en la vía nigroestriada, son los de aparición de trastornos motores tales como enlentecimiento, acatisia, distonía, rigidez y temblores tanto por si mismos como en lo que se viene a denominar síndrome parkinsoniano. Otro de los síntomas frecuentes es la discinesia tardía o emisión de movimientos repetitivos e involuntarios de cara y a veces de tronco y extremidades.

En la vía tuberoinfundibular el bloqueo de la dopamina puede provocar la presencia de alteraciones como galactorrea o emisión de leche por los pechos (independientemente del sexo), ginecomastia o crecimiento de los senos (también en ambos sexos) y alteraciones en la respuesta sexual.

También se ha comentado que la clorpromazina y otros antipsicóticos típicos pueden producir efectos secundarios derivados de su interacción con la acetilcolina. Entre ellos encontramos embotamiento mental, estreñimiento, visión borrosa o hipertensión ocular.

Otros efectos secundarios referidos con cierta frecuencia son un elevado nivel de sedación y un notable aumento de peso, teniendo que existir precaución en casos de problemas alimentarios o metabólicos. También puede provocar problemas como hipertensión arterial o mareos, teniendo efectos en el sistema cardiovascular.

Por último uno de los síndromes más graves y que puede culminar con muerte del paciente (si bien es muy poco habitual) es el síndrome neuroléptico maligno, en el que aparecen fiebre, cianosis, taquicardia y en algunos casos coma e incluso la muerte. Es en prevención de este síndrome y de otros problemas por el cual la dosificación de este tipo de sustancias se realiza con extremo cuidado.

Situaciones y trastornos para los que está indicada

Uno de los usos más extendidos de la clorpromazina es incluso en la actualidad (si bien existe preferencia por el uso de neurolépticos atípicos como la olanzapina debido a su mayor seguridad y sus efectos en los síntomas negativos) el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.

Sin embargo, la clorpromazina también se ha demostrado eficaz a la hora de tratar estados maníacos. En general presenta eficacia en todas aquellas situaciones e que se presenten síntomas psicóticos positivos o bien estados de intensa agitación motora. Ello incluye la presencia de delirium y en algunos síndromes de abstinencia. Se ha utilizado con éxito a la hora de reducir los síntomas coreicos en la Corea de Huntington, y en ocasiones puede llegar a usarse como última opción en casos de TOC.

A un nivel más fisiológico, observamos que en ocasiones se utiliza para el tratamiento de problemas intestinales como náuseas y vómitos (ya que es antiemética), tétanos o porfiria.

Asimismo, dado su potencial tranquilizante, en ocasiones también ha llegado a emplearse en situaciones en las que existen problemas con el sueño (no en vano, en un inicio a los antipsicóticos se les denominaba los tranquilizantes mayores). También en situaciones que cursan con un elevado dolor.

Referencias bibliográficas:

  • Gómez, M. (2012). Psicobiología. Manual CEDE de Preparación PIR.12. CEDE: Madrid.
  • Mazana, J.S.; Pereira, J. y Cabrera, R. (2002). Cincuenta años de clorpromazina. Revista Española de Sanidad Penitenciaria, vol.4 (3). CP Tenerife II. Servicios Médicos.
  • Salazar, M.; Peralta, C.; Pastor, J. (2006). Manual de Psicofarmacología. Madrid, Editorial Médica Panamericana.
Oscar Castillero Mimenza

Oscar Castillero Mimenza

Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Barcelona

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Máster en Psicopedagogía con especialización en Orientación en Educación Secundaria. Cursando el Máster en Psicología General Sanitaria por la UB.

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