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Seguramente te hayas dado cuenta de que, dependiendo de la manera en la que se nos explica una historia, valoramos de una manera u otra a los personajes que intervienen en ella y juzgamos de diferente modo la naturaleza del problema planteado en estas narraciones. 

Obras de ficción como Rant: la vida de un asesino o la película Memento exploran las posibilidades a través de las cuales la forma narrativa puede afectar al contenido de lo que se está contando, la manera de retratar el trasfondo moral de los personajes o incluso el tipo de antagonismos que hay en estas historias.

Sin embargo, es sencillo contar unos hechos de varias maneras cuando el autor nos puede ocultar información sobre momentos clave. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando el narrador somos nosotros? ¿Somos capaces de generar y a la vez experimentar las diferentes maneras en las que podemos narrar nuestras vidas?

Existe un tipo de psicoterapia que no sólo responde afirmativamente a esta última cuestión, sino que además traslada esta potencialidad al núcleo de su propuesta terapéutica. Se llama Terapia Narrativa.

¿Qué es la Terapia Narrativa?

La Terapia Narrativa es un tipo de terapia en la que se asume que el cliente (llamado habitualmente "coautor" o "coautora"), y no el terapeuta, es la persona experta en la historia de su vida

También es conocida por ser una forma de terapia en la que se propone el uso de cartas, invitaciones y relatos personales escritos, tanto en lo relativo a la vida del cliente como en aquellas cosas que hacen referencia al transcurso de la terapia, no ya como manera de aportarle información al terapeuta, sino como parte del tratamiento de los problemas del cliente.

Michael White y David Epston, los pioneros de esta clase de psicoterapia

Esta forma de terapia fue desarrollada en un principio por los terapeutas Michael White y David Epston, quienes dieron a conocer internacionalmente sus propuestas mediante la publicación del libro Narrative Means to Therapeutic Ends, si bien no era su primera obra sobre el tema. Juntos, sentaron unas bases teóricas que décadas más tarde seguirían desarrollando otras personas.

Hoy en día existen varias propuestas de abordaje de la terapia que pueden encuadrarse dentro de los límites de la Terapia Narrativa. Sin embargo, si queremos entender lo que es la Terapia Narrativa difícilmente podremos hacerlo a partir de una descripción de sus técnicas. Debemos hablar también de la cosmovisión de la que parte, sus bases filosóficas.

La Terapia Narrativa como fruto de la posmodernidad

La filosofía posmoderna ha cristalizado en diferentes modos de pensar, muchos de los cuales influyen en la manera en la que los habitantes de los países occidentales pensamos la realidad hoy en día. Todos estos estilos de pensamiento herederos de la posmodernidad tienen en común, por un lado, la sunción de que hay diferentes maneras de explicar una misma cosa, y por el otro,  la de la no existencia de una única explicación válida. Se asume que nuestros cuerpos no están hechos para percibir e interiorizar la realidad tal cual se da en la naturaleza, y que para interactuar con el entorno debemos construir por nosotros mismo relatos sobre el funcionamiento del mundo. 

Esto es lo que el pensador Alfred Korzybsky llamó la relación entre el mapa y el territorio. A cada uno de nosotros nos es imposible imaginar el planeta Tierra con todos sus detalles, y por eso tenemos que relacionarnos con este terreno creando abstracciones mentales asumibles por nuestra mente: los mapas. Desde luego, hay muchos mapas posibles que puedan representar una misma área, y aunque su utilización nos pueda resultar práctica, eso no significa que conozcamos el territorio en sí.

La Terapia Narrativa parte de estas asunciones filosóficas y coloca al cliente o coautor de las terapias en el centro del foco de las sesiones. No es un sujeto que se limite a aportar información para que el terapeuta genere un diagnóstico y un programa de tratamiento, sino que ambos trabajan tejiendo una manera útil y adaptativa de presentar la historia de la vida del cliente.

Entendiendo la Terapia Narrativa

Los seres humanos, como agentes creadores de narraciones, vivimos la vida a través de varias historias que se contradicen entre sí en muchos puntos de fricción. En un momento determinado puede tener más importancia una, y para otros aspectos puede ser predominante otra.

Lo importante es que, desde el trasfondo filosófico de la Terapia Narrativa, no hay ninguna narración que tenga el poder de suprimir totalmente las demás, aunque sí hay relatos a los que prestamos más atención que a otros en ciertos contextos y dadas ciertas condiciones. Es por eso que siempre seremos capaces de generar historias alternativas para explicar, tanto a los demás como a nosotros mismos, lo que nos ocurre.

Por lo dicho anteriormente, la Terapia Narrativa propone un enfoque terapéutico en el que las vivencias del cliente son interpeladas y reformuladas mediante el relato de los acontecimientos, de manera que se planteen de una manera en la que el problema no pase a definir a la persona y a limitar sus maneras de percibir la realidad.

No se busca en este tipo de terapia una manera de acceder a "la realidad" (algo inaccesible si asumimos los postulados de la posmodernidad), sino la posibilidad de abrir la historia en la que la persona va narrando sus vivencias para generar relatos alternativos en los que el problema no lo "empape" todo. Si hay un problema que perturba la manera en la que el cliente experimenta su vida, desde la Terapia Narrativa se propone crear la posibilidad de que la narración dominante en la que la concepción presente del problema está instalada pierda protagonismo en favor de otras narraciones alternativas.

La externalización del problema

En la Terapia Narrativa se potencian maneras de relatar el problema como si fuera algo que, en sí mismo, no define la identidad de la persona. Esto se hace para que la problemática no pase a ser el "filtro" por el que pasan todas aquellas cosas que percibimos (algo que no haría más que alimentar el malestar y hacer que se perpetue en el tiempo). De este modo, al externalizar el problema, este es introducido en la narración de la vida de la persona como si fuese un elemento más, algo separado de la persona en sí.

Este objetivo puede ser alcanzado mediante el uso de un lenguaje externalizante. Al separar lingüísticamente el problema y la concepción que la persona tiene de sí misma, esta última tiene poder para expresar relatos en los que la vivencia del problema se experimenta de manera distinta.

El pensamiento narrativo

Las narraciones son la colocación de una serie de acontecimientos narrados en un marco temporal de manera que tengan sentido y nos lleven desde la introducción de una historia hasta la resolución de la misma. 

Toda narración tiene unos elementos que la definen como tal: una localización concreta, un lapso temporal durante el que transcurren los acontecimientos, unos actores, un problema, unos objetivos y unas acciones que hacen que la historia avance. Según algunos psicólogos como Jerome Bruner, la narración es una de las formas discursivas más presentes en nuestra manera de abordar la realidad.

La Terapia Narrativa nace, entre otras cosas, de la distinción entre el pensamiento lógico-científico y el pensamiento narrativo. Mientras que el primero sirve para aportar veracidad a las cosas a partir de una serie de argumentos, el pensamiento narrativo aporta realismo a los acontecimientos, al situarlos en un marco temporal y crear con ellos una historia. Es decir: mientras que el pensamiento lógico-científico investiga leyes abstractas sobre el funcionamiento del entorno, las narraciones tratan las particularidades de la experiencia concreta, los puntos de vista cambiantes y la sujeción de unos hechos a un espacio y un tiempo determinados.

La Terapia Narrativa se adscribe al pensamiento narrativo para que tanto el terapeuta como el cliente puedan tratar de tú a tú las experiencias relatadas y negociar entre ellos la elaboración de estas historias específicas y verosímiles.

El rol del terapeuta en la Terapia Narrativa

El cliente es el máximo experto en sus vivencias, y este protagonismo queda plasmado en el enfoque empleado durante la Terapia Narrativa. Se entiende que sólo la persona que asiste a la consulta puede implementar una narración alternativa a la que ya está viviendo, ya que es la que tiene acceso directo a sus experiencias y además.

El terapeuta que implementa la Terapia Narrativa, por su parte, se guía por dos preceptos principales:

1. Mantenerse en un estado de curiosidad.

2. Formular preguntas de las que verdaderamente no se sabe la respuesta.

Así pues, el papel del coautor es el de generar la historia de su vida, mientras que el terapeuta actúa como agente facilitador planteando las preguntas adecuadas y sacando a colación temas determinados. De este modo, el problema queda disuelto en una narración alternativa.

Otras pautas que siguen los terapeutas que trabajan la Terapia Narrativa son:

  • Facilitar el establecimiento de una relación terapéutica en el que su propio punto de vista no es impuesto sobre el cliente.
  • Trabajar activamente para reconocer el estilo narrativo que el cliente hace que su historia se desarrolle.
  • Procurar que sus aportaciones estén diseñadas para ser recogidas y reformuladas por el cliente, no para ser aceptadas sin más por este.
  • Aceptar las quejas del cliente sobre las sesiones y no tomárselas como una muestra de ignorancia o incomprensión.
  • Reconocer aquellas narraciones alternativas en las que el problema está perdiendo peso.

La no culpabilización del cliente

En la Terapia Narrativa se asume la posibilidad de narrar una experiencia de muchas maneras distintas (generando necesariamente varias experiencias donde antes sólo parecía existir una), otorgándole al cliente el máximo poder para generar su narración sobre lo que le ocurre y no culpabilizándolo sobre las dificultades que surgen.

Desde este enfoque se rechazan los discursos cerrados o excluyentes sobre lo que ocurre, y se subraya la necesidad de crear narraciones abiertas al cambio, flexibilidad que le permitirá a la persona introducir cambios, otorgarle importancia a unos hechos y quitársela a otros. Se entiende que allí donde hay un sentimiento de culpa con origen en la terapia, hay una percepción de no saber adaptarse a un hilo conductor narrativo que viene dado desde fuera, lo cual significa que el cliente no ha estado involucrado en su generación.

Resumiendo

En definitiva, la Terapia Narrativa es un marco de relaciones entre terapeuta y cliente (coautor) en el que el segundo tiene el poder para generar narraciones alternativas de lo que le ocurre, para así no verse limitado por su percepción de los problemas. La teoría relacionada con este enfoque terapéutico es prolífica en métodos y estrategias para facilitar la aparición de estas narraciones alternativas y, desde luego, su explicación excede con mucho las pretensiones depositadas en este artículo. 

Te invito a que, si crees interesante este tema, investigues por tu cuenta y empieces, por ejemplo, leyendo algunas de las obras que aparecen en el apartado de bibliografía.

Referencias bibliográficas:

  • Bruner, L. (1987). Life as Narrative. Social Research , 54(1), pp. 11 - 32.
  • White y Epston (1993). Medios Narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós.
  • White, M. (2002). El enfoque narrativo en la experiencia de los terapeutas. Barcelona: Gedisa.