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La gestión de las emociones es una de las dificultades a la que con mayor frecuencia se enfrenta la sociedad actual. Además de la ansiedad o la tristeza, la rabia es una de las emociones instintivas y universales que más interferencia genera en el bienestar personal. 

Veamos cómo desmontar una serie de creencias sobre el manejo de la ira puede permitir al individuo un afrontamiento más efectivo ante situaciones que puedan derivar en reacciones de esta índole.

Consecuencias perjudiciales de la ira

La expresión de la rabia de forma descontrolada puede ocasionarnos perjuicios significativos en distintas áreas de nuestras vidas personales.

1. Deterioro de las relaciones interpersonales 

Parece ser que mostramos más reacciones instintivas de ira con las personas de nuestro entorno más cercano (familia, amistades y compañeros de trabajo), es decir, que las relaciones personales más significativas suelen ser las más perjudicadas.

2. Agravamiento del conflicto

Usualmente, al intentar dialogar con otra persona cuando el nivel de enojo es intenso, los intercambios no resultan constructivos puesto que en ese momento es la parte emocional del cerebro la que está dominando la respuesta del individuo (en detrimento del cerebro más racional).

3. Facilitación de un funcionamiento violento de la persona

Las respuestas manifestadas desde la rabia se asocian con frecuencia a la expresión de comportamientos violentos y agresiones (verbales o físicas) hacia el otro. Así, cuando la ira domina el estado psicológico del sujeto es mayor el deseo instintivo de dar golpes, gritar, amenazar, romper objetos, etc.

4. Predisposición y mayor proporción en la aparición de enfermedades

Desde las investigaciones en el área de la psicología de la salud, la personalidad denominada Tipo A (funcionamiento hostil, irritable y con elevados niveles de estrés) se asocia a una elevada propensión a sufrir accidentes cardiovasculares.

5. Inestabilidad emocional personal

Una dificultad acusada en la gestión de la ira puede desembocar en estados psicológicos disfuncionales como la depresión, los trastornos de ansiedad o sentimientos mantenidos en el tiempo de inseguridad, culpabilidad, baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, etc.

Mitos sobre la gestión de la ira

Estas son algunas creencias erróneas sobre el manejo de la ira:

1. La ira disminuye si se manifiesta abiertamente

Es cierto que la rabia debe canalizarse de alguna manera porque, de lo contrario, su acumulación ilimitada y mantenida en el tiempo puede llevar a la persona a la aparición de las consecuencias expuestas en el apartado anterior. 

Sin embargo, esta canalización no debe ser a través de su expresión activa, puesto que ya se ha observado que un funcionamiento basado en esta emoción conduce a una actitud interiorizada de responder de esta forma ante cualquier situación, independientemente de si resulta irrelevante o muy trascendente para el individuo.

2. Huir o evitar la situación problemática rebaja el nivel de ira

Siendo una estrategia usualmente conocida como “tiempo muerto”, a veces se recomienda a la persona no exponerse a las situaciones que pueden desencadenar este tipo de reacciones. 

Es cierto que, como se ha expuesto anteriormente, el intento de mantener una conversación asertiva para facilitar la resolución del conflicto cuando se está muy molesto no suele ser efectivo ni de utilidad. Por lo tanto, en un primer momento, la persona puede posponer el afrontamiento de la situación por un tiempo limitado, siempre y cuando una vez realizado el proceso de reflexión (que permita un análisis más racional, empático y comprensivo) vuelva a resolver la cuestión pendiente de forma sosegada y asertiva.

3. La ira permite conseguir el objetivo deseado

Esta idea es, además de falsa, muy peligrosa ya que transmite el mensaje a las personas de alrededor (más aún en el caso de los menores) de que esta es la metodología que debe seguirse como forma de obtener lo que uno se propone: la imposición, la generación de temor al otro, el no diálogo, y en definitiva el menosprecio a la parte discrepante. 

Todos estos valores no reportan en absoluto un bienestar emocional propio. Por otro lado es falsa debido a que usualmente, teniendo en cuenta los distintos estilos de funcionamiento comunicacional y comportamental (estilo agresivo, pasivo y asertivo), la persona que utiliza la ira (perfil agresivo) puede encontrase con una respuesta de oposición ante su comportamiento (si tiene enfrente a otra persona agresiva – oposición disfuncional- o asertiva -oposición funcional-).

4. El análisis de la historia personal pasado combate la ira

El hecho de estudiar el desarrollo individual psicológico de la persona puede resultar útil para comprender los factores que han derivado en el funcionamiento actual y estilo actitudinal del individuo en cuestión. 

Aún así, bajo el punto de vista de una de las corrientes psicológicas con más apoyo empírico, la corriente cognitivo-conductual, son los elementos del presente (personales, ambientales y su interacción) los que determinan principalmente el comportamiento del ser humano. 

El denominado “análisis funcional” del individuo y de las respuestas que emite este ante ciertas situaciones va a servir de mucha más utilidad para conocer que aspectos están precipitando, manteniendo o agravando la conducta iracunda. Estos últimos son sobre los que puede incidirse para lograr una modificación real del comportamiento.

5. Los acontecimientos externos son los causantes únicos de la ira individual 

Atendiendo a lo expuesto en el punto anterior deben tenerse en cuenta los elementos externos que aparecen en las situaciones en las que la persona manifiesta reacciones de ira de igual modo que deben considerarse los factores internos o personales. La TREC, o Terapia Racional Emotiva Conductual de Albert Ellis, defiende el análisis profundo y cuestionamiento de una serie de creencias nucleares que posee la persona respecto de sí misma, del entorno y del mundo en general (creencias irracionales) que están impidiendo la aplicación de una interpretación más lógica, racional y realista de las situaciones a las que el individuo se ve expuesto. 

Por ello, un elemento fundamental en el nivel de afectación emocional que produce todo aquello que le ocurre a la persona cotidianamente viene dado por la interpretación cognitiva de la situación, y no de la propia situación. 

En definitiva, se entiende que ante acontecimientos desagradables, la persona puede trabajar y modificar su propia perspectiva ante dichos sucesos, cuyo resultado repercutirá en la aparición de un estado anímico más adaptativo.

Aprendiendo a gestionar las emociones

Cómo ha podido observarse, parece que un adecuado manejo de la ira resulta fundamental para prevenir una serie de consecuencias que pueden comprometer tanto nuestra salud física como psicológica.

A partir de la argumentación sobre lo erróneo de las cinco premisas expuestas sobre la gestión de la rabia mantenida en el tiempo, puede llegarse a un conocimiento más extenso sobre cuáles pueden ser las formas alternativas de gestión más adaptativa de este tipo de emoción tan incapacitante.

Referencias bibliográficas:

  • Ellis, A. (1999). Controle su ira antes de que ella lo controle a usted. Paidós: Barcelona.