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Es frecuente que muchos niños y jóvenes sean rebeldes y sientan poco apego a las normas sociales y las responsabilidades. Muchos tienen un deseo innato de explorar por su cuenta cuáles son las consecuencias de sus acciones.

A edades tempranas, muchos aprenden a encajar en esta sociedad a base del “ensayo y error”. Esta manera de vivir la vida puede considerarse normal, y muchos de estos niños rebeldes crecen y se convierten en adultos exitosos. Esto forma parte de su desarrollo.

Hijos conflictivos y difíciles

Sin embargo, hay algunas situaciones en las que estos niños difíciles causan serios problemas a sus progenitores, con conductas problemáticas que dañan seriamente la relación padre hijo. Son los hijo tiranos y autoritarios, también conocidos como hijos tóxicos. A pesar de su corta edad, actúan como si fuesen líderes del hogar, exigiendo, demandando y actuando como verdaderos dictadores.

Las actitudes violentas de los hijos muchas veces quedan reflejadas en agresiones psicológicas, insultos y malas contestaciones a los padres. El entorno familiar se convierte en un contexto hostil, con cierres violentos de puertas, roturas de objetos, peleas constantes, acciones destructivas, etc.

Hijos tóxicos: características y consecuencias para los padres

Pero… ¿qué características presentan estos menores en su comportamiento? ¿Cómo afecta su actitud violenta y su tiranía en los padres? En las siguientes líneas puedes encontrar las respuestas a estas preguntas.

1. Actitudes desafiantes

Uno de los grandes problemas de los hijos tóxicos son sus actitudes desafiantes y provocativas, que se caracterizan por un comportamiento agresivo hacia los padres y una violación de las normas y los límites familiares.

Siempre cruzan esa línea que marca la disciplina, sin ninguna forma de respeto. Su idea es llevar la contraria, con reacciones hostiles y llenas de ira.

2. Mandones y autoritarios

Pero este tipo de niños no solamente responden a los padres con actitudes poco agradables, sino que son mandones y exigentes. Tienen una personalidad autoritaria, lo que les hace ser intransigentes.

Ellos deciden qué y cuándo comen, qué canal de televisión se mira y, en resumen, hace lo que les apetece. Si no consiguen sus objetivos, gritan, amenazan y agreden física y psicológicamente a sus padres y montan en cólera.

3. Son caprichosos

Estos menores son impulsivos y sus deseos suelen ser fruto del capricho del momento. Tienen una baja tolerancia a la frustración y su reacción hostil puede aparecer en cualquier momento.

Cualquier cosa que se les antoje es caldo de cultivo para un nuevo conflicto. Igual quieren ver la mirar la tele y a los diez minutos minutos jugar a la consola. Raramente hacen los que los padres les piden y van a lo suyo. Necesitan satisfacer esos caprichos al momento o se avecina una pelea.

4. Muestran falta de empatía

Son niños y jóvenes con nulas habilidades sociales, y su nivel madurativo de empatía está subdesarrollado. La empatía es la capacidad para ponerse en la piel de la otra persona, y puesto que son incapaces de hacer esto, no experimentan sentimientos como el amor, culpa, perdón o la compasión.

5. Son manipuladores

Además de ser egocéntricos y poseer baja tolerancia a la frustración, los hijos tóxicos son manipuladores. Puede que se comporten así en otros entornos como, por ejemplo, el escolar, pero allí sus exigencias son menos tenidas en cuenta.

En cambio, en el contexto de la familia es donde realmente conocen las flaquezas de sus progenitores, a los que manipulan constantemente para lograr sus objetivos.

6. Las madres principales víctimas

Aunque los hijos tóxicos muestran el comportamiento agresivo y las conductas desafiantes y agresivas con ambos progenitores, es más habitual que se dé con las madres. Los padres suele ser menos víctimas de estos hechos debido a que les suelen tener más miedo. A pesar de no ser siempre así, los hijos tóxicos suelen ser muchas veces varones.

7 .Muchas veces son los padres los causantes

Los progenitores, como principales agentes educativos, suelen ser los principales culpables de esta situación. Si bien, en algunos casos, la genética puede provocar personalidades más conflictivas, la educación puede favorecer que este comportamiento negativo se minimice o, por contra, se manifieste.

La educación comienza desde los hijos nacen, y los progenitores deben aprender a ponerles límites y deben ayudarles a desarrollar personalidades sanas. Un padre consentidor y conflictivo puede hacer que un hijo sea tóxico.

8. Reconocer el problema es esencial para tomar medidas

Cuando un padre se encuentra en esta situación, es necesario reconocer que algo va mal, porque las consecuencias de esta guerra entre padres e hijos tóxicos solamente puede causar daño y sufrimiento. Cuando alguien es consciente de esta situación, entonces es posible buscar ayuda. En algunos casos, acudir a un psicólogo es la solución.

Cómo lidiar con un hijo tóxico

Lidiar con hijos tóxicos no es fácil, porque la situación familiar puede volverse tan tóxica que haga imposible la convivencia. Lo idóneo es que se eduque a los niños desde pequeños para que aprendan a ser adultos emocionalmente sanos y respetuosos.

Si los padres no ponen límites ni normas desde que los hijos nacen, entonces es muy complicado cambiar su comportamiento en edades más avanzadas.

Ahora bien, los padres siempre pueden llevar a cabo una serie de actitudes y estrategias que minimicen el impacto de este comportamiento tóxico y desobediente en pos de encontrar la paz familiar. Son los siguientes:

  • Poner normas claras y límites consistentes: Las normas son útiles si están bien establecidas, por eso deben ser claras y consistentes. Los padres no deben cuestionarlas delante de los niños.
  • Hacer tiempo para la comunicación: Cualquier relación interpersonal puede mejorar con el diálogo y la comunicación apropiada. De esta manera, cada una de las partes expone sus emociones y necesidades y se llega a acuerdos. Es bueno que los padres sean claros y pongan ejemplos a los hijos sobre cómo se comportan y cuáles son las consecuencias de sus actos.
  • Centrarse en lo positivo: Una actitud positiva hacia la relación también puede ayudar a minimizar el impacto. Los conflictos empeoran cuando una de las parte está a la defensiva.
  • Evitar los premios: Las normas deberían ser cumplidas sin necesidad de dar premios, lo que se considera una motivación extrínseca. Por eso se debe fomentar la motivación intrínseca, es decir, trabajar en los valores de los hijos para que entiendan cómo deben comportarse.
  • Aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar: Muchas veces los adultos tratan a los niños como adultos, pensando que tienen el mismo nivel de razonamiento. Los niños son exploradores y hay que entender que muchas veces es su curiosidad lo que les hace comportarse así, es decir, no actúan con mala fe.
Si quieres profundizar en estos consejos y conocer alguno más. puedes leer nuestro artículo: “Lidiar con "niños difíciles" y desobedientes: 7 consejos prácticos