Un trastorno que produce mucha ansiedad cuando hay caballos cerca. Pexels.

El caballo ha sido durante siglos símbolo de nobleza, fuerza y lealtad. A lo largo de la historia y hasta la invención y popularización del automóvil estos animales han acompañado al hombre en casi todos sus desplazamientos.

Los equinos han sido desde la antigüedad hasta el día de hoy muy valorados, admirados y queridos por la gran mayoría de las personas, llegando incluso a protagonizar los sueños de muchos niños y niñas. Pero para algunas personas, ver o encontrarse con un caballo puede ser motivo de un gran malestar y pánico. Es lo que ocurre con las personas que padecen hipofobia, un trastorno de ansiedad relacionado con este tipo de animales.

¿Qué es la hipofobia?

Se denomina hipofobia al miedo o pánico extremo y exagerado producido por la presencia de caballos. Este miedo puede aparecer ante la presencia de equinos en sí o ante la expectativa de que aparezcan, si bien también puede aparecer (aunque generalmente en menor medida) ante representaciones de estas criaturas.

Se trata de una fobia específica referida a animales, lo que supone la existencia durante al menos seis meses de un miedo o pánico exagerado y desmesurado en relación al posible peligro que el estímulo en cuestión podría suponer. La persona que lo padece suele tender a evitar, o bien a soportar con un muy elevado nivel de ansiedad, el contacto con estas criaturas. Anteriormente se consideraba que la propia persona suele ser consciente de que su reacción resulta exagerada para el peligro real que supone, pero en la actualidad no se requiere de dicho reconocimiento para diagnosticarla.

La visión o la mera idea de la cercanía de un caballo puede causar en una persona con hipofobia el surgimiento de un muy elevado nivel de ansiedad que de hecho puede llegar a derivar en una crisis de angustia. Sudor, temblores, cefalea, náuseas y vómitos son algunos de los síntomas fisiológicos más frecuentes, junto a la taquicardia y la hiperventilación.

Dado que en nuestra vida diaria no es habitual encontrarse caballos, por norma general esta fobia no suele causar una gran interferencia en la vida diaria de quien la padece. Sin embargo, el miedo también puede dispararse en situaciones asociadas a la presencia de caballos o en que aparezcan representaciones de estas criaturas, evitando por ejemplo los tiovivos, parques de atracciones o ferias en que puedan aparecer dichas representaciones o incluso los animales reales.

Causas de esta fobia

Al igual que otras fobias, las causas de la hipofobia son en gran medida desconocidas. Sin embargo, existen diferentes hipótesis respecto a su aparición.

La principal hipótesis al respecto es la que propone que el miedo a los caballos es adquirido, aprendido a partir de la experiencia. Es habitual que la padezcan personas que han sufrido accidentes, sean coces o caídas. También puede aprenderse de forma vicaria, sea porque alguien del entorno ha sufrido accidentes relacionados con estos seres o bien se ha ido visualizando o leyendo casos de accidentes relacionados con equinos.

Otra de las hipótesis más comunes es la que presenta la fobia a determinados estímulos como algo en parte filogenéticamente heredado mediante genes, una reacción natural que permite que el ser humano escape de una estimulación peligrosa. A pesar de que los caballos son herbívoros que no nos darían caza y no supondrían una amenaza en un primer momento, se trata de animales de gran poder y envergadura: la coz de un caballo tiene potencial para ser mortal, y una estampida de estos seres podría provocar con facilidad la muerte de una persona.

Tratamiento del miedo a los caballos

Como en el resto de fobias, uno de los principales y más eficaces tratamientos a aplicar para el tratamiento de la hipofobia es la terapia de exposición. Esta terapia se basa principalmente en exponer al sujeto al estímulo temido sin emplear técnicas de evitación hasta que la ansiedad y el pánico causados por el elemento fóbico disminuyan hasta hacerse prácticamente imperceptibles

Generalmente se lleva a cabo de manera graduada: se trataría de hacer una jerarquía de estímulos fóbicos, con diferentes ítems o estímulos que generan pánico ordenados según el nivel de ansiedad que a esta le suponen, para poco a poco ir exponiendo al sujeto a dichos estímulos de forma graduada. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, podría empezarse por la exposición a imágenes de equinos para poco a poco ir aumentando la complejidad y el nivel de exposición, como por ejemplo la visita y monta en tiovivos, la exposición a la visión de un equino vivo e ir acercándose poco a poco, tal vez hasta el punto de tocar o incluso montar en el animal.

A la larga, incluso se puede plantear la visita a unos establos o incluso la práctica de la equinoterapia. Sin embargo, esto es un ejemplo: los ítems que se deben plantear han de negociarse entre paciente y terapeuta en función de lo que al primero le suponga ansiedad (algo que puede variar mucho según el paciente por mucho que el estímulo fóbico sea el mismo) y lo que esté dispuesto a hacer.

Más allá de la exposición, la reestructuración cognitiva puede ser de gran ayuda para combatir creencias distorsionadas y desadaptativas, como por ejemplo una posible visión de que acercarse a un caballo va a provocar que este le sea hostil, que estos son agresivos, que el sujeto es incapaz de hacer frente a su pánico o que lo más probable es que se caiga de un caballo si llega a montarse.

El uso de técnicas de relajación puede ser de ayuda ante el surgimiento de ansiedad, tanto si es de cara a prepararse para una posible exposición como de cara a rebajar la tensión interna asociada a su pánico.