Los ataques epilépticos pueden ser de muchos tipos, siendo lo más común acabar en el suelo temblando y perdiendo la conciencia. Aún así, existe una modalidad concreta de crisis en la que esto no sucede: la crisis epiléptica jacksoniana.

Este tipo de ataques epilépticos pueden ser tan sutiles que la persona ni se da cuenta de que está sufriendo una crisis, dado que a veces se siente simplemente una especie de hormigueo y rara vez se presenta confusión.

A continuación veremos más a fondo este tipo de fenómeno epiléptico, quien la describió por primera vez, las causas detrás de su ocurrencia, diagnóstico y tratamiento más común.

¿Qué es la crisis epiléptica jacksoniana?

Las crisis epilépticas jacksonianas son un tipo de crisis parcial con síntomas motores. Otros de los nombres que recibe este tipo de crisis epiléptica es crisis epiléptica focal, convulsión parcial (focal) y convulsión del lóbulo temporal. Se caracterizan por darse, primero, de forma muy localizada para, posteriormente, transmitir la crisis a otros lugares del cuerpo.

La crisis se suele propagar siguiendo el orden de representación somatotópica de la zona de la corteza cerebral que se encuentre afectada, que posee zonas que se encargan de los movimientos voluntarios.

Normalmente, la crisis empieza afectando solamente a una pequeña parte del cuerpo, siendo habitualmente un dedo de la mano o del pie o las comisuras de los labios. A medida que va progresando la crisis, la sintomatología se vuelve más preocupante, trasladándose a otras regiones del cuerpo.

Lo que hace tan característica este tipo de crisis epiléptica es que generalmente no hay convulsiones. Se llaman “jacksoniana” porque fue descubierta por primera vez por el neurólogo inglés John Jackson en 1870, científico que estudió intensamente la estructura y funcionamiento cerebral.

En todas las crisis epilépticas se producen alteraciones eléctricas anormales a nivel cortical. Las crisis epilépticas focales ocurren cuando esta actividad se da en una zona concreta del cerebro. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta actividad se va desplazándose a zonas limítrofes de la región afectada. A esto se le denomina generalización secundaria.

Las crisis epilépticas parciales se pueden dividir en dos tipos. Por un lado tenemos las crisis simples, que no afectarían ni a la conciencia ni a la memoria, y por el otro lado tenemos las complejas, que sí afectan a estos dos dominios cognitivos. Las crisis epilépticas jacksonianas se engloban dentro de las crisis simples.

Causas

Las crisis epilépticas parciales son el tipo de ataques más comunes en personas de 12 meses para adelante. En las personas mayores de 65 años, que es más probable que padezcan alguna enfermedad cerebrovascular o tumores en el cerebro, estas crisis también son muy comunes.

Entre las princiaples causas que pueden estar detrás de una crisis epiléptica jacksoniana está el padecer esclerosis múltiple. Otra de las causas detrás de este tipo de crisis está la falta de oxígeno en el cerebro (hipoxia), haber padecido un traumatismo craneoencefálico y lesiones en el lóbulo frontal. También pueden deber a malformaciones atriovenosas.

Síntomas

Son dos los principales síntomas los que nos permiten detectar una crisis epiléptica jacksoniana. La primera es que se trata de una crisis parcial simple, y solo ocurre en una parte del cuerpo. La segunda es que esta crisis, como ya hemos comentado, va progresando por el organismo, empezando por una pequeña región y desplazándose al resto del cuerpo.

Entre los primeros síntomas que podemos encontrar tenemos debilidad en un dedo que, posteriormente, se traslada al resto de la mano en pocos segundos.

Las personas quienes sufren este tipo de crisis no suelen presentar graves daños. Esto es debido a que este tipo de crisis suelen ser cortas y moderadas, tan leves que, a veces, ni la persona es consciente de que acaba de padecer una. Otra cosa que llama la atención de esta crisis es que, a diferencia de la mayoría de ellas, no se presenta un breve período de confusión tras haberla sufrido.

Entre los síntomas que podemos encontrar durante la experiencia de una crisis epiléptica jacksoniana tenemos:

  • Automatismos, conducta rítmica o movimientos compulsivos.
  • Calambres
  • Contracción muscular anormal, movimientos en la cabeza y extremidades.
  • Episodios de ausencias, algunas veces con movimientos repetitivos.
  • Mover los ojos de un lado a otro.
  • Entumecimiento y sensación de hormigueo.
  • Dolores o molestias abdominales.
  • Alucinaciones visuales, olfativas y auditivas.
  • Náuseas.
  • Enrojecimiento de la cara.
  • Pupilas dilatadas.
  • Taquicardia.
  • Episodios de desmayo o períodos en los que se produce una pérdida de memoria.
  • Cambios en la visión.
  • Déjàvu (sentir como si ya se hubiera experimentado el lugar y el tiempo actual)
  • Cambios en el estado anímico.
  • Incapacidad temporal para hablar.

Diagnóstico

Se suelen realizar electroencefalogramas (EEG), para revisar la actividad eléctrica del cerebro del paciente. Las personas con crisis epilépticas, muestran una anormal actividad eléctrica en esta prueba. Esta misma prueba puede mostrar la zona del cerebro concreta en la que empieza la crisis. Sin embargo, puede ser difícil detectar con esta prueba la lesión dañada inmediatamente después de la crisis.

La resonancia magnética y la tomografía computerizada pueden usarse para estudiar el caso en concreto. Estas técnicas de neuroimagen muestran el lugar en el que se produce la crisis epiléptica jacksoniana en el cerebro. También sirven para ver cuáles son las posibles causas detrás de la actividad anómala del cerebro.

Tratamiento

Son diferentes las opciones terapéuticas que se aplican a personas quienes han sufrido una crisis epiléptica jacksoniana. Entre las principales se encuentra la prescripción de fármacos antiepilépticos, valproato, topiramato, vitamina B6, zonisamida, clobazam y carbamacepina. Aún así, si se conoce con exactitud cuál es la zona del cerebro que presenta la crisis se puede intervenir quirúrgicamente.

Otra opción es la de mejorar el estilo de vida del paciente, motivándole para tomar unos mejores hábitos alimenticios y realizar más ejercicio, a modo de protección pàra futuros ataques.

Referencias bibliográficas:

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