Un resumen de las características del síndrome de Anton. Jean-Baptiste Greuze.

De entre todos los sentidos orientados a la percepción del mundo exterior, el de la visión es el que está más desarrollado en el ser humano.

Nuestra capacidad visual nos permite detectar y procesar información muy detallada del mundo que nos rodea, dándonos la capacidad de percibir una gran cantidad de información respecto a los estímulos que nos rodean. Sin embargo, la vista es un sentido que puede perderse o no llegar a poseerse: existen una gran cantidad de alteraciones que pueden provocar que una persona nazca sin la capacidad de ver o pierda en gran medida o incluso totalmente la capacidad visual.

En aquellas personas que nacieron con la capacidad de ver pero que la pierden abruptamente tras una lesión cerebral, en ocasiones surge una extraña condición en que pese a no ser capaces de percibir el entorno a nivel visual estas tienen el convencimiento de que sí lo hacen. Se trata del síndrome de Anton, sobre el que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

Síndrome de Anton: características principales

Recibe el nombre de síndrome de Anton una condición médica caracterizada por la presencia de anosognosia o falta de conciencia de la presencia de alteraciones que se produce en personas que a nivel objetivo han perdido por completo la visión tras haber sufrido una lesión cerebral que destruye las áreas corticales encargadas de procesar este tipo de información.

Se trata de un tipo de agnosia visual, es decir de una falta de reconocimiento de la información visual que el sujeto recibe, aunque en este caso se debe al no reconocimiento de la no visión.

Síntomas

La persona que sufre esta condición no está disimulando ni fingiendo, si no que realmente es incapaz de detectar que no puede ver y actúa como si poseyera la capacidad de percibir el entorno a través de sus ojos. En esta situación el sujeto confabula visualmente, es decir genera mentalmente y de manera inconsciente el contenido que vería, en ocasiones empleando para ello información de sus otros sentidos con lo que a veces puede parecer que tienen cierta precisión. Aún si por lo general tropiezan a menudo debido a su falta de visión, le negación de la ceguera suele ser continua y persistente, aunque en confrontación con estímulos visuales suelen dar respuestas poco precisas.

Si bien sus órganos visuales son funcionales, la corteza visual, que permite el procesamiento y la percepción de la información visual, se encuentra destruida o desconectada, con lo que la visión no es posible (condición conocida como ceguera cortical). El síndrome de Anton por lo general suele acompañarse de cierto compromiso de las funciones cognitivas, que se dan comórbidamente pero que no forman parte del síndrome en sí, tales como problemas de memoria.

Dado que no son capaces de percibir que no ven y debido a que se mueven con normalidad como consecuencia de ello, suelen tener con frecuencia tropiezos y en ocasiones incluso accidentes que pueden poner en peligro su integridad física.

Además de ello la mezcla de ceguera y negación de esta implica que surjan disfuncionalidades en esferas como la social, la académica (no es raro que afirmen poder leer y escribir pese a no poder hacerlo realmente) o laboral (en que por lo general su rendimiento se verá obviamente reducido y en el que dependiendo del tipo de empleo incluso pueden llegar a cometer negligencias debido a su problemática).

Causas

Por norma general, las causas de la aparición del síndrome de Anton se encuentran en la presencia de una lesión cerebral. Dicha lesión ha de producir una afectación destrucción o desconexión de las áreas visuales del lóbulo occipital a nivel bilateral, es decir, afectando a la región occipital de ambos hemisferios cerebrales. Esta lesión es el origen de la ceguera cortical que impide que puedan ver.

El motivo de que aparezca la anosognosia no está tan clara, si bien es habitual encontrar que la lesión sufrida también ha generado daños o alteraciones en las regiones occipitotemporales que servirían de área de asociación.

Las causas de que aparezca la lesión pueden ser múltiples, siendo la más habitual la presencia de accidentes cerebrovasculares (sea por isquemia o hemorragia).

Además de ello, otras posibles causas de su aparición son los traumatismos craneoencefálicos, la presencia de infecciones o la compresión causada por tumores cerebrales. La hipertensión arterial, el tabaquismo o la diabetes son factores de riesgo para que surjan problemas vasculares que puedan afectar en este sentido.

Tratamiento

El síndrome de Anton es una alteración cuyo tratamiento es complejo, y por lo general precisa del trabajo conjunto de un equipo multidisciplinar que tenga en cuenta las diferentes necesidades y particularidades del caso en cuestión.

Para empezar es necesario comprender que la ceguera cortical es por norma general crónica, aunque en algunos casos puede haber cierta mejoría si se conservan capacidades como la captación de la luminosidad y/o si la causa de la ceguera es parcialmente reversible (es muy poco habitual pero en ocasiones la reabsorción de una hemorragia o el tratamiento de algunas infecciones causantes de la ceguera podrían implicar cierta mejoría).

A nivel médico se procurará tratar la causa y la lesión cerebral del mejor modo posible, algo que puede incluir o no cirugía. Sin embargo esto sería para tratar la causa en sí y no tanto el síndrome de Anton, que puede entenderse como una complicación de esta.

Independientemente de ello, el tratamiento requerirá de una intervención a nivel de concienciación del sujeto de su situación actual y de la existencia de problemas visuales. En este sentido puede ser necesario reestructurar sus creencias proponiéndole experimentos conductuales. Ello es un primer paso que puede ser fundamental para que el paciente se adhiera a programas de rehabilitación y estimulación neurológica o funcional, de cara a que el paciente pueda aprender mecanismos para disminuir las dificultades que su condición le genera.

La psicoeducación es primordial, especialmente para el afectado pero también para su entorno próximo, el cual además suele ser el motivo de que el paciente acuda a consulta y suele estar más preocupado que el propio sujeto (que al fin y al cabo cree que ve perfectamente).

Referencias bibliográficas:

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