Disgrafía: causas, síntomas y tratamiento

Los problemas de escritura en la infancia pueden llegar a generar consecuencias muy negativas.

Arturo Torres

Arturo Torres

Niña pequeña escribiendo.
La mala caligrafía y los problemas de acentuación muy raros para la edad pueden ser signos de disgrafía.Unsplash

La disgrafía es uno de los trastornos cuyos efectos se hacen notar en el desarrollo de niños y niñas de alrededor del mundo, ya que tiene que ver con las dificultades a la hora de realizar una de las acciones más útiles hoy en día: escribir.

Si en la niñez no se interioriza bien esta destreza, esto puede conducir a una capacidad mucho menor a la hora de comunicarse con otras personas, realizar listados y escribir para organizarse mejor el día a día, u optar a puestos de trabajo de gran valor añadido, entre otras consecuencias negativas.

En este artículo veremos qué características, síntomas y causas están relacionadas con la disgrafía, así como los tipos de tratamientos recomendados para mitigar sus efectos en el desarrollo de la infancia.

¿Qué es la disgrafía?

Se conoce como disgrafía el fenómeno por el cual una persona (normalmente un niño o una niña) presenta serias dificultades para escribir bien, ya sea por cuestiones de ortografía, caligrafía o ambos tipos de problemas a la vez. Estas dificultades deben cruzar el límite de lo que se considera patológico, a través de criterios tenidos en cuenta por el profesional que lleva a cabo el diagnóstico.

Se trata, por consiguiente, de un grupo de trastornos de la expresión escrita, que a su vez puede ser englobado en la categoría de trastornos específicos del aprendizaje.

A su vez, en la práctica la disgrafía va frecuentemente acompañada de otros trastornos específicos del aprendizaje, como la discalculia o la dislexia. Esto es debido a que las lteraciones cerebrales que afectan a una de estas funciones suelen estar causadas por defectos que alcanzan las áreas del encéfalo encargadas de llevar a cabo las demás, dado que se encuentran cercas las unas de las otras, cuando no estrechamente relacionadas.

Los componentes de la escritura que pueden verse afectados por la disgrafía son variados, de modo que los síntomas de esta alteración también lo son. Entre los más destacados se encuentran los siguientes, teniendo en cuenta siempre el rango de edad al que pertenece la persona.

  • Caligrafía inconsistente o tan extraña que cuesta de leer.
  • Problemas para acentuar.
  • Mala gestión de los espacios entre palabras, frases y líneas.
  • Mala puntuación.
  • Problemas gramaticales.
  • Sustitución de letras.
  • Uniones extrañas de palabras.
  • Agarre inapropiado del lápiz o bolígrafo.

Cabe destacar que la disgrafía puede llegar a limitar significativamente la capacidad de aprender, especialmente en instituciones educativas que no están preparadas para atender las necesidades de niños y niñas que presentan esta alteración.

Como consecuencia de una escolarización frustrante y emocionalmente dolorosa, la huella que deja este tipo de problemas puede llegar a cronificarse y afectar también a la vida adulta, dados los obstáculos a la hora de recibir una educación formal.

Hay que recordar que la escuela es tanto uno de los principales contextos de socialización de los pequeños, como una vía de acceso a trayectorias profesionales estables y con capacidad de aportar todos los recursos materiales necesarios para vivir dignamente.

Tipos de disgrafía

Tal y como hemos visto, la disgrafía afecta a varios aspectos de la capacidad de escribir. Sin embargo, más allá de todas estas variaciones, los casos de disgrafía pueden ser clasificados en dos tipos principales, según las características de las dificultades al escribir.

Eso sí, tal y como ocurre en la mayoría de las ocasiones con los trastornos psicológicos, normalmente los síntomas de cada tipo no se presentan de manera "pura". Por eso, es frecuente que se solapen entre sí parcialmente, y que exista cierta ambigüedad acerca de qué tipo de disgrafía presenta un paciente.

Disortografía

Consiste en la presencia de problemas significativos en el aprendizaje de las normas de ortografía en la práctica de la escritura. Esta puede complicar mucho el progreso escolar, y si sus efectos permanecen de manera significativa en la adultez, adectan también, entre otras cosas, a la empleabilidad. Por ello, es importante tratar la disortografía cuanto antes, acudiendo a terapia psicológica desde el inicio de la expresión de sus síntomas.

Disgrafía motora

Esta forma de disgrafía tiene que ver con los problemas de postura, coordinación e integración entre movimientos e información visual en lo que se refiere a la escritura.

Además de estos dos tipos, hay casos en los que es difícil clasificar lo que ocurre, dado que se da una gran variedad de síntomas y no resulta sencillo distinguir aquellos en los que hay problemas al nivel psicológico y aquellos en los que lo que falla es algo más básico, a nivel neurológico.

Prevalencia: ¿qué porcentaje de niños la presentan?

Aunque actualmente hay pocos datos al respecto, se estima que alrededor de un 3% de los niños y niñas presenta unos problemas para cumplir las normas ortográficas que pueden considerarse casos de disgrafía, mientras que el resto de dificultades asociadas a la escritura se presentarían con una frecuencia algo menor.

Causas

Lo que produce la disgrafía aún no se conoce bien, pero lo más probable es que detrás de la mayoría de los casos existan varias causas actuando a la vez. Por ejemplo, pueden estar actuando predisposiciones genéticas que lleven a producir un diseño de encéfalo en el que las estructuras neuronales que deben coordinarse para producir la escritura no estén tan bien conectadas como deberían, o bien pueden ocurrir lesiones cerebrales perinatales que afecten a estos grupos de neuronas.

Así pues, las causas de la disgrafía son inespecíficas, en el sentido de que diferentes variables pueden estar actuando como génesis en su aparición en los primeros años del desarrollo durante la infancia. A su vez, cuando más se prolongue la etapa en la que hay graves problemas a la hora de escribir, más difícil de superar será este fenómeno, pues aparecen expectativas pesimistas, dando paso a la profecía autocumplida.

Posiblemente varios tipos de malformaciones y de microlesiones conduzcan a resultados parecidos, dado que no hay una región cerebral fácilmente identificable que se encargue por sí sola de posibilitar la escritura.

Además, la disgrafía también puede ser causada por una dinámica de aprendizaje perjudicial, o incluso por el efecto del estrés y la ansiedad anticipatoria vinculada a la actividad de escribir.

Tratamiento para la disgrafía

Al ser un trastorno que se da en la infancia, es necesario intervenir en ella cuanto antes para que sus efectos negativos no se acumulen haciendo que el niño o niña quede en una situación de vulnerabilidad en su trayectoria de aprendizaje. El objetivo de estas iniciativas será compensar esa situación de desventaja a través de un esfuerzo extra para escribir bien que debe ser canalizado a través de las técnicas de aprendizaje y entrenamiento adecuadas, para no producir agotamiento y frustración.

La principal técnica de intervención es el encadenamiento, es decir, el perfeccionamiento de habilidades específicas que poco a poco van convirtiéndose en algo más sofisticado y que puede ser integrado en aprendizajes anteriores. Este procedimiento permite optimizar el "entrenamiento" en la escritura, maximizando las probabilidades de que unos aprendizajes den paso a los siguientes, y evitando que la persona tire la toalla.

Por otro lado, esta forma de entrenamiento y aprendizaje (que debe ser guiada por un especialista) debe ser acompañada por intervenciones dirigidas a lidiar con los problemas de creencias, expectativas y autoestima que suelen ir de la mano de la disgrafía. Todo esto ayuda a que el compromiso en la terapia aumente.

Al mismo tiempo, mientras no se produzca un acercamiento entre el nivel de escritura que se tiene y el nivel de escritura mínimo exigible, es bueno presentar alternativas en los métodos de evaluación de aprendizaje, como por ejemplo los exámenes orales.

De esta manera no se impedirá el desarrollo de otras aptitudes cognitivas, evitando así que no aparezca un grave cuello de botella de aprendizaje por culpa de tener dificultades en un área específica del comportamiento, en este caso la escritura.

Referencias bibliográficas:

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Arturo Torres

Arturo Torres

Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

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