Existen tantas fobias como objetos o situaciones en el mundo. Hay fobias más comunes que otras, y algunas que son realmente extrañas. En este artículo te traemos la cimofobia, que consiste en el miedo intenso e irracional a las olas del mar.

La fobia al agua es bastante común, ya que, aunque se trata de un elemento que puede resultar inocuo, también puede causar daños o perjuicios (accidentes, ahogamientos, etc.). En este artículo te contamos qué es la cimofobia y cuáles son sus síntomas, causas y tratamientos.

Cimofobia: el miedo irracional a las olas

La cimofobia es una fobia específica, es decir, un trastorno de ansiedad. Se caracteriza por un miedo intenso, desproporcionado e irracional a las olas del mar y a los movimientos ondulatorios.

La cimofobia se relaciona con otros tipos de fobia parecidas, como por ejemplo la acuafobia (el miedo al agua), la batofobia (miedo a las profundidades), la talasofobia (miedo a grandes masas de agua) y la ablutofobia (miedo intenso al agua del aseo diario).

Si bien es cierto que la fobia al agua es una fobia bastante frecuente (sobre todo en la infancia), la fobia a las olas es menos habitual. Se podría decir que la cimofobia es una variante de la fobia al agua.

Este temor a las olas del mar puede explicarse por el temor, aún más interno, de ser devorado/a por una de ellas (por ejemplo haciendo surf, o en situaciones “normales” de bañarse en el mar).

El miedo al agua

Como decíamos, la fobia al agua es una fobia bastante común, especialmente entre niños/as. En realidad, no es tan “extraño” padecer fobia al agua, ya que se trata de un estímulo que puede llegar a ser amenazador, o que puede causar daños (pensemos en el ahogamiento, por ejemplo).

Además, en las noticias es muy frecuente escuchar noticias de personas ahogadas en playas y piscina (sobre todo niños/as pequeños/as).

En el caso de la cimofobia, el miedo se da en el agua como elemento ambiental (es decir, el agua del mar, por ejemplo). Concretamente, el miedo se produce ante las olas del mar. Es curioso porque el agua, es un elemento que puede despertar tanto fascinación, curiosidad y admiración, como temor.

Síntomas

Los síntomas de la cimofobia son los mismos que los de una fobia específica. Los que proponemos se encuentran en el DSM-5 (en los criterios diagnósticos de una fobia específica). Vamos a verlos con detalle.

1. Miedo intenso a las olas

El síntoma principal es un miedo, ansiedad o temor intenso ante la posibilidad de ver o de “tocar” olas. El oleaje y sus movimientos ondulatorios despierta este temor, que se traduce también en síntomas físicos (taquicardia, sudoración, tensión, mareos, náuseas, hiperactivación, etc.). y psicológicos (ideas irracionales asociadas a las olas).

2. Interferencia

Para poder diagnosticar una cimofobia como tal, este temor asociado a la fobia debe interferir en la vida del individuo. Es decir, el día a día de la persona se ve afectada por dicho temor. Esto se traduce, por ejemplo, en dejar de hacer planes que impliquen ver olas del mar (evitación).

3. Evitación

Así, en la cimofobia la persona evita el estímulo desencadenante de su ansiedad: las olas. Esto implica que deje de acudir a la playa aunque tal vez le apetezca, y que en caso de tener que exponerse sí o sí al estímulo, lo resista con elevada ansiedad.

4. Duración de 6 meses

Para poder diagnosticarse cimofobia, como en todas las fobias específicas, se requiere que la duración de los síntomas dure como mínimo 6 meses.

Causas

Las causas de la cimofobia pueden ser diversas. Vamos a ver las más frecuentes a continuación.

1. Experiencias traumáticas con las olas

Una de las causas más probable que origine cimofobia es el hecho de haber experimentado una situación traumática con las olas, como por ejemplo: hacerse daño con una ola (haciendo surf, por ejemplo), haberse ahogado con una dellas, haber estado a punto de morir, etc.

2. Condicionamiento vicario

El condicionamiento vicario implica ver a otras personas recibiendo determinadas consecuencias (generalmente negativas) como consecuencia de sus actos. En el caso de la cimofobia, podríamos pensar en un socorrista que ve a diario personas que están a punto de morir ahogadas por las olas, o que sencillamente se hacen daño con una de ellas.

Evidentemente, no es necesario ser socorrista para “aprender” esta fobia a través del condicionamiento vicario; personas que simplemente ven a otras personas haciéndose daño con ellas, también pueden desarrollar cimofobia.

Esto incluye ver noticias de personas que mueren ahogadas (aunque sea sin olas); al final son temores relacionados con el agua (especialmente el agua del mar), y se acaba temiendo el mar en sí, o el agua en sí, y como extensión, las olas.

3. Vulnerabilidad personal

Se ha estudiado mucho la vulnerabilidad a padecer determinados trastornos mentales. También se ha hecho así con los trastornos de ansiedad, encontrándose que hay personas que manifiestan cierta vulnerabilidad individual a padecer un trastorno de ansiedad; esto se puede extrapolar a las fobias específicas, en este caso la cimofobia.

Así, hay personas que, por sus características personales, genéticas, endocrinas, etc., tienen más probabilidades de desarrollar un trastorno de este tipo. Si además tenemos familiares de primer grado con cimofobia, podría ser que nuestra probabilidad de padecerla también aumentase (aunque a priori no hay estudios que lo determinen).

Tratamiento

¿Qué tratamiento/s existe/n para esta fobia? Como en todas las fobias específicas, en psicoterapia podemos hablar de dos tratamientos principales (y de primera elección).

1. Terapia cognitiva

La terapia cognitiva permite que el paciente ajuste sus pensamientos catastrofistas a la realidad. Estos pensamientos en la cimofobia suelen ser del tipo: “me haré daño”, “esta ola hará que me ahogue”, “el mar no es un lugar seguro”, etc.

Con la terapia cognitiva (a través de técnicas de reestructuración cognitiva) se puede ir trabajando con este tipo de pensamientos, a fin de que el paciente tenga pensamientos más adaptativos, realistas y fiables. Aunque el agua puede causar tragedias, se trata de que el paciente entienda que no siempre es así.

A través de la terapia cognitiva (junto a la terapia de conducta) también se busca que el paciente adquiera estrategias de afrontamiento para hacer frente a las situaciones de elevada ansiedad que le causan las olas. Esto también se hace a través del siguiente tratamiento (técnicas de exposición).

2. Exposición

En la terapia de exposición, se expone gradualmente al paciente con cimofobia al estímulo temido, es decir, a las olas (a través de una jerarquía de ítems ordenados de menor a mayor ansiedad que generan).

Los primeros ítems pueden implicar ver el agua del mar desde lejos, y progresivamente incluir y abordar ítems que impliquen más interacción con el estímulo temido.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.

  • Caballo (2002). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 1 y 2. Madrid. Siglo XXI (Capítulos 1-8, 16-18).

  • Pérez, M., Fernández, J.R, Fernández, C. y Amigo, I. (2010). Guía de tratamientos psicológicos eficaces I y II:. Madrid: Pirámide.