¿En qué consiste este fenómeno relacional? Francisco Osorio.

La desintegración familiar es un fenómeno que ha sido especialmente estudiado desde la década de los 80’s; momento en el que ocurre una transformación importante de la organización social de la familia.

Se trata de un proceso complejo que suele ser analizado desde los efectos psicológicos negativos que puede tener en los hijos. No obstante, es también un fenómeno que aporta mucha información sobre los valores que organizan nuestras sociedades y sobre los cambios que en éstas han ocurrido.

Siguiendo lo anterior veremos qué es la desintegración familiar, cuáles son algunos de sus efectos psicológicos y cómo se ha transformado la organización de las familias en las últimas décadas.

¿Qué es la desintegración familiar?

La familia, entendida como la unidad social intermedia entre individuo y comunidad (Ortiz, Louro, Jiménez, et al, 1999) es una de las protagonistas en nuestra organización cultural. Su función se ha entendido tradicionalmente en términos de satisfacción de necesidades económicas, educativas, filiales y culturales; a través de las que se crean valores, creencias, conocimientos, criterios, roles, etc.

Lo anterior ocurre a través de una dinámica relacional interactiva y sistemática entre los miembros de una familia (Herrera, 1997), es decir, entre personas que comparten alguna forma de parentesco. En este sentido, se conoce como “desintegración familiar” al proceso mediante el cual se modifica significativamente la organización previamente establecida de un grupo emparentado de personas.

Pero, ¿toda modificación en la organización de la familia implica una desintegración? Podríamos responder rápidamente en negativo: no todo reacomodo en la organización de una familia implica su separación. Para que la desintegración familiar ocurra, tiene que modificarse cualitativamente el parentesco o las dinámicas relacionales que unen a sus miembros. Con frecuencia, esto último se plantea como ocasionado por la ausencia de uno de los progenitores o cuidadores; lo que entre otras cosas significa que se ha partido de considerar como unidad de análisis al modelo tradicional de familia.

¿Desintegración familiar o familia disfuncional?

La modificación o la separación familiar no es necesariamente negativa; es decir, en muchos casos se trata de un acuerdo o una situación que asegura el bienestar físico o psicológico de los miembros.

Dicho de otra manera, el reacomodo o la disrupción de una organización familiar previamente establecida puede ser la solución a situaciones conflictivas ocasionadas en el seno familiar, y como tal, puede tener efectos positivos en sus miembros. Según cómo sea la dinámica familiar, puede pasar que su desintegración tenga efectos más positivos que su mantenimiento.

No obstante, el concepto de “desintegración familiar” suele hacer referencia específicamente al proceso conflictivo de separación o modificación, que como tal, genera efectos negativos para una o todas las partes involucradas.

Diversidad en los modelos de familia

Como forma de organización y grupo social, la organización y la dinámica particular de familia responde a una serie de normas y valores que son característicos de una sociedad y un momento histórico en concreto.

Tradicionalmente se consideraba como disfuncional o desintegrada cualquier familiar que no siguiera el modelo tradicional. En la actualidad, lo anterior coexiste con el reconocimiento de las familias monoparentales y las familias que se estructuran desde la diversidad de identidades sexuales (Bárcenas-Barajas, 2010), lo que entre otras cosas permite reacomodar a nivel estructural la organización social de la familia.

Estudios sobre sus efectos psicológicos

Se han estudiado especialmente los efectos negativos de la desintegración familiar en los hijos. A grandes rasgos, las investigaciones han dado a conocer que la desintegración familiar dificulta la satisfacción de las necesidades que se espera que cumpla una familia.

A mediano y largo plazo, y a nivel psicológico, dichos estudios han propuesto, por ejemplo, que la desintegración familiar tiene como efecto una baja autoestima, sensaciones y conductas de indefensión, así como dificultades para entablar vínculos sexo-afectivos (Portillo y Torres, 2007; Herrera, 1997). De igual forma se ha investigado el comportamiento social y su relación con la desintegración familiar, por ejemplo, en el aumento de conductas violentas o el retraimiento excesivo.

A corto plazo y sobre en la primera infancia, se ha visto que la desintegración familiar (al presentarse como un evento imprevisto y un cambio significativos en la estructura cotidiana) puede causar confusión, angustia, culpa, rabia o comportamientos autodestructivos.

En todo caso es importante tomar en cuenta que, si bien los estudios han encontrado relaciones entre variables (por ejemplo, entre un puntaje de baja autoestima y una experiencia de desintegración familiar en la infancia), esto no necesariamente implica una causalidad: la baja autoestima puede estar provocada por muchas otras variables.

De hecho, estudios recientes contradicen las hipótesis tradicionales y sugieren que no en todos los casos se comprueba la relación entre desintegración familiar y una baja autoestima (Portillo y Torres, 2007). Esto último nos lleva a considerar que no todas las personas reaccionan de la misma manera, igual que no todas las familias y no todos los adultos gestionan igual o con los mismos recursos un proceso de desintegración.

4 causas

Las causas que han sido estudiadas y establecidas tradicionalmente como factores determinantes en la desintegración familiar son las siguientes:

1. Abandono

Entendemos por “abandono” desamparo, descuido, renuncia o alejamiento. Se trata de una situación que se ha propuesto como una de las principales causas de la desintegración familiar. A su vez, este descuido, renuncia o alejamiento puede estar ocasionado por distintas causas.

Por ejemplo, la ausencia del cuidado o de alguno de los cuidadores primarios es en muchos casos consecuencia de las condiciones socioeconómicas que no permiten satisfacer al mismo tiempo las demandas domésticas y las de provisión. En otros casos puede deberse a la repartición o el reacomodo inequitativo de las responsabilidades de cuidado o de provisión dentro del seno familiar.

2. Divorcio

En este contexto un divorcio es la disolución legal de un matrimonio. Como tal, implica cambios significativos en las dinámicas familiares que sustentan una pareja, con y sin hijos. A su vez el divorcio puede tener muchas causas. Por ejemplo, ruptura del contrato de fidelidad del matrimonio, violencia doméstica e intrafamiliar, desacuerdos frecuentes entre las personas involucradas, entre otras.

3. Muerte

La muerte de uno de los miembros de la familia es otro de los principales causantes de la desintegración familiar. En este caso no necesariamente la muerte de uno de los progenitores o cuidadores causa el reacomodo en la organización de la familia. Especialmente si se trata de uno de los hijos, puede experimentarse un proceso de desintegración muy importante.

4. Migración

En muchas ocasiones la separación o la desintegración de una familia es consecuencia de los procesos migratorios que llevan a uno o a ambos cuidadores a moverse de la ciudad de asentamiento hacia otra donde pueden aspirar a mejorar su calidad de vida. Así mismo los procesos de deportación que están teniendo lugar en muchas sociedades industrializadas han generado el mismo efecto.

Referencias bibliográficas:

  • Bárcenas-Barajas, K. (2010). Familias diversas: de la institución al movimiento. Estructuras y dinámicas en la reconfiguración del orden. Tesis de maestría, Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura. Tlaquepaque, Jalisco: ITESO.
  • Portillo, C. y Torres, E. (2007). Efectos en la crianza de familias uniparentales: la autoestima.
  • Luengo, J. y Luzón, A. (2001). El proceso de transformación de la familia tradicional y sus implicaciones educativas. Investigación en la escuela, 44: 55-68.
  • Ortiz, M., Louro, I., Jiménez, L. et al (1999). La salud familiar: caracterización en un área de salud. Revista Cubana de Medicina General Integral. 15(3): 303-309.
  • Herrera, P. M. (1997). La familia funcional y disfuncional, un indicador de salud. Revista Cubana de Medicina General Integral, 13(6). Recuperado 30 de julio de 2018. Disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21251997000600013
  • Sampson, R. (1987). Urban Black Violence: The Effect of Male Joblessness and Family Disruption. American Journal of Sociology. 93(2): 348-382.
  • McLanahan, S. & Bumpas, L. (1988). Intergenerational Consequences of Family Disruption. American Journal of Sociology. 130-152.