Un repaso a este concepto tan complejo. Unsplash.

A lo largo de la historia de la humanidad, muchas personas han reflexionado acerca del concepto de la felicidad. ¿Tú lo has intentado alguna vez? Durante mi investigación, me he dado cuenta de que pensar sobre la felicidad (en el sentido filosófico de la palabra) es una labor difícil, porque uno no sabe en qué se debe fijar exactamente.

Así pues, es lícito que cualquier pensador se pregunte... ¿en qué debo centrarme y qué conceptos debo tener en cuenta para estudiar la felicidad? Bueno, para iniciar una reflexión sobre cualquier concepto, hay que preguntarse acerca de todo lo que no es ese concepto. Y más aún si estamos tratando con el escurridizo concepto de felicidad.

Así lo hice y esperé que, como en un proceso de aventado, en el que se separa la paja del grano lanzando la mezcla al aire, la brisa arrastraría el bálago (es decir, todo lo que no es felicidad) y lo que nos interesa, el grano (la felicidad), caería en el cesto (mi mente) dejándose por fin al descubierto para ser procesada (analizada).

¿Qué no es la felicidad?

El primer error es asumir que el imaginario social de “felicidad” es correcto.

Cuando pensamos en “felicidad”, nos vienen a la mente imágenes muy coloridas y luminosas, de personas haciendo actividades en las que aparentemente se lo pasan bien, en las que esas personas son libres: fotos de sonrisas, de arcoíris, narices de payaso y emoticonos llorando de risa. Te invito a hacer la prueba, deja de leer y escribe en el buscador de Google Imágenes la palabra “felicidad”. ¿Qué nos enseña esta búsqueda? Exactamente lo que he descrito, y por si no fuera suficiente nos proponen conceptos que podrían (o deberían) estar relacionados, como amigo, día, cumpleaños, amor, familia, boda, Coca-cola, y un largo etcétera.

¿Y no es eso la felicidad? En parte sí, pero eso también significa que en parte no. Es por eso que no debemos dejar que los medios de comunicación ni “lo que todo el mundo dice” nos hagan creer que solo podemos ser felices en los días de sol, el día de nuestro cumpleaños, o cuando bebemos Coca-cola.

Desde que tenemos uso de razón, los humanos utilizamos conceptos para comprender el mundo, y la felicidad no es nada más que otro concepto. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que cada sociedad modula los conceptos a su gusto y conveniencia?.

Escribo todo esto para hacerte ver que detrás de las sonrisas hay lágrimas, que después de cada día llega la noche, y que, escondidos bajo el escaparate de la “felicidad perfecta”, hay muchos intereses que nuestra sociedad no está interesada en admitir. Aunque es ahora cuando me doy cuenta, lo contrario de felicidad es infelicidad, y no otra cosa.

Propongo pues que dudemos acerca de todo lo que creemos saber sobre la “felicidad” si no hemos reflexionado antes sobre ella, ya que eso nos lleva a una confusión que, a parte de mezclar conceptos, nos lleva a vivir una vida en busca de algo que no sabemos ni lo que es.

De esta forma fue como desentrañé un poco el concepto de felicidad, en uno de mis retiros a las montañas, hablando con mi tío sobre el tema cuando me percaté (bueno, me percató) de todo esto y de la idea que he llamado: la alegría infeliz y la tristeza feliz. Presento esta idea porque siento que se debe dejar claro de una vez por todas que el estar triste no significa ser infeliz. Son conceptos paralelos que no tiene sentido comparar porque sencillamente no forman parte del mismo plano: lo primero es una emoción, y lo segundo un sentimiento.

Tristeza e infelicidad: una distinción fundamental

Demasiado a menudo, y más en psicología, se confunden estos los conceptos de emoción y sentimiento, que con ejemplos podríamos entender como cosas distintas: cuando voy paseando por la montaña con mi perro y vemos una serpiente, ocurre en nosotros un intenso estado mental que espontáneamente surge en el sistema límbico (encargado de las emociones) que nos hace reaccionar con sorpresa y miedo; dos emociones básicas (universales, que tienen tanto animales como humanos) instintivas y adaptativas que a la práctica han hecho que nuestras especies hayan sobrevivido hasta el día de hoy.

Cuando acabamos el paseo y dejo a Simba (mi perro) solo en casa, él se sentirá triste (otra emoción básica) pero nunca infeliz, ya que la infelicidad es un sentimiento que se diferencia de las emociones en que se llega a ella a través de la evaluación consciente, es decir, sometiendo esa emoción a un pensamiento. Y eso es algo que de momento solo hacemos los humanos, gracias (o por desgracias) al desarrollo de la corteza prefrontal, usamos el razonamiento que a través de símbolos y significados llevan a nuestra mente a crear conceptos más complejos que los animales no pueden comprender, porque hasta el momento no los han necesitado.

Por eso, la alegría es universal pero la felicidad es subjetiva. Todos sentimos lo mismo pero no todos pensamos igual sobre lo que sentimos. ¿Se entiende ahora?

En definitiva, una persona puede estar muy alegre pero ser infeliz. Ese falso “bien” que nos decimos sería un buen ejemplo. Y a la vez, una persona que por cualquier suceso externo desagradable se pueda sentir triste en un momento determinado, confiará en que su felicidad interior permanece ante la adversidad.