Somos seres activos. Al igual que ocurre con el resto de animales, el ser humano necesita llevar a cabo múltiples acciones con el fin de sobrevivir.

Necesitamos comer, movernos para evitar peligros, protegernos del frío… y todo ello solemos hacerlo casi sin pensar, día a día y de manera continuada. Sin embargo, estas acciones son más complejas de lo que parecen, y pese a que la mayoría de nosotros las hemos automatizado requieren de un aprendizaje y pueden llegar a perderse en determinadas circunstancias.

En muchos casos, por problemas médicos o psiquiátricos (por ejemplo un accidente, una enfermedad incapacitante o una demencia) es posible que actividades básicas y fundamentales que antaño llevábamos a cabo sin problema por nosotros mismos pasen a suponernos un problema, requiriendo de ayudas externas para llevarlas a cabo. Y conocer si somos o no independientes en las funciones más básicas puede ser de utilidad para proporcionar la ayuda que necesitemos, o bien para analizar procesos de rehabilitación.

De cara a evaluar nuestra situación existen diferentes índices o escalas, como por ejemplo el índice o escala de Katz. Es sobre este instrumento sobre el que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

La escala/índice de Katz: ¿qué es y para qué sirve?

El índice de Katz (a veces también llamado Escala Funcional de Katz) es un instrumento de evaluación que permite valorar el grado de dependencia física de un sujeto para la realización de las llamadas actividades básicas de la vida diaria.

Con este concepto hacemos referencia al conjunto de habilidades imprescindibles y más relevantes para la supervivencia, el autocuidado y la preservación de uno mismo sin necesidad de depender de apoyos externos.

Se trata de una escala que permite evaluar el grado de dependencia o independencia de un sujeto en seis grandes habilidades básicas: lavarse, vestirse, usar el retrete, moverse/desplazarse, contención de esfínteres y alimentación. Estas habilidades se encuentran organizadas de una manera jerárquica, ordenadas en función de la progresión que llevaría a cabo un niño en su desarrollo.

Ello es relevante dado que cuando las actividades más fundamentales precisan de apoyo externo es habitual que el resto de funciones básicas también precisen de ayuda. Dicho de otra manera, si una persona tiene dificultades para alimentarse lo más probable es que también las tenga para vestirse o realizar cualquiera de estas actividades. Su utilización permite tanto valorar la situación actual del sujeto como evaluar el progreso realizado en procesos de rehabilitación.

Originalmente, la Escala Funcional o índice de Katz se elaboró con el propósito de contribuir a valorar la rehabilitación llevada a cabo por personas con fracturas de cadera, si bien con el paso del tiempo su función ha pasado a usarse para valorar el grado de dependencia que presentan los pacientes de diversos tipos de condiciones.

Es una de las más empleadas en la valoración funcional de pacientes geriátricos o en cuidados paliativos, ya que permite obtener información del grado de ayuda o dependencia que la persona precisa en su día a día y ajustar mejor las ayudas que se le proporcionan o las rehabilitaciones a las que se somete. Es posible rellenarla en base a la observación del paciente por parte de los profesionales, o bien a través de la información proporcionada por el propio sujeto o por los cuidadores.

Ítems que incluye

La escala o índice de Katz es un instrumento de evaluación que incluye un total de seis ítems a valorar, referidos cada uno de ellos a una de las habilidades básicas de la vida diaria. Concretamente, los ítems que se puntúan en esta escala son los que siguen.

1. Lavado

El hecho de bañarse o lavarse se considera una actividad básica de la vida diaria, si bien de las más complejas. Se valorará como independiente aquella persona capaz de lavarse una sola parte o por completo sin ayudas, mientras que se encontrará en situación de dependencia aquella persona que precise de ayuda para lavarse, entrar o salir de la bañera o lavarse más de una parte del cuerpo.

2. Vestido

Vestirse es una actividad básica compleja, que requiere de cierta coordinación, capacidad de planificación y capacidad motora. La independencia o autonomía en esta habilidad implica ser capaz de coger la ropa necesaria, ponérsela o quitársela y utilizar elementos como botones y cremalleras con el fin de lograr vestirse completamente. Se considerará dependencia en todos aquellos casos en que la persona no pueda vestirse sola o que lo haga parcialmente.

3. Uso de retrete

Una actividad básica pero algo más compleja que las que siguen, el uso independiente del retrete implica la capacidad de acceder y salir del retrete, utilizarlo correctamente, limpiarse y arreglarse la ropa por si mismo y sin necesidad de apoyo externo. Cuando existe dependencia se precisa de ayuda para utilizar este elemento o bien se requiere de cuñas u orinales.

4. Movilización

La movilización se refiere a la capacidad para desplazarse por el medio o realizar actos como levantarse, sentarse o tumbarse en una silla o cama. Ello permite a su vez llevar a cabo otras actividades básicas fundamentales. Una persona con dependencia en esta habilidad requerirá de ayudas para desplazarse, sentarse o tumbarse, o emplear elementos como camas o sillas.

5. Continencia

Una de las habilidades básicas más fundamentales, entendemos por continencia la capacidad para controlar los procesos de micción y defecación. Es decir, implica la capacidad de contener las heces y la orina y de expulsarlas voluntariamente. La incontinencia habitual sea total o parcial se valoraría como dependencia en esta habilidad.

6. Alimentación

Se considera la más básica y relevante de todas las actividades básicas de la vida diaria. La capacidad de alimentarse expresa la posibilidad por parte del sujeto de movilizar la comida hasta su boca e ingerirla sin necesidad de ayudas externas.

Es importante tener en cuenta que esto no incluye procesos más complejos como cortar o untar la comida con cubiertos. Si existe dependencia en esta habilidad básica se precisarán apoyos para poder alimentarse o bien el uso de alimentación por sonda vía enteral o parenteral.

Valoración de la información proporcionada por la escala

El índice de Katz no ofrece una puntuación numérica y no requiere de complejos cálculos. Para evaluar a un individuo con esta escala, se anotará para cada una de las actividades básicas de la vida diaria si el sujeto es independiente o dependiente de ayudas externas (incluyendo estas ayudas la guía mecánica, la dirección de la acción o la necesidad de supervisión).

En versiones anteriores existía la posibilidad de marcar una dependencia parcial para cada una de las actividades, si bien en la actualidad sólo consideran la condición de independencia y la de dependencia.

Una vez evaluados todos los ítems, se analiza el número de actividades para los que la persona es independiente y se le otorga una letra, que será la valoración total de la dependencia/independencia del sujeto para estas actividades.

Así podemos encontrar una persona independiente en todas las funciones (A), independiente en todas excepto una (B), independiente en todas excepto bañarse y otra función (C), independiente en todas excepto bañarse, vestirse y otra función (D), independiente para todas excepto bañarse, vestirse, usar el retrete y otra función más (E), independiente para todas excepto bañarse, vestirse, usar el retrete, moverse y otra función más (F), dependiente para las seis funciones (G) o dependiente en al menos dos funciones pero sin que se sea clasificable en C, D, E o F (H).

Referencias bibliográficas:

  • Cruz, A.J. (1991). El índice de Katz. Rev Esp Geriatr Gerontol, 26: 338-48.

  • Trigás-Ferrín, M., Ferreira-González, L y Meijide-Míguez, H. (2011). Escalas de valoración funcional en el anciano. Galicia Clin., 72 (1): 11-16.