La comunicación es un aspecto esencial en el ser humano. Nos permite conectar con nuestros semejantes, compartir experiencias e ideas. 

Entre los diferentes mecanismos de los que disponemos para ello, el lenguaje oral es uno de los que más utilizamos, y su aprendizaje uno de los aspectos a los que más tiempo dedicamos durante nuestro desarrollo. Dado que es una habilidad que se tiene que entrenar progresivamente, es habitual que mientras la vamos dominando surjan dificultades. 

Pero en algunos casos estas dificultades pueden estar indicándonos la presencia de un trastorno de la comunicación de mayor o menor severidad. Uno de estos trastornos es la tartamudez, o disfemia.

Tartamudez o disfemia: un trastorno de la fluidez

La tartamudez o disfemia es un trastorno de la comunicación basado en alteraciones en la fluidez del lenguaje. Se trata de un trastorno que se origina generalmente en la infancia, y en el que no existen problemas en la capacidad de habla ni en la competencia del sujeto con ella sino en su puesta en marcha. Este problema no es debido enfermedades, problemas neurológicos ni déficits sensoriales o intelectuales.

El síntoma más visible es la existencia de repeticiones de palabras o partes de palabras durante el discurso, así como bloqueos y prolongación de los sonidos. El habla se vuelve poco fluida y con interrupciones. En algunos casos, se usan circunlocuciones de manera que altera la estructura de las oraciones para impedir la percepción del problema en la fluidez.

Se trata de un problema vinculado al habla social, ya que la tartamudez solo aparece en presencia de un interlocutor, no existiendo en el habla subvocal ni cuando el sujeto está a solas. De este modo, puede observarse que existe un componente afectivo relacionado con la disfemia.

El niño o incluso adulto vive todas estas dificultades con un elevado nivel de ansiedad, debido a la captación de las dificultades como algo inadecuado y vergonzoso. Pueden surgir sentimientos de anormalidad o inferioridad. De hecho, en algunos casos puede causar un elevado nivel de retraimiento social e incluso la negativa a hablar.

Asimismo, esta ansiedad tiende a provocarles un mayor nivel de repeticiones e interrupciones en el habla, de manera que se puede establecer un círculo vicioso entre la ansiedad y los problemas comunicativos. Se trata pues de un trastorno que puede provocar una grave afectación en el sujeto y su desarrollo comunicacional y social.

La disfemia es un trastorno de la comunicación que se cronifica en algunos casos, si bien en una gran cantidad de casos puede remitir de forma completa o parcial si se trata correctamente y no se provoca su cronificación.

Tipos de tartamudeo

La tartamudez o disfemia es un problema que puede presentarse en distintas formas, en función del tipo de alteración de la fluidez que se produzca. Concretamente, se suelen identificar tres subtipos de tartamudez.

1. Disfemia tónica

Se trata de un subtipo de tartamudez en la que el problema es la existencia de un bloqueo al comenzar el discurso, sufriendo un espasmo al iniciar la conversación que tras un esfuerzo intenso permite la expresión.

2. Disfemia clónica

Este subtipo de tartamudez se caracteriza por la presencia de leves contracciones musculares que provocan la repetición de sonidos o sílabas enteras durante el discurso.

3. Disfemia mixta

Se trata de una combinación de las dos anteriores, apareciendo dificultades iniciales a la hora de comenzar el discurso y repeticiones derivadas de contracciones musculares involuntarias.

Origen de este trastorno

Las causas de la tartamudez o trastorno de la fluidez han sido exploradas y discutidas a menudo, siendo hoy en día la opinión mayoritaria que la etiología de este trastorno de la comunicación se encuentra en factores tanto biológicos como ambientales. Se ha observado que existen factores psicológicos de gran relevancia para su aparición y mantenimiento, pero también se han especulado y analizado la presencia de alteraciones en el funcionamiento cerebral.

En lo que se refiere a aspectos biológicos y constitucionales se ha vinculado la tartamudez al resultado de la competición de la actividad entre los hemisferios cerebrales durante el desarrollo. Muchas personas con tartamudez presentan una dominancia del hemisferio derecho en lo que respecta al lenguaje, además de que se ha comprobado que presentan un leve lapso entre el tiempo que tardan en decidir a hablar y la respuesta motora que lo permite. También existen anomalías en el fascículo arqueado, una región cerebral vinculada al lenguaje.

Por otro lado, a un nivel más psicológico y ambiental, se puede observar la presencia de un condicionamiento en estos niños y adultos, debido a las repercusiones en forma de burlas o recriminaciones ante sus dificultades. Esto provoca la presencia de un nivel elevado de ansiedad y frustración si no es capaz de corregirlo, lo que a la vez generará una menor fluidez y una acentuación de las dificultades. Si bien no se considera la causa del problema, sí puede mantener y cronificar el problema.

Aspectos a tener en cuenta a la hora de tratar un caso

La fluidez del habla puede entrenarse de forma que se reduzca en gran medida la presencia de la tartamudez. La logopedia puede resultar de gran ayuda, especialmente si se aplica con programas en los que se reduzca la necesidad de acelerar el discurso (debido a la anticipación de problemas muchos sujetos tienden a acelerar su discurso cosa que suele provocar que cometan errores) y el nivel de tensión y ansiedad.

Es importante tener en cuenta que la presencia de burlas y críticas pueden resultar perjudiciales, ya que fomentan un aumento de la tensión del sujeto y un más que probable empeoramiento de su comunicación. Los mismo ocurre si se les pretende apremiar para que hablen o completar las frases por ellos (error que muchos miembros del entorno suelen cometen a menudo).

De hecho y tal y como se ha mencionado anteriormente, la autoestima puede descender y provocar que el sujeto se vuelva retraído e inhibido, evitando la participación social y la vinculación afectiva con otras personas. Se contribuye con ello a que el trastorno empeore y se cronifique. El apoyo familiar y social, y la percepción de éste por parte del sujeto, es muy importante.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Belloch, Sandín y Ramos (2008). Manual de Psicopatología. Madrid. McGraw-Hill. (vol. 1 y 2) Edición revisada.
  • Santos, J.L. (2012). Psicopatología. Manual CEDE de Preparación PIR, 01. CEDE. Madrid.