Existen diferentes trastornos o lesiones que pueden impedir o dificultar la capacidad para andar de una persona.

Una de las que podemos encontrarnos es la abasia. A continuación descubriremos qué características tiene esta patología, cómo se puede originar y cuáles son los posibles tratamientos que se pueden aplicar para lograr una mejoría.

¿Qué es la abasia?

La abasia es un trastorno médico que hace referencia a una falta de capacidad en el sujeto que la padece para coordinar los movimientos necesarios para poder caminar, lo que sería una forma de ataxia. Debido a ello, la acción de mantenerse de pie o dar pasos se vuelve difícil o imposible, en función de la gravedad de la abasia en el sujeto.

Aquellos que sí pueden llegar a caminar lo hacen de una manera errática y torpe, siendo muy probables las caídas al suelo, pues la imposibilidad de coordinación hace que la persona necesite un esfuerzo titánico para enlazar varios pasos seguidos, si es que lo llegan a conseguir.

Uno de los problemas que hace que esta patología impida andar al paciente es que los pasos que se logran dar no guardan una tendencia general en cuanto a la distancia, por lo que a veces se dan pasos más cortos y a veces más largos, de forma aleatoria, impidiendo avanzar con regularidad, lo que le hace perder el equilibrio frecuentemente.

En ocasiones, la abasia puede ir aparejada de otro déficit del movimiento que se conoce como astasia, y que implica una falta de capacidad en el sujeto para permanecer en vertical, es decir, de pie, sin una ayuda externa (alguien que le sujete o algún elemento en el que apoyarse).

Causas orgánicas

La abasia surge por un daño en determinadas regiones cerebrales, y puede tener un origen diverso. Puede ser causado, por ejemplo, por un ictus, es decir, un accidente cerebrovascular, que dejaría sin oxígeno una parte del cerebro implicada en los movimientos necesarios para caminar.

También puede estar generada por una enfermedad conocida como hidrocefalia, que altera los niveles de presión del cerebro por un exceso de líquido cefalorraquídeo rodeando a este órgano, y por lo tanto también puede dañar parte de sus tejidos, generando diferentes patologías en función de la zona afectada. Una de ellas sería la abasia.

Otra de las enfermedades que podrían acabar derivando en una dificultad para coordinar los pasos sería el Parkinson, una de las patologías neurológicas más conocidas. Al sufrirse una degeneración progresiva del tejido neuronal, puede llegar un momento en que se sufra daño en los puntos críticos del cerebro que nos permiten caminar, comenzando a sufrir, desde ese momento, de abasia.

Existen enfermedades menos conocidas, como el síndrome de Guillain-Barré, que también son responsables en ocasiones de desencadenar el trastorno que nos ocupa. En este caso estaríamos hablando de una enfermedad de tipo autoinmune, que poco a poco provoca la paralización de las extremidades, haciendo que para la persona cada vez sea más complicado caminar, aparte de otros muchos síntomas como la pérdida de sensibilidad.

Sin embargo, en el caso del síndrome de Guillain-Barré, la capacidad de recuperación del paciente es muy buena. Por lo general, hasta un 90% de los afectados por este trastorno suelen mejorar y recuperarse prácticamente por completo aproximadamente doce meses después de comenzar con los síntomas.

Otro motivo que puede generar una abasia sería cualquier daño que afecte al cerebelo, y más concretamente en la parte del vermis, un tejido que une ambos los dos hemisferios del propio cerebelo, y que está implicada en los procesos propioceptivos conscientes del individuo.

Fobias

Hemos realizado un recorrido por multitud de enfermedades y lesiones de tipo orgánico que podrían generar, entre otros muchos síntomas, una abasia. Sin embargo, estas no son las únicas vías por las que una persona puede llegar a tener serios problemas para ponerse de pie y caminar.

Y es que no hay que perder de vista la parte psicológica del sujeto y lo poderosos que pueden llegar a ser algunos miedos irracionales, como son las fobias. En este sentido, existen varios tipos de fobias que afectarían directa o directamente a la capacidad de la persona para desplazarse utilizando sus pies.

Basofobia

Una de ellas sería la basofobia o basifobia, una fobia consistente en un terrible miedo a tropezarnos y caer mientras estamos caminando, lo que bloquea de tal manera al sujeto que puede obligarle a permanecer sentado o tumbado todo el tiempo para no ver cumplido ese miedo que le atemoriza, lo que sería otra forma de abasia.

Se da especialmente en personas mayores, que ya han empezado a sufrir un proceso degenerativo y no se sienten seguros para caminar, pues temen las consecuencias de una posible caída, que podría generarles importantes lesiones como una rotura de cadera o de otros huesos.

También es posible haber adquirido esta fobia a causa de una caída real, que ha colapsado tanto la capacidad de procesamiento del sujeto que su cerebro ha establecido el no caminar como método para no volver a sufrir semejante daño. Se trata de un origen muy común en diversos tipos de fobias (el haber sufrido un daño real y por lo tanto evitar a toda costa la conducta que propició ese primer incidente, de manera que no se vuelva a experimentar jamás algo así).

Estasifobia

Otro miedo muy similar al anterior sería la estasifobia, que en lugar de al caminar, se refiere al hecho mismo de estar de pie, por lo que también estaría limitando la otra conducta, puesto que, como es lógico, no se puede andar si no se está en bipedestación.

Además de estasifobia, también se pueden encontrar otros términos para referirse a esta misma fobia que está provocando la abasia por medio de factores psicológicos. Algunos de ellos serían ambulofobia, stasifobia o stasofobia.

Stasobasofobia

Además, la estasifobia puede presentarse conjuntamente con la basofobia, en lo que se conoce con el término clínico de stasobasofobia, un tipo de fobia múltiple en el que estarían viéndose afectadas las dos conductas.

Por un lado la persona sería incapaz de ponerse de pie, por el terror que le supone la idea. Pero además, tampoco sería capaz de plantearse caminar, ya que esa acción, por sí misma, también provoca temores en la persona, que por lo tanto se encuentra incapacitada para ninguna tarea que implique el desplazamiento con sus piernas.

Tipos

Dentro de las abasias que tienen una base orgánica detrás, existe una amplia tipología según las implicaciones que tenga esta restricción del movimiento de las piernas. Vamos a conocer los diferentes tipos que podemos encontrarnos.

1. Abasia atáctica

Por un lado encontraríamos la abasia atáctica, aquella en la que el sujeto experimenta una falta de certidumbre al desplazarse.

2. Abasia coreica

La abasia coreica, por el contrario, vendría desencadenada por una corea (movimientos involuntarios) que afectaría a las extremidades inferiores de la persona.

3. Abasia paralítica

Encontraríamos también la abasia de tipo paralítico, originada por una incapacidad del paciente para mover los músculos de las piernas y por lo tanto sufrir de una imposibilidad para caminar.

4. Abasia espástica

Este tipo de abasia, la espástica, estaría produciéndose cuando una disfunción del organismo provoca que los músculos de las piernas (al menos esos, pues son los que nos ocupan) se mantengan contraídos todo el tiempo, dificultando por lo tanto el movimiento voluntario de los mismos.

5. Abasia espasmódica

La abasia espasmódica es similar al tipo anterior, pero en este caso los músculos no tienen por qué encontrarse constantemente tensos, sino que la persona sufriría de espasmos involuntarios que los contraerían y relajarían aleatoriamente.

6. Abasia trémula

En el caso de la abasia trémula, toda la musculatura implicada en los movimientos requeridos para dar pasos sufriría de temblores constantes, que dificultarían la marcha del individuo. A esta modalidad también se le conoce como abasia temblorosa.

7. Abasia con astasia

Ya hemos adelantado antes que la abasia puede aparecer únicamente como la dificultad para mover las piernas para caminar, pero también puede llevar aparejada la astasia, con lo cual el individuo ni siquiera tendría la capacidad para ponerse y mantenerse en pie, o bien lo haría pero con mucha dificultad.

Esta tipología de abasia también recibe el nombre de enfermedad de Blocq, conocida con esta denominación por haber sido un trastorno descrito por primera vez por el médico francés Paul Blocq, a finales del siglo XIX.

En este caso estaríamos hablando de un tipo de ataxia por la que se perdería la capacidad automática que tenemos para realizar los movimientos implicados en el acto de caminar, pero lo curioso es que al estar recostado, podría mover las piernas y sus diferentes grupos musculares sin problema.

En este caso, el origen de la patología estaría en la sustancia negra de los ganglios basales, como ya habíamos anticipado en el listado de posibles causas para algunos tipos de abasia.

Referencias bibliográficas:

  • Munford, P.R., Paz, G. (1978). Differential attention in the treatment of astasia-abasia. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. Elsevier.
  • Okun, M.S., Koehler, P.J. (2007). Paul Blocq and (psychogenic) astasia abasia. Official journal of the Movement Disorder.
  • Sinel, M., Eisenberg, M.S. (1990). Two unusual gait disturbances: astasia abasia and camptocormia. Archives of physical medicine and Rehabilitation.
  • Stickler, G.B., Cheung-Patton, A. (1989). Astasia-Abasia: A Conversion Reaction Prognosis. Clinical pediatrics.