La inteligencia emocional es una habilidad fundamental para poder relacionarse de forma adaptativa con los demás, además de repercutir muy positivamente en diferentes ámbitos de la vida, como pueden ser el familiar y el laboral.

Si bien fomentar este tipo de inteligencia es visto como algo que solo se puede conseguir durante la infancia, lo cierto es que existen juegos de inteligencia emocional para adultos, todos ellos divertidos y que ayudan a adquirir un profundo autoconocimiento emocional.

A continuación veremos varios de ellos, sus objetivos particulares, con quién se puede trabajar y los pasos a seguir.

Juegos de inteligencia emocional recomendados para adultos

A continuación aprenderemos 10 interesantes juegos de inteligencia emocional para adultos, ideales para trabajar en contextos laborales o en educación universitaria.

1. Los atributos

El objetivo de este juego es hacer ver que las múltiples cualidades de los integrantes de un grupo suponen ventajas para el mismo en su conjunto.

Esta actividad es breve, no requiriendo más de media hora para hacerla. No se necesitan materiales, aunque, sí se quiere, se pueden usar papeles y bolígrafos para ir apuntando lo que se vaya diciendo. El espacio puede ser una habitación u oficina.

Pasos a seguir

El juego consiste en pedirles a los participantes que destaquen dos o tres cualidades del resto. Por ejemplo, si se hace en una oficina, se pedirá que se digan cualidades de los compañeros y del jefe. Cabe decir que, en este caso, hay que ir con cuidado con cómo se dicen las cosas, más que nada para evitar perder el empleo.

Una gran ventaja de este ejercicio de inteligencia emocional es que consigue que, por ejemplo, los jefes y trabajadores de una empresa sean conscientes de la riqueza de fortalezas de los miembros del grupo, y que esto puede impactar muy positivamente en el logro de lo objetivos.

Por ejemplo, tener un buen sentido del humor quizá no sea algo esencial a la hora de producir un producto, per sí que puede ayudar cuando se ha dado un momento crítico o ha habido algún incidente en la organización que ha bajado los ánimos.

2. La banda sonora de la oficina

El objetivo de esta tarea es describir cómo se sienten los trabajadores en los diferentes espacios laborales. Con esto, se trata de descubrir situaciones incómodas o que despierten emociones negativas que puedan repercutir negativamente, tanto en la productividad como en el ambiente laboral.

Para hacer esta actividad se va a requerir de una hora. El grupo con el que se trabaje debería ser mediano, de entre 15 o 20 personas, aunque lo ideal es que cuanto más pequeño sea, mejor. En cuanto a materiales, se van a necesitar hojas de papel, bolígrafos y algo para reproducir música.

Pasos a seguir

Antes de empezar con la actividad, es necesario que se hayan seleccionado diferentes piezas de música, cada una de las cuales tengan estilos que evoquen diferentes emociones (alegría, estrés, aburrimiento, diversión, enfado...). Los empleados y el jefe escucharán las piezas musicales, anotando, cada uno y para sí mismo, qué situaciones laborales les evocan.

Después de oír los temas, el dinamizador irá poniendo, de nuevo, cada pieza musical, pero esta vez dejado un rato entre canción y canción para que todos hablen sobre qué situación laboral les evoca, qué es lo que les hace sentir así y cómo creen que podrían mejorarla, en caso de que despierte emociones negativas.

Después de oír los temas y de exponer uno a uno la situación en el trabajo que les recuerda, se pide al grupo que compongan por parejas la banda sonora ideal de la empresa y describan la diferencia entre cómo ‘suena’ y cómo ‘debería sonar’ su espacio de trabajo.

3. La estrella del equilibrio

Esta actividad tiene la intención de hacer ver a los participantes de la influencia de las relaciones de los demás, que pueden mantener o perjudicar nuestra estabilidad emocional.

Se puede hacer con un grupo de unas 10 personas, durando entre 15 y 20 minutos, y no se requiere de materiales. Lo que sí es necesario tener en cuenta es que, si el grupo es muy grande, se requerirá un espacio grande, dado que vamos a formar un círculo.

Pasos a seguir

En esta ocasión no es necesario que el dinamizador entre en la dinámica. Pero puede ser necesario en caso de que seamos poca gente. Hacemos que los participantes se pongan en círculo y vamos asignándoles un número a cada uno, de esta manera: uno, dos, uno, dos...

Los participantes se agarran de las manos hasta que el círculo quede tenso. A continuación, y sin soltarse, las personas que les ha tocado el uno dan un paso hacia adelante, mientras que las personas con el dos lo dan hacia atrás.

Esto hay que hacerlo despacio, para poder encontrar el equilibrio y sin que hayan accidentes. Una vez encontrado el equilibrio, solo hay que dejar pasar un poco el tiempo para que los participantes se den cuenta de cómo este equilibrio de fuerzas funciona.

Los participantes vuelven a dar pasos pero, esta vez, de forma invertida. Esto es, los del 1 dan pasos hacia atrás y los del 2 hacia adelante, y así sucesivamente.

Una vez terminado el juego, damos paso a la reflexión. Los participantes deben haber ganado cierta comprensión de la necesidad de trabajar en equipo y de ser empáticos y cooperativos con los demás para poder mantener el equilibrio.

A la vez, este equilibrio viene a representar nuestra estabilidad emocional, que se puede ver afectada por la acción de los demás pero, a la vez, también puede mantenerse con ayuda de otras personas.

4. Arte-terapia

Esta dinámica tiene por objetivo representar, plásticamente, las emociones. Es decir, expresar de forma visual qué siente o entiende cada uno con una determinada emoción.

El tiempo requerido es de unos 40 minutos o una hora. El tamaño del grupo es indiferente porque se realiza de forma individual, aunque la puesta en común sea colectiva. Se necesitarán materiales artísticos, como papeles, pinturas, lápices, témperas...

Pasos a seguir

El dinamizador inicia la actividad explicando que todos tenemos la misma palabra para referirnos a la alegría, la tristeza y el enfado, entre otras emociones. Sin embargo, lo que nuestra mente siente, cómo lo representamos en nuestro mundo psíquico, es algo que varía de persona en persona.

La intención de la actividad es hacer que cada uno represente, de forma visual, artística y libre, lo la ira, la tristeza, la soledad, el miedo, la alegría y cualquier otra emoción que se les ocurra. Es muy importante incidir en que deben usar los colores con los que asocian esas emociones, además de representar las emociones con las figuras que les sugieran.

Esta actividad, de primeras, puede parecer un tanto infantiloide, pero lo cierto es que se utiliza mucho en contextos terapéuticos. Liberar el mundo interno por medio del arte puede ser una de las mejores formas de destensarse, además de ir ganando n mayor conocimiento de nuestro mundo emocional.

Al final de la dinámica, se pondrá en común lo que cada uno ha pintado, destacando por qué ha usado uno o varios colores, por qué ha usado unas formas en concreto y, si ha usado la figura de algún animal, persona u objeto, qué significado tiene para él. Además, se puede tratar de entender si alguna experiencia pasada ha influido en la forma en cómo se ha representado la emoción en cuestión.

5. Campeón o zoquete

El objetivo de este juego es resaltar el impacto que tiene el líder o jefe en la aparición de determinadas emociones, tanto positivas como negativas, en sus subordinados, potenciando tanto el autoconocimiento de los trabajadores como las relaciones sociales entre ellos.

Se puede trabajar con grupos medianos, de unas 15 a 20 personas. El espacio puede ser la misma oficina o un lugar de trabajo, y se van a necesitar como materiales papeles y bolígrafos.

Pasos a seguir

Los empleados ponen en un papel aquellos comportamientos de su jefe que les hicieron sentirse importantes, como pueden ser dar referencias positivas sobre el trabajador a otros directivos, informarles de una decisión empresarial, una palmadita en la espalda y decirles que habían hecho un buen trabajo…

También, debajo de este punto, deberán poner los momentos en los que se sintieron excluidos o menospreciados, como no ser escuchados en las reuniones, no tenerlos en cuenta para un proyecto importante o nuevo, alguna situación en la que se les ignoró de mala manera...

Para finalizar, cada trabajador expone sus casos y explica cómo se sintió, tanto para bien como para mal, cuando el jefe hizo lo que hizo. Además, cada uno comentará cómo esto influyó en su forma de trabajar en el momento en que sucedió.

6. El diccionario de las emociones

El objetivo de esta actividad es la de catalogar las emociones que experimentamos, además de fomentar el trabajo en equipo. Para esta tarea será necesario bastante tiempo e, incluso, se puede hacer a largo plazo, en varias sesiones o trabajándolo como una especie de deberes emocionales, pero divertidos.

El tamaño del grupo puede ser muy variado. Lo importante es que haya confianza entre ellos y que los participantes se encuentren cómodos para hablar de sus emociones. Es decir, se trata de una actividad que se debe aplicar en grupos que ya tienen cierta historia de convivencia

El espacio, en caso de trabajarse al momento, debe ser uno en el que se permita trabajar en equipo, sin tener muchos obstáculos por en medio. En cuanto a materiales, serán necesarios cuadernos, bolígrafos o, si se prefiere ahorrar papel, se puede usar un soporte digital.

Pasos a seguir

La persona encargada de dirigir la actividad explicará que, de las emociones, la parte más sencilla es sentirlos, aunque cueste. Lo que realmente es difícil es definirlo.

A veces, no podemos aclarar exactamente qué sentimos por ira, tristeza o alegría, dado que las causas de la emoción y la forma en cómo lo experimenta la persona son muy variadas, dependiendo del contexto y de las características de personalidad del individuo.

Es por ello que propondrá escribir un diccionario de emociones redactado por los participantes, tanto de forma grupal como de forma individual. Estas emociones deben ser muy específicas, explicando cómo surge, cuándo las sienten y qué hacen para mantenerlas o dejar de sentirlas, en función de si son positivas o si son negativas.

Los participantes deberán hablar con confianza, reflexionando sobre qué siente y qué han sentido. A su vez, el dinamizador, para facilitar la actividad, irá proponiendo diferentes emociones, las cuales deberán definir por escrito y poniendo ejemplos de cada una.

Al final, cuando se haya logrado acabar con el diccionario, se pondrá en común lo que se ha escrito. Se compararán las descripciones y se hará énfasis en las emociones derivadas de las principales que hayan ejemplificado los participantes.

7. Valores alineados

El objetivo de esta dinámica, ideal para entornos laborales, es conocer qué valores comparten la empresa, la dirección y la plantilla, y ver en qué medida acercan a la organización al éxito.

Pasos a seguir

Si una empresa, su dirección y su plantilla comparten los mismos valores, entonces, será mucho más fácil conseguir el éxito. La pregunta es, ¿cómo saber si estos valores están alineados?

Una buena forma de saberlo es, directamente, preguntándoselo a las partes implicadas. Se pide a cada asistente que escriba los cinco valores que considera que son más importantes para el líder o el jefe, los cinco más importantes para los asistentes y los cinco más importantes para la compañía.

Una vez cada uno ha hecho su parte, se comparan los listados de valores para descubrir y debatir aquellos que realmente comparten y aquellos que difieren entre los tres colectivos.

8. ¡Tú vales!

El objetivo de este juego de inteligencia emocional es demostrar el efecto Pigmalión. En resumidas cuentas, este efecto consiste en cómo la creencia de una persona sobre lo que es capaz de hacer otra persona influye en el rendimiento de esta segunda.

El tiempo necesario para llevar a cabo esta actividad va a ser de alrededor de media hora, trabajándose con un grupo de unas 20 personas en un espacio lo suficientemente grande como para que permita la interacción entre los participantes.

Los materiales necesarios van a ser folios, bolígrafos, algunas monedas y una cartulina con un círculo pintado en medio.

Pasos a seguir

El encargado de la actividad pedirá que salgan dos voluntarios. Estos voluntarios saldrán de la sala o del lugar, mientras que se le explicará al resto del grupo el juego.

Se dividirá el grupo en dos. En el grupo 1 se debe animar y motivar al primer voluntario, mientras que al segundo lo van a tratar de manera diferente. El grupo 2 actuará de forma neutra ante el primer voluntario, y tratar de desanimar al segundo.

Entra el primer voluntario y se le pide que lance las monedas, intentando que entren en el círculo de la cartulina, que estará a unos dos metros de distancia. El segundo voluntario tendrá que hacer lo mismo.

La idea es ver cómo los mensajes de motivación dichos por el grupo 1 al primer voluntario, y los de desánimo dichos al segundo voluntario por el grupo 2 influirán en el rendimiento de ambos, uno de forma positiva y el otro de forma negativa.

Una vez hecha la actividad, se les explicará el efecto Pigmalión, haciéndoles reflexionar sobre cómo los mensajes de los demás pueden influir en nuestras capacidades, por muy expertos o no que seamos en la misma. Motivar a alguien puede hacer que supere sus propias limitaciones, mientras que desanimarlo puede hacer que fracase incluso en tareas en las que es diestro.

9. Usa metáforas

El objetivo de esta actividad es aprender a expresar las emociones que sentimos en diferentes aspectos de la vida usando metáforas.

De tiempo se van a necesitar unos 45 minutos y se puede trabajar con un grupo de tamaño mediano. También hay la opción de trabajar con alguien de forma individual. El espacio deberá estar habilitado para que cada uno pueda trabajar de forma individual.

Pasos a seguir

El dinamizador pedirá a cada uno de los participantes que seleccione un ámbito de su vida sobre el que le gustaría reflexionar. Esto ámbitos pueden ser el trabajo, la familia, el ocio, las amistades, la salud...

Cada uno tendrá que pensar en anécdotas del ámbito seleccionado, además de explicar qué emociones le generan.

Después, deberán pensar qué imagen creen que tienen las personas que forman pàrte de ese ámbito sobre ellos mismos. Por ejemplo, si uno de ellos ha seleccionado la familia, deberá pensar qué creen que piensan sus padres, hermanos, hijos… sobre él o ella.

10. ¿Dónde estamos?

Esta actividad tiene por objetivo el desarrollar capacidades de improvisación y expresión gestual, además creatividad y reconocimiento de la complejidad emocional de diferentes situaciones.

El tiempo necesario para llevar a cabo esta actividad es de una hora o hora y media. Se necesitará una sala amplia y se puede trabajar con grupos grandes, pero teniendo en cuenta que se van a subdividir.

Pasos a seguir

El primer paso consiste en dividir el grupo en subgrupos, tantos como se consideren necesarios. Lo preferible es que sean grupos con unos cuatro o cinco miembros.

A cada uno de los subgrupos, en privado y sin que los demás se enteren, se les dirá una situación a representar. Las situaciones escogidas deben implicar un alto contenido emocional, como pueden ser una pelea entre dos compañeros de trabajo, que se nos cuelen en la fila del supermercado, intentar ligar en una discoteca y que te den calabazas...

Una vez se hayan dichos las situaciones a representar, cada uno de los grupos la planificará durante unos cinco o diez minutos, acordando los detalles de la acción y los papeles que irán representando los cuatro o cinco miembros. Cuando todos estén listos, cada grupo irá representando la situación que les ha tocado, y los demás deberán tratar de adivinarla.

Una vez terminadas las representaciones, se propone realizar un debate en el que cada miembro del grupo pueda expresar qué sintió mientras estaba realizando su papel, si le recordó a una situación que anteriormente vivió, si ha habido algún tipo de inconveniente a la hora de plantear los papeles y si han habido discrepancias a la hora de planear la escena.

Referencias bibliográficas:

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  • Cooper, R.K. & Sawaf, A. (1997). Estrategia emocional para ejecutivos, Barcelona: Martínez Roca.
  • Goleman, D. (1998). Working with emotional intelligence, New York: Bantman.