Cada día nos encontramos con un variado abanico de emociones que nos atrapan y nos causan problemas. Sin embargo, podemos transformarlas y convertirlas en fuente de crecimiento y sabiduría si sabemos comprenderlas.

Desde la Psicoterapia Contemplativa, abordamos el mundo emocional utilizando recursos validados por la introspección y observación de la mente. Actualmente, estos recursos están siendo corroborados por la ciencia occidental a través del estudio del cerebro durante la práctica de la meditación.

Dos principios de salud emocional

La psicología budista nos aporta dos interesantes factores a tener en cuenta en nuestra práctica terapéutica, para aprender a manejar y liberarnos de las emociones perturbadoras o kleshas: soltar el aferramiento al yo, y conocer que las emociones son vacías en su esencia.

Soltar el aferramiento al yo

La palabra sánscrita klesha, define aquellas emociones que nos generan inquietud, malestar o perturbación. Nos provocan un estado mental que nos lleva a realizar conductas que pueden hacer daño a otras personas o a nosotros mismos.

Estas emociones están arraigadas en la idea de un yo fijo o sólido que no puede cambiar y que tienen una percepción de sí mismo como si estuviera separado de los demás. “Yo me enfado porque tú me haces enfadar...".

Sin embargo, la realidad es que la idea del yo es algo conceptual. ¿Qué quiere decir esto? Nuestra vida está formada por una secuencia de momentos de conciencia que vamos acumulando en nuestro continuo mental y crea nuestra experiencia. Si analizamos esto en profundidad ¿quién es nuestro yo? ¿El de hace un año, dos, diez…? ¿Mi yo niño, adolescente, adulto...? No podemos encontrar un yo fijo.

Si nuestras emociones cambian, nuestros pensamientos fluyen y nuestras sensaciones surgen y se desvanecen constantemente, quiere decir que todos los procesos que se manifiestan en nosotros son impermanentes. Por tanto, no hay un yo que pueda mantenerse estático.

Esto nos da una gran oportunidad de cambio: podemos transformar todo aquello que surge en nuestra mente si no lo asociamos a la idea de un yo fijo e inamovible. Soltar esa idea errónea de un yo sólido, nos conduce a la liberación de las emociones que nos atrapan una y otra vez. Si no hay un yo que se aferre a ellas, las emociones se manifestarán y se disolverán por sí mismas sin causar una secuencia de acciones que se encadenen a otras y provoquen sufrimiento.

Las emociones son vacías en su esencia

Las emociones son una energía que surge, normalmente provocada por un pensamiento y asociada a una sensación física.

Esta energía se desarrolla, tiene un recorrido y luego desaparece de manera natural. Es una manifestación de nuestra mente, surge de ella y se disuelven ella. Si tenemos una emoción y nos aferramos a ella, alimentándola con pensamientos del pasado o alentándola con proyecciones del futuro, la emoción se puede solidificar, o se puede intensificar. Si observamos en profundidad su raíz, nos daremos cuenta que en realidad son insustanciales. ¿Dónde están? Están en nuestra mente, pero no son nuestra mente. Porque si fueran nuestra mente serían algo fijo e inamovible, y no funciona así.

Son vacías en esencia porque se han formado por una serie de causas y condiciones que las han favorecido y cuando estas causas y condiciones desaparecen, la emoción se disuelve de manera natural. No existen de manera independiente.

Para que surja la ira o el orgullo, tiene que haber ocurrido algo que ha provocado en nosotros esa emoción. Y además en cada uno de nosotros surgen manifestaciones diferentes de las emociones y son provocadas por causas distintas. Los que nos lleva a la conclusión de que en sí mismas no tienen entidad, sino que dependen de situaciones y experiencias concretas. Esta visión también nos ofrece otra gran oportunidad para aprender a manejarlas.

¿Cómo podemos transformar nuestras emociones?

Al no ser algo rígido ni sólido, podemos disolverlas y transformar las emociones. Como los alquimistas que convierten el plomo en oro. Las emociones perturbadoras nos dan la gran oportunidad de convertirlas en grande cualidades.

Vamos a ver qué otros aspectos tenemos que tener en cuenta para transformarlas.

1. La Atención Plena

Es el primer paso: tener una actitud de introspección y observación para favorecer el autoconocimiento. Si no somos conscientes de lo que nos provoca una emoción perturbadora o ni siquiera la reconocemos, difícilmente podremos transformarla.

Es importante mantener una actitud honesta y valiente para desenmascara las emociones que aparecen en nuestra mente. Muchas veces las negamos o las ocultamos. A veces porque ni siquiera somos conscientes y en ocasiones porque nos dan vergüenza saber que sentimos celos o envidia. La realidad es que todos tenemos semillas de emociones perturbadoras en nuestra mente (orgullo, celos, ira, ignorancia, codicia, apego...). Algunas se manifiestan con más facilidad y otras están agazapadas hasta que surge el momento de manifestarse.

Poner atención consciente y observarnos es muy importante si queremos liberarnos de sus consecuencias y transformarlas.

2. El Testigo Desidentificado

La atención plena es importante que vaya unida a un observador desidentificado.

¿Qué quiere decir? Sabemos que como seres humanos podemos ser conscientes de nosotros mismos y la mente tienen la cualidad de observarse a sí misma. Esta capacidad nos ayuda a ser capaces de observar desde una nueva perspectiva nuestros procesos mentales y nuestras emociones: porqué surgen, cuáles han sido las causas y condiciones que han provocado la emoción, cómo nos afectan, de qué manera se manifiestan en nuestra conducta, cuáles son sus consecuencias y cómo podemos transformarlas.

Si a través de la atención plena y del mindfulness o la meditación, nos vamos dando cuenta de cómo surgen las emociones en nuestra mente, sin identificarnos con ellas, iremos cada vez viendo con más claridad que las emociones no son nuestra mente.

Observaremos una conciencia en la que se manifiesta la experiencia de las emociones. Al ir disolviendo el yo, nos daremos cuenta de que no tienen ningún poder sobre nosotros. Este proceso, también se puede seguir en un proceso terapéutico si el profesional conoce esta vía espiritual de desarrollo personal.

Entrenarse en el testigo desidentificado en un recurso que nos ayudará a crear un espacio de conciencia en nuestra experiencia. Nos desidentificamos de forma que no nos sentimos atrapados por la emoción. La observamos, experimentamos y la dejamos marchar.

3. La Impermanencia

Al igual que exploramos la cualidad de vacuidad de las emociones, debemos darnos cuenta de su impermanencia. Las emociones surgen y se desvanecen en la mente, pero no forman parte de la naturaleza inherente de la mente. Son transitorias.

Esta cualidad es tremendamente importante, porque nos ofrece la libertad de saber que ellas no se quieren quedar con nosotros. No necesitamos retenerlas. Es más, tenemos la capacidad de decidir qué hacer con ellas, si solidificarlas o dejarlas marchar.

Todos nos sentimos enfadados en algún momento, pero de nosotros depende si retroalimentamos la rabia y nos convertimos en víctimas de sus planes arrojándola contra alguien; o la expresamos sin hacer daño a nada, ni a nadie y la dejamos ir. Si observamos atentamente la insustancialidad de una emoción y su transitoriedad, habremos dado un paso importante para manejarla sin causar daño.

4. Causas y Condiciones

Hemos nombrado que las emociones surgen por causas y condiciones y voy a exponerlo con más detalle. Por ejemplo, para que surja la rabia, tienen que ocurrir alguna situación que nos provoque esa emoción. Esto ya nos muestra que las personas no provocan las emociones, sino son las situaciones que se generan entre las personas. Y estas situaciones dependen mucho de cada uno.

Un mirada a uno le puede provocar amenaza y a otro indiferencia. Depende de lo que estemos proyectando en ella. Hay situaciones que en un momento del día aceptamos con naturalidad y en otro nos produce reactividad o malestar. ¿Qué quiere esto decir? Que depende de nosotros la manera en que gestionamos la emoción.

Al igual que se crean causas y condiciones para que emerjan las kleshas, podemos propiciar causas y condiciones para favorecer emociones positivas que neutralicen las perturbadoras o para fomentarlas en nuestro entorno y nuestra mente.

5. Equilibrando tendencias

Uno de los antídotos importantes que podemos movilizar es el crear hábitos positivos. Si fomentamos nuestras cualidades y las ponemos al servicio de nuestras kleshas, iremos creando nuevas tendencias positivas que podrán balancear las tendencias perturbadoras.

En la medida en que desenmascaramos las emociones que nos crean malestar y generamos antídotos para contrarrestarlas, irán perdiendo intensidad y frecuencia y poco a poco se irán desvaneciendo.

Por eso es muy importante entrenarnos en la atención plena, para darnos cuenta y poner remedio enseguida, impidiendo dejarnos llevar por las consecuencias sin control de las emociones conflictivas.

6. Los antídotos

Es curioso como en muchas ocasiones, el antídoto se encuentra en el mismo veneno. Ocurre en las vacunas o en otros elementos cotidianos (el jabón se elabora con aceite...). En el camino espiritual ocurre lo mismo. Del sufrimiento surge la sabiduría.

Si una persona nos saca de quicio, podemos convertirla en nuestro maestro de la paciencia y aprovechar la oportunidad para cultivar esta cualidad. Cualquier situación que nos crea malestar, puede revertirse en una gran oportunidad de crecimiento si sabemos utiliza el antídoto adecuado.

Por ejemplo, el orgullo nos puede entrenar en ser más ecuánimes y humildes, la rabia nos puede conectar con el amor y la compasión, la envidia con la alegría del bien ajeno...

Es recomendable que cada uno descubra siendo honesto y valiente cuáles son esas emociones que le desestabilizan con más frecuencia. Las observe, las analice y encuentre sus propios antídotos para convertirlas poco a poco en cualidades y sabiduría.

Conclusiones

Las emociones que nos atrapan, son una fuente de crecimiento y sabiduría si sabemos transformarlas y manejarlas. Para ello necesitamos comprometernos para mantener una atención plena y consciente a cómo se manifiestan y las consecuencias que tienen sobre nosotros y los demás.

Conociendo su naturaleza y soltando nuestro aferramiento a una idea del yo, podemos avanzar en nuestro camino de autorrealización.