Un repaso a los principales trastornos del movimiento. Unsplash.

Los trastornos de movimiento son un conjunto de patologías que se caracterizan por la disminución, la pérdida o la presencia en exceso de movimientos corporales que afectan gravemente a la calidad de vida de las personas que los padecen.

En este artículo te explicamos en qué consisten, qué tipos de trastornos del movimiento existen y cuál es su tratamiento.

¿Qué son los trastornos de movimiento?

Los trastornos del movimiento incluyen un grupo de trastornos en los que se deteriora la regulación de la actividad motora y se presentan alteraciones en la forma y la velocidad de los movimientos corporales, sin que se vean afectadas directamente la fuerza, la sensación o la función cerebelosa.

Este tipo de trastornos pueden estar causados por por enfermedades, condiciones genéticas, medicamentos u otro tipo de factores. Además, un trastorno del movimiento puede constituir la única expresión clínica de una enfermedad específica o puede formar parte de un conjunto de manifestaciones neurológicas de enfermedades más complejas.

El riesgo de desarrollar un trastorno del movimiento aumenta con la edad. Una historia previa de derrames cerebrales y la presencia de factores de riesgo cardiovascular, como pueden ser tener presión arterial alta o diabetes, pueden aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno del movimiento relacionado con la circulación.

Tipos de trastornos del movimiento

Desde una perspectiva clínica, se pueden diferenciar dos grandes grupos de trastornos del movimiento: los hipocinéticos, caracterizados por presentar movimientos lentos o disminuidos; y los hipercinéticos, que se caracterizan por un exceso de movimientos o por la presencia de movimientos anormales involuntarios.

Trastornos del movimiento hipocinéticos

Los trastornos del movimiento o síndromes hipocinéticos incluyen todas aquellas patologías del movimiento en la que éste se empobrece y enlentece, afectando los movimientos voluntarios y espontáneos asociados.

El trastorno hipocinético más frecuente es el llamado síndrome parkinsoniano, que consiste en una alteración del funcionamiento de circuito motor córtico-subcortical encargado de generar correctamente los movimientos corporales. Este síndrome presenta varios síntomas comunes, como: la bradicinesia, los temblores y la rigidez.

En la bradicinesia se produce al inicio un enlentecimiento motor; después, en la realización y la finalización del movimiento voluntario se producen movimientos repetitivos o alternantes de las extremidades, observándose una reducción progresiva de la velocidad y la amplitud.

Se pueden distinguir tres componentes en la bradicinesia: el enlentecimiento motor o bradicinesia en sí, la acinesia o pobreza de movimientos espontáneos (con retardo en la iniciación de movimiento o el cambio entre movimientos fluidos) y la hipocinesia, que consiste en una disminución de la amplitud de movimiento.

En cuanto a los temblores, el más característico en los trastornos del movimiento hipocinéticos es el de reposo, de baja frecuencia (entre 3 y 6 hz). Este temblor suele aparecer cuando no se han activado los músculos y disminuye al realizar una acción específica. También puede existir un temblor de acción, pero es menos frecuente. Con todo, puede existir un síndrome parkinsoniano sin evidencia de temblores.

Por último, se denomina rigidez a la resistencia que opone una parte del cuerpo a la movilización pasiva. En los síndromes parkinsonianos se puede presentar en forma de rueda dentada, donde aparecen breves episodios de oposición alternados con episodios de relajación.

También puede manifestarse por una resistencia constante, denominada tubo de plomo, en la que la intensidad de la resistencia se mantiene constante en todo el rango del movimiento, ya esté extendido o flexionado (sin que cambie al variar la velocidad con la que se moviliza la parte del cuerpo, a diferencia de la espasticidad).

Trastornos de movimiento hipercinéticos

Los trastornos del movimiento hipercinéticos son aquellos en los que se produce un exceso de movimientos anormales e involuntarios. Los principales formas son: los tics, las coreas, el balismo, la atetosis, las mioclonías y las distonías. Veamos en qué consiste cada una de ellas.

1. Tics

Los tics son movimientos estereotipados, sin un fin concreto, que se repiten de forma irregular. Se caracterizan porque se pueden suprimir voluntariamente y aumentan con factores como el estrés o la ansiedad. Se pueden clasificar en tics primarios (esporádicos o hereditarios) y secundarios, motores y vocales, simples y complejos.

La forma más grave de tics múltiples es el conocido como Síndrome de Gilles de la Tourette, un trastorno hereditario autosómico dominante, asociado a defectos en el cromosoma 18. Este trastorno se manifiesta con múltiples tics motores y uno o más tics fónicos. Estos tics ocurren varias veces al día, prácticamente todos los días durante más de un año. La gravedad y complejidad de los mismos puede variar con el tiempo.

Para tratar este tipo de movimientos anómalos, como los tics, suele ser necesario un tratamiento farmacológico a base de neurolépticos, clonidina y fármacos antidopaminérgicos.

2. Coreas

La corea es un trastorno del movimiento que hace referencia a movimientos arrítmicos, irregulares, rápidos, descoordinados y contínuos que afectan a cualquier parte del cuerpo.

Las causas de este trastorno del movimiento son múltiples y poco frecuentes: hereditarias (enfermedad de Huntington, neuroacantocitosis, Síndrome de Fahr, etc.), metabólicas y endocrinas (hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, etc.), por vasculitis (por ejemplo, lupus eritematoso sistémico), debido a ictus de los ganglios basales y farmacológico.

La enfermedad de Huntington es el tipo de corea hereditaria más común. Puede iniciarse a cualquier edad, aunque tiene una mayor incidencia en personas de entre 40 y 50 años, evolucionando lentamente hacia la muerte en un periodo que va de los 10 a los 25 años. La supervivencia es más corta entre pacientes con inicio juvenil de la enfermedad.

Una neumonía y otra serie de infecciones intercurrentes suelen ser la causa más frecuente de muerte. Existen antecedentes familiares en casi todos los pacientes que padecen la enfermedad de Huntington. Es un trastorno hereditario con carácter autosómico dominante y penetrancia completa, y es el resultado de un defecto genético en el cromosoma 4. Esta enfermedad debuta a edades más precoces en sucesivas generaciones.

3. Balismo

El balismo es una forma severa de la corea que produce movimientos bruscos, involuntarios y de una gran amplitud. Suele aparecer de forma súbita pero puede gestarse a lo largo de días o, incluso, semanas. Este trastorno del movimiento suele remitir durante el sueño.

Los movimientos del balismo son tan violentos que pueden conducir a la muerte por agotamiento o provocar lesiones articulares o cutáneas en la persona que lo padece. Es frecuente que afecte a un hemicuerpo (hemibalismo), aunque, en ocasiones, puede afectar solamente a una extremidad (monobalismo), a ambos miembros inferiores (parabalismo) o, en casos más raros, a las cuatro extremidades (bibalismo o balismo lateral).

4. Atetosis

La atetosis es un trastorno del movimiento que se da en una cuarta parte de los casos de parálisis cerebral. Este trastorno es causado por lesiones en el sistema extrapiramidal y se manifiesta en movimientos lentos serpenteantes, incontrolados, involuntarios y sin un objetivo concreto.

Los músculos de la boca se ven afectados, y es por ello que los pacientes que sufren atetosis suelen presentar trastornos del lenguaje. También puede darse como una reacción anormal a los estrógenos o a algunos fármacos antidepresivos.

5. Mioclonías

Las mioclonías consisten en movimientos involuntarios, bruscos y breves, causados por una contracción muscular activa o inhibiciones bruscas del tono muscular. Se pueden clasificar, según su origen, en: corticales, subcorticales, espinales o periféricas.

Por su distribución, se clasifican en focales (implican un grupo de músculos discreto), segmentarias o generalizadas (generalmente de causa progresiva y asociadas a trastornos epilépticos). Y por su forma de presentación, pueden ser mioclonías espontáneas, de acción o reflejas.

6. Distonías

Este tipo de trastornos de movimiento se presentan de forma involuntaria y sostenida, y producen una desviación o torsión de una zona del cuerpo. La persona que las padece no puede eliminarlas voluntariamente y se producen debido a movimientos o acciones específicas.

Generalmente, suelen suprimirse durante el sueño. Es habitual que se den junto a otros trastornos de movimiento como los temblores esenciales. Existe también un “temblor distónico”, que surge cuando el paciente intenta mover una parte de su cuerpo en dirección opuesta a la fuerza de la distonía.

Tratamiento

Los trastornos de movimiento deberán tratarse en función de su etiología y gravedad. Uno de los tratamientos aplicados es la estimulación cerebral profunda, que reduce de forma significativa los movimientos involuntarios. Esto se produce mediante la generación de pulsos eléctricos en el cerebro, siendo el propio paciente el que ajusta la intensidad del impulso para controlar sus síntomas.

Otro tratamiento que se ha utilizado en estos casos es el ultrasonido focalizado guiado por resonancia magnética nuclear (MRgFUS, por sus siglas en inglés), un procedimiento que utiliza haces de energía sonora para eliminar un pequeño volumen de tejido cerebral sin afectar a las áreas adyacentes.

Uso de fármacos en la terapia

En ocasiones, también se utilizan fármacos para paliar los síntomas, entre los que se incluyen:

1. Betabloqueantes

Son medicamentos que disminuyen la presión arterial, de modo que se reducen las sacudidas y otros síntomas físicos de muchos de los trastornos del movimiento.

2. Antiepilépticos

Estos fármacos son usados para reducir los temblores (por ejemplo, en los síndromes parkinsonianos), especialmente los producidos en las manos.

3. Anticolinérgicos

Estos fármacos se emplean para tratar las distonías, mediante la reducción de los efectos de la acetilcolina, un neurotransmisor implicado en las contracciones musculares, provocando una disminución de los temblores y la rigidez.

4. Ansiolíticos

Los ansiolíticos actúan en el sistema nervioso central provocando relajación muscular, que alivia, a corto plazo, los efectos propios de las sacudidas y los espasmos.

5. Toxina botulínica

Esta toxina actúa bloqueando los neurotransmisores responsables de los espasmos musculares, ayudando a detenerlos.

Referencias bibliográficas:

  • Jankovic J. Treatment of hyperkinetic movement disorders. Lancet Neurol 2009; 8: 844 - 856.
  • Leon-Sarmiento FE, Bayona-Prieto J, Cadena Y. Plasticidad neuronal, neurorehabilitación y trastornos del movimiento: el cambio es ahora. Act Neurol Col 2008; 24: 40 - 42.