La muerte se produce sin que haya signos de sufrimiento. Unsplash.

La llegada de un recién nacido al mundo siempre suele ser motivo de alegría en una familia. Los cuidados de este y la preocupación por su salud serán temas que invadirán la cabeza de los padres durante los primeros meses y años de vida.

No obstante, existe una terrible afección que puede provocar la muerte repentina del bebé: el síndrome de muerte súbita del lactante. En este artículo hablaremos sobre él, sobre qué lo puede ocasionar y se proporcionarán unas pautas para evitarlo.

¿Qué es el síndrome de muerte súbita del lactante?

El síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), también conocido como muerte súbita infantil, muerte en la cuna o muerte blanca; es un extraño suceso en el que un niño con edad inferior a una año y aparentemente sano fallece de forma repentina y sin explicación aparente.

Habitualmente, cuando esto sucede los padres suelen encontrar al recién nacido muerto horas después de acostarlo y sin signos aparentes de haber padecido ningún sufrimiento. Puesto que el fallecimiento es repentino y sin causas conocidas, no existe una sintomatología previa que pueda alertar a los padres del riesgo de este síndrome.

Finalmente, una condición indispensable para que estos casos sean considerados como síndrome de muerte súbita del lactante es que, tras realizar una autopsia completa y una investigación, las causas de la muerte del bebé sigan sin tener una explicación.

Los pasos a seguir para realizar una correcta evaluación del caso son: realizar una autopsia completa, una exploración y reconocimiento del lugar del fallecimiento y de sus circunstancias y una revisión exhaustiva del historial médico del recién nacido y de su familia.

En cuando a la incidencia de esta extraña afección la mayoría de los casos, concretamente en torno a un 90%, suelen darse entre los 2 y los 6 meses de edad del bebé; aumentado considerablemente el número de muertes en los meses de invierno.

A pesar de que el síndrome de muerte súbita del lactante es el culpable de muchas menos muertes que las que provocan las alteraciones congénitas y los trastornos asociados a los partos prematuros, es considerada la principal causa de muerte en bebés de un mes de vida o más sin ningún tipo de afección.

Las estadísticas reflejan que en la Unión Europea este síndrome se da con una probabilidad de entre 1,5 y 2 muertes por cada 1.000. Asimismo, si nos centramos solamente en España, esta es la causante de entre 0,15 y 0,23 muertes por 1.000 bebés nacidos vivos.

Causas y factores de riesgo

Tal y como se menciona anteriormente todavía no se conocen con exactitud las causas que provocan la aparición del síndrome de muerte súbita del lactante. No obstante, recientemente se han abierto algunas líneas de investigación que relacionan este síndrome con diversas causas.

Las dos teorías que más respaldo están obteniendo por parte de la comunidad médica son aquellas que relacionan la muerte del bebé con problemas en la estimulación del sueño, es decir, el bebé podría padecer algún tipo de alteración en la capacidad para despertarse.

La segunda hipótesis teoriza que el organismo del bebé no tendría la capacidad para advertir la existencia de una acumulación de los niveles de dióxido de carbono en la sangre, el fallo en este reflejo sería lo que llevaría al bebé a la muerte.

No obstante, el número de muertes de bebés a causa del síndrome de muerte súbita del lactante ha descendido considerablemente en los últimos años. Concretamente, desde que el personal sanitario ha hecho hincapié en las recomendaciones de acostar al bebé boca arriba y nunca boca abajo. Por lo que la postura para dormir, y facilitar la respiración, también podrían estar relacionados.

Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo asociados al síndrome de muerte súbita del lactante encontramos los siguientes.

    • Exposición del recién nacido al humo del tabaco. Un gran número de bebés fallecidos por este síndrome presentan concentraciones de nicotina y cotinina en los pulmones más altas que los bebés fallecidos por otras causas.
  • Acostar al bebé boca abajo.
  • Temperatura ambiental demasiado elevada.
  • Utilización excesiva de ropa de cama, cojines o peluches.
  • Acostar al bebé en un colchón demasiado blando.
  • Bebés nacidos de madres adolescentes.
  • Embarazos consecutivos.
  • Mala alimentación de la madre durante el embarazo.
  • Sobrepeso en la madre.
  • Cuidados prenatales inadecuados.
  • Bebés nacidos de partos prematuros.
  • Sexo del bebé. El SMSL aparece más en niños que en niñas.
  • Nacer con un peso inferior a 1,5 kg.
  • Antecedentes familiares.
  • Consumo de drogas.
  • Partos múltiples.

Si bien está claramente determinado que todos estos factores de riesgo anteriores suponen una amenaza para la vida del niño, el nivel de influencia de cada uno en la aparición del síndrome todavía no está del todo determinado.

Consejos para su prevención

Dada la complejidad de este síndrome y el desconocimiento que aún existe acerca de él, es imprescindible que los padres de los recién nacidos tengan en cuenta una serie de pautas de cuidado con la finalidad de evitar, de todas las maneras posibles, que este mal aparezca.

Con la finalidad de ofrecer un soporte para los padres, la Academia Estadounidense de Pediatría ha elaborado una serie de recomendaciones:

1. Acostar al bebé siempre boca arriba

Tanto a la hora de dormir por la noche como las siestas durante el día el bebé deberá de dormir acostado boca arriba.

2. Acostar al bebé sobre una superficie firme

Es necesario acostar al bebé sobre una superficie firme y estable, como una cuna o una cama preparada para bebés y, por ejemplo, nunca en un sofá.

3. Acostar a los bebés en la misma habitación que los padres

De esta manera se facilitarán las labores de atención, cuidados y alimentación del niño.

4. Evitar los colchones blandos

El bebé deberá descansar un colchón para cuna estable, firme, ajustado y sin ninguna pieza o tela suelta. También se deberá evitar el uso de cojines, sábanas o edredones.

5. Controlar la temperatura ambiente

Comprobar que la temperatura de las habitaciones no sea excesivamente alta. La temperatura ideal es aquella en la que un adulto esté cómodo llevando ropa ligera. Asimismo, se ha de comprobar que el bebé no está caliente al tacto.

6. Utilizar chupetes o biberones antes de dormir

Se hipotetiza que la utilización de chupetes o biberones favorece la apertura de las vías respiratorias, así como evitar que el bebé caiga en un sueño profundo.

7. No fumar cerca del bebé

Es esencial mantener al bebé libre del efecto del humo del tabaco, Por lo que está absolutamente contraindicado fumar cerca del bebé o en cualquiera de las estancias en las que este permanezca.

8. Evitar el consumo de alcohol y drogas

Aunque este punto parezca obvio es necesario recordar que cualquier tipo de consumo de sustancias durante o después del embarazo puede suponer un gran riesgo para la salud del bebé.

9. Lactancia

Se ha demostrado que llevar a cabo hábitos de lactancia puede disminuir las infecciones que afectan a las vías respiratorias, las cuales pueden influir en la aparición de este síndrome.