Un trastorno disociativo con síntomas graves. Unsplash.

Los trastornos disociativos implican una ruptura en los procesos de memoria, identidad, percepción y/o conciencia. Dentro de ellos encontramos el trastorno de trance y posesión, causado por una experiencia impactante que ha generado mucho sufrimiento en la persona.

En este artículo conoceremos los síntomas de este trastorno, cómo se relaciona con las prácticas culturales y religiosas, y las diferencias entre un estado de trance y uno de posesión. Además, explicaremos qué casos son excluidos para diagnosticar un trastorno como este.

Trastorno de trance y posesión: ¿qué es?

El trastorno de trance y posesión es un tipo de trastorno mental clasificado como un subtipo de Trastorno Disociativo (de conversión)m en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). En el DSM-IV-TR (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales), el trastorno de trance y posesión se denomina “Trastorno disociativo de trance”.

Los trastornos disociativos implican una ruptura o desconexión en los procesos de memoria, conciencia, identidad y/o percepción. Es decir, se produce una falta de continuidad (o desconexión) entre los pensamientos, las acciones, la identidad y los recuerdos.

En el trastorno de trance y posesión se incluyen solo estados de trance involuntarios o no deseados, y que además tienen lugar fuera de situaciones religiosas o culturalmente aceptadas. Este trastorno se da más típicamente en unas culturas que en otras (por ejemplo en las culturas latinoamericanas).

¿Qué no es?

El trastorno de trance y posesión excluye todos aquellos estados relacionados con: esquizofrenia, intoxicación por una sustancia psicoactiva, síndrome postconcusional, trastorno orgánico de la personalidad y trastornos psicóticos agudos y transitorios. Es decir, si existe alguno de estos cuadros psicopatológicos, no podrá diagnosticarse un trastorno de trance y posesión.

Causas

Las causas que originan el trastorno de trance y posesión suelen ser experiencias traumáticas que han implicado un gran sufrimiento psicológico, ya sea agudo o prolongado, a la persona que padece el trastorno.

Aparece sobre todo en mujeres adolescentes con conflictos psicológicos, disfunciones familiares, dificultades en las relaciones interpersonales y con una historia de abuso, maltrato o carencias afectivas importantes.

Para poder diagnosticar el trastorno de trance y posesión, es importante descartar otras posibles causas no psiquiátricas, como por ejemplo trastornos neurológicos (tumores cerebrales, epilepsia,...) y el consumo de sustancias psicoactivas.

Por otro lado, no se diagnostica un trastorno de trance y posesión cuando los síntomas del mismo son “normales” dentro del contexto cultural y religioso de la persona que lo manifiesta (es decir, cuando se pueden “entender” los síntomas dentro de ese contexto, religión o práctica cultural).

Síntomas

En el trastorno de trance y posesión, se producen una serie de síntomas característicos. Por un lado, se produce una pérdida temporal del sentido de la identidad y de la plena conciencia del entorno. Por otro lado, la atención y la conciencia del entorno pueden limitarse a uno o dos aspectos inmediatos y concretos.

La persona que lo sufre también manifiesta un lenguaje raro, ilógico o incoherente, y actúa como poseída por otra persona, por un espíritu o por una fuerza “sobrenatural”. Manifiesta también un conjunto de movimientos, posturas y gestos particulares y muy expresivos.

Además, la persona que padece el trastorno siente un importante malestar psicológico, o se produce un deterioro global en su funcionamiento.

Estado de trance y estado de posesión

Dentro del trastorno de trance y posesión, debemos diferenciar dos tipos de estados que pueden producirse: el trance y la posesión. Así, mientras que durante el estado de trance la “pérdida” de la identidad habitual que se produce no se asocia a la aparición de identidades alternativas, en el estado de posesión aparecen una o más identidades distintas y alternativas. Estas identidades, además, presentan movimientos, recuerdos y actitudes característicos.

Otra diferencia entre ambos es que en el estado de trance la actividad que desarrolla el individuo no es compleja (por ejemplo corre, se cae, presenta movimientos convulsivos, etc.), y en cambio en el estado de posesión las actividades sí son complejas (por ejemplo la persona mantiene conversaciones coherentes, manifiesta gestos característicos, expresiones faciales acordes con los cánones culturales del lugar, etc.).

Estados de trance en las culturas

Es importante tener en cuenta (y como ya hemos mencionado), que el trastorno de trance y posesión no se produce de forma voluntaria ni se enmarca en el contexto cultural y religioso de la persona.

Estos estados voluntarios (y no patológicos, que además no causan malestar) suponen la mayoría de los estados de trance y posesión que podemos encontrar en diferentes culturas. Sin embargo, insistimos, el trastorno de trance y posesión es involuntario y causa un importante malestar.

Esto no quiere decir que los estados no patológicos mencionados no puedan implicar en ocasiones síntomas propios de este trastorno, e incluso configurarse en su totalidad como un trastorno (pero no es tan frecuente).

Heterogeneidad

El trastorno de trance y posesión puede presentar mucha variabilidad en las diferentes culturas, especialmente en lo que refiere a la naturaleza del comportamiento expresado durante el estado de trance, la presencia (o ausencia) de alteraciones sensoriales disociativas (por ejemplo sordera o ceguera), la identidad asumida durante el estado y la presencia o ausencia (o el grado) de amnesia que sigue al episodio.

Es decir, que el mismo trastorno puede variar no sólo de una persona a otra, si no también de una cultura a otra, especialmente en relación a cómo se manifiestan sus síntomas; esto ocurre aunque los síntomas sean los “mismos” (ya que se deben cumplir una serie de criterios diagnósticos para poder diagnosticar un trastorno de trance y posesión).

Tratamiento

El tratamiento del trastorno de trance y posesión es el propio de los trastornos disociativos, combinando métodos psicoterapéuticos y psiquiátricos (estos últimos, para mitigar los síntomas).

Referencias bibliográficas:

  • Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, fourth edition, text revision (DSM‐IV‐TR) (American Psychiatric Association [APA], 2000).
  • OMS (2000). CIE-10. Clasificación internacional de enfermedades, décima edición. Madrid. Panamericana.
  • Orengo, F. (1995). Disociación, trance, posesión. Conferencia pronunciada en el marco del tercer Congreso del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española sobre Magia, Mito y Psiquiatría.