¿Cuáles son las principales aplicaciones de la Terapia Cognitivo-Conductual?

Estas son las estrategias de la terapia cognitivo-conductual al ayudar a los pacientes.

¿Cuáles son las principales aplicaciones de la Terapia Cognitivo-Conductual?

La terapia cognitivo-conductual es un tratamiento psicológico que posibilita abordar un amplio abanico de problemáticas y trastornos mentales. Además, lo consigue contando con fuerte evidencia científica como respaldo, de acuerdo con las últimas publicaciones de la American Psychological Association (APA).

Las intervenciones que se aplican en este tratamiento psicoterapéutico se basan en los principios del paradigma cognitivo, que a su vez tiene raíces en la psicología conductista, por lo que las conclusiones sobre las que se asienta surgen a partir del método experimental, teniendo a la mente humana y los procesos que acontecen en ella como objeto de estudio. Teniendo esto en cuenta, en este artículo veremos en qué se consiste la terapia cognitivo-conductual y cuáles son sus principales aplicaciones en la práctica.

La premisa de la terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitivo-conductual se basa en la premisa de que la forma en la que nos comportamos está determinada en gran medida por nuestras emociones; éstas, asimismo, por nuestros pensamientos. Las personas podemos tener pensamientos irracionales, distorsionados respecto a la realidad, y esto puede deberse a diversos motivos —ya sea por vivencias pasadas difíciles, por el entorno en el que nos criamos o por otros factores difíciles de discernir— que pueden conducirnos a juzgar e interpretar los hechos de forma tal que nos produzca grandes cuotas de sufrimiento.

Además, podemos tener creencias sesgadas o distorsionadas que filtren la información de cierta manera y no otra, y que se nos impongan como reglas absolutas e incuestionables a las que tenemos que acatar mediante nuestros comportamientos. El objetivo principal del tratamiento cognitivo-conductual es que la persona con la ayuda de su terapeuta logre registrar y cuestionar sus pensamientos desadaptativos para después reemplazarlos por otros más útiles, ¿pero cómo se lleva a cabo este proceso?

Los componentes del tratamiento con terapia cognitivo-conductual

Como mencionaba recién, desde la terapia cognitivo-conductual se le da mucha importancia al registro de los propios pensamientos como punto de partida, ya que como pensamos es como después sentiremos y, en consecuencia, eso determinará la forma en la que actuaremos al enfrentarnos a situaciones desafiantes luego.

Desde este enfoque se entiende que los conceptos y creencias desde las cuales las personas interpretamos los eventos del mundo —tanto interno como externo— se concatenan y organizan en esquemas cognitivos. Éstos hacen referencia a los sistemas de relaciones relativamente estables entre conceptos, aprendizajes y creencias que son particulares de cada sujeto. Podríamos decir que son los caminos recurrentes por los que tienden a andar nuestras ideas, con el objetivo de relacionarse unas con otras. El problema con esto es que, de contar con ciertas creencias sesgadas o distorsionadas acerca de la realidad, esto podría conducirnos a elaborar y relacionar pensamientos e interpretaciones irracionales o desdibujadas respecto a lo que realmente sucede.

La terapia cognitivo-conductual reconoce que sobre esta particularidad humana podría asentarse gran parte de nuestro sufrimiento, como así también la ansiedad, depresión y un amplio abanico de trastornos mentales. Por tal razón, a grandes rasgos, el objetivo de muchos tratamientos de corte cognitivo es la reestructuración cognitiva, es decir, el proceso mediante el cual la persona consigue cambiar sus pensamientos disfuncionales en tanto son éstos los que originan el malestar. Para ello, el primer paso es que la persona los reconozca. Luego, el terapeuta contribuye mediante técnicas e intervenciones a que el sujeto activamente ponga en cuestionamiento la veracidad de sus valoraciones automáticas. Esto permitirá que éste tome dimensión acerca de cuán errados podrían estar sus pensamientos.

Por ejemplo, la persona podría darse cuenta de que sus interpretaciones acerca de determinado evento —como “soy una fracasada y suspenderé el próximo examen” debido a una corrección que le hizo una profesora de la universidad— no son más que interpretaciones sesgadas, ya que podrían tender a sobreestimar la posibilidad de que le vaya mal en el siguiente examen o a catastrofizar ese resultado hipotético (bajo el razonamiento de “si eso ocurriera, no seré capaz de afrontarlo”).

Algunas técnicas utilizadas para poner en tela de juicio las interpretaciones erróneas sobre un acontecimiento —a las que algunos autores suelen denominar “trampas”— son el diálogo socrático o la técnica de las flechas descendentes. Por último, el terapeuta que trabaja desde este modelo propiciará que se lleve a cabo el proceso de reevaluación cognitiva, permitiéndole al paciente elaborar nuevas interpretaciones más adaptativas y que le conduzcan a un mayor bienestar.

Las problemáticas a las que se puede aplicar la terapia cognitivo-conductual

Teniendo en cuenta lo desarrollado, resulta evidente por qué la terapia cognitivo-conductual es tan potente. De hecho, está probado que incluso puede ser más eficaz que muchos tratamientos farmacológicos y sin riesgos ni efectos secundarios para algunos trastornos. Por si fuera poco, las aplicaciones de este tratamiento son útiles para múltiples problemáticas. Aquí enlistamos las principales:

  • Trastornos de pánico. Una vez los pacientes reemplazan sus creencias distorsionadas por otras más útiles en torno a la ansiedad, los tratamientos cognitivo-conductuales también ayudan a que éste pueda afrontar sus miedos vinculados a los síntomas físicos y sensaciones corporales que acompañan a la ansiedad. Asimismo, se ponen en juego técnicas de exposición gradual.
  • Trastornos de ansiedad generalizada. La terapia cognitivo-conductual ayuda al paciente a que éste se de cuenta de sus preocupaciones, reconozca la incertidumbre y elimine gradualmente sus conductas defensivas hacia la misma, y reevalúe la utilidad de la preocupación.
  • Fobias. Se tratan mediante técnicas de exposición gradual. Esta última estrategia asimismo es útil para casos de ansiedad social, como también para obsesiones y compulsiones.
  • Depresión, ya que a partir de la TCC es posible que las personas cambien las creencias acerca de sí mismas subyacentes a la depresión.
  • Crisis vitales, situaciones difíciles y otros motivos de consulta.
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En definitiva, la terapia cognitivo-conductual es una vía segura para que el paciente logre reducir el malestar que experimenta en su vida por causa de un amplio abanico de problemáticas. Este tratamiento tiene muchos beneficios, como su brevedad en comparación a otros tratamientos, el estar centrado en el presente del paciente, y la posibilidad de sostener los resultados a largo plazo. Eso sí, por parte del paciente se requiere que tenga un posicionamiento activo, ya que se le propondrán tareas para hacer por fuera de la consulta, pero la mejoría supone una gran recompensa.

  • Barlow, D. H., Farchione, T. J., Fairholme, C. P., Ellard, K. K., Boisseau, C. L., Allen, L. B., & Ehrenreich-May, J. (2016). Protocolo unificado para el tratamiento transdiagnóstico de los trastornos emocionales. Alianza editorial.
  • Azor, F. (s/f) Aplicaciones de la terapia cognitivo conductual.

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Azor & Asociados es un centro de psicología clínica y pericial. Desde hace más de 20 años trabajan con personas que quieren sentirse mejor, ayudando a gestionar sus emociones, a estar en la mejores condiciones para tomar decisiones y a desarrollar hábitos que potencien la salud mental. Su forma de trabajo se enmarca en la psicología cognitivo-conductual.

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