La aparición de las ciudades es una de las consecuencias del crecimiento de las sociedades. Wikimedia Commons.

En psicología y en otras ciencias sociales solemos hablar mucho de “la sociedad”. Discutimos sobre la manera en que nos afecta, sobre los tipos de sociedades que hemos construido, hablamos sobre los cambios por los que nuestras sociedades han pasado, etcétera. Incluso diferenciamos entre sociedades occidentales, no occidentales, individualistas, colectivistas, sociedades del conocimiento, desarrolladas, no desarrolladas, y entre muchas otras. No obstante, pocas veces nos preguntamos a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de “la sociedad”.

Considerando que no hay una sola definición, y que es un tema que podríamos abordar desde perspectivas muy distintas, en este artículo haremos un breve repaso de enfoque psicosocial sobre qué es la sociedad y cuáles son algunos de sus elementos. Específicamente veremos varias de las principales funciones que tiene la vida en sociedad.

¿Qué es la sociedad y qué elementos tiene?

Desde las tradiciones más clásicas de las ciencias sociales, la sociedad se ha presentado como el elemento opuesto al individuo, es decir, como un ente que es externo a los sujetos y que nos afecta, nos moldea, nos oprime, o al revés: nos libera, nos fortalece o nos impulsa. Es decir, la sociedad suele pensarse como algo que existe fuera del sujeto, pero en relación con este: lo sostiene y al mismo tiempo lo limita.

No obstante, la sociedad también puede ser entendida como el resultado de la propia actividad de los seres humanos; actividad que al ser compartida, genera también un conjunto de normas. Es decir que, la sociedad también puede comprenderse como el resultado de nuestra interacción.

Y es que, al interactuar, producimos y compartimos una serie de códigos que nos permiten organizarnos de distintas maneras. Dichos códigos se traducen en elementos que propician la socialización (el proceso por medio del cual un individuo se convierte en un sujeto competente para la sociedad).

Ejemplos de estos elementos son las instituciones (la familia, el matrimonio, la escuela, la ciencia, la religión, etcétera), lo cual depende de la situación geográfica, económica, política, las tradiciones, los valores y la historia de cada conjunto de individuos.

En otras palabras, no hay una sola forma de hacer sociedad; no se generan las mismas dinámicas ni los mínimos procesos en todos lados, así como tampoco han sido los mismos en todos los tiempos. Y más allá de ser un ente diferente del sujeto, la sociedad es el resultado de la actividad y la interacción de los mismos sujetos.

5 funciones de la sociedad

A partir de lo planteado antes nos podríamos preguntar: ¿para qué vivimos en sociedad? ¿De qué sirve? ¿Podríamos vivir sin sociedad o fuera de ella?

Sin duda las funciones de la sociedad son, por lo menos, problemáticas. Más allá de que la propia sociedad sea buena o mala, nociva o benéfica, el conjunto de nuestra propia actividad suele ser incierto, con lo cual, los efectos y las funciones de la sociedad se vuelven también ambiguas.

Si además pensamos la sociedad en términos pragmáticos, podemos decir que no solo se encarga de influir en nuestras vidas o en nuestra actividad, sino que es a través de la misma sociedad como somos capaces de mantener la propia vida (física y psíquica). No obstante, y según qué dinámicas se generan, también se puede tener el efecto contrario.

A grandes rasgos podemos describir las funciones de la sociedad en diferentes procesos que se generan mediante la actividad humana compartida: la identidad, las normas sociales, las prácticas relacionadas con el cuidado, las actividades relacionadas con la provisión, y la gestión del medio ambiente.

1. Generar identidad

La identidad es un proceso psicosocial por medio del cual una persona se reconoce a sí misma en relación con una serie de características, rasgos, intereses, deseos, habilidades, etcétera. Dicho reconocimiento ocurre en gran medida a través de las otras personas. Y es así porque sólo a través de los demás podemos reconocernos como “iguales a…” o “diferentes a...“, es decir, como individuos únicos y al mismo tiempo parte de un grupo.

En otras palabras, si un individuo se reconoce a sí mismo como tal, es porque hay otros individuos que le han reconocido así también. Así pues, una de las funciones de la vida en sociedad es dar forma al sujeto y a los pequeños grupos: la sociedad genera tanto estructuras psíquicas como grupos sociales, sin los cuales difícilmente podríamos relacionarnos con el mundo.

2. Producir normas sociales

Las normas sociales son el conjunto de pautas implícitas o explícitas que nos indican de qué manera debemos comportarnos. No solo eso, sino que nos indican también qué intereses, deseos, hábitos o expectativas son las adecuadas o las posibles. A través de las normas sociales nos relacionamos con el mundo y con los otros miembros de la sociedad.

Las generamos y reproducimos a través de esa misma relación, y cuando se transforma, las normas sociales también cambian. Por ejemplo, la interacción y las normas de comportamiento entre seres humanos (y entre seres humanos y naturaleza), no era la misma antes de que desarrollaramos la tecnología, y es así porque al introducir pequeños cambios materiales y discursivos, las normas sociales también cambian.

En suma, otra de las principales funciones de la sociedad es generar y transformar las normas de comportamiento que nos distinguen como parte de un grupo social. Gracias a esto, podemos hacer que nuestros intereses encajen sin que aparezcan demasiados conflictos como para vivir cerca los unos de los otros.

3. Asegurar prácticas de cuidado y filiación

Otra de las funciones de la vida en sociedad es generar prácticas que aseguren la satisfacción de nuestras necesidades humanas. Para asegurar esta satisfacción, también es necesario que las prácticas generadas se correspondan con las necesidades y los valores de un momento geográfico e histórico concreto. Por ejemplo, una necesidad que compartimos los seres humanos es la filiación, lo que se relaciona con la interdependencia afectiva y con las prácticas de cuidado.

Esto último es un valor que comparten algunas sociedades, y en menor medida otras. Así mismo se relaciona con la división sexual del trabajo y la socialización de género que puede ser distinta entre grupos humanos. Por ejemplo, en algunas sociedades occidentales que cuentan con más recursos económicos, las prácticas relacionadas con el cuidado y la filiación son distintas a otras sociedades en las que, al tener menos recursos, también se generan una necesidad importante de apoyo y de cuidado entre los individuos.

4. Generar actividades relacionadas con la provisión

Relacionado con el punto anterior, otra de las funciones de la vida en sociedad es asegurar que se generen prácticas relacionadas con la provisión, es decir, actividades que aseguren el abastecimiento de productos de primera necesidad, cosa que realizamos mediante el intercambio y la relación con las otras personas.

En otras palabras, la interacción y la actividad compartida entre los seres humanos tiene entre sus objetivos asegurar que sobrevivamos. En este caso, tal como las actividades relacionadas con el cuidado, la provisión es una práctica que en la historia de las sociedades occidentales suele socializarse en relación con los valores de lo masculino y con base en la división sexual del trabajo.

5. Gestionar del medio en el que nos desarrollamos

Organizarnos como sociedad, y convertirnos en miembros competentes de esta, tiene entre sus efectos la gestión y manipulación del medio donde nuestra interacción ocurre. Esto es, la manipulación del medio ambiente. La vida en sociedad nos permite no solo tomar del medio lo que necesitamos para sobrevivir, sino que, por las mismas normas e identidades que se generan, la actividad social puede tener como consecuencia el desgaste excesivo del ambiente a causa del uso constante de sus recursos.

Así pues, la sociedad muchas veces no solo tiene la función de satisfacer las necesidades básicas, sino que genera otras necesidades y otras formas de satisfacción que llevan a la explotación masiva del medio donde la misma sociedad emerge. Para esto, otra de las funciones que han generado nuestras sociedades han sido la producción de conocimiento y el desarrollo de la tecnología, dispositivos que han influido de manera importante, no solo en la gestión de medio ambiente sino de las mismas relaciones interpersonales.

En suma, más que tener funciones determinadas, la vida en sociedad tiene una serie de efectos que no son precisamente externos a los sujetos, sino que son resultado de nuestra interacción. Asimismo, pueden ser problemáticos, por lo que es importante tener en cuenta para asegurar que dicha interacción se traduzca en convivencia y calidad de vida.

Referencias bibliográficas:

  • Ibáñez, T. (2004) (Ed.). Introducción a la Psicología Social. Editorial UOC: Barcelona.